España cuenta con una de las tasas de reemplazo de la prestación de jubilación más elevadas de los países de la OCDE: el 80% del último salario para un trabajador medio.
Las pensiones de los nuevos jubilados del régimen general (la prestación más habitual que perciben el 48% de todos los 10,5 millones de beneficiarios) en España alcanzaron en el mes de agosto los 1.826 euros al mes en catorce pagas -equivalente a 2.130 euros en doce mensualidades-. La cifra, lógicamente, parte del cálculo de las pensiones para las que han generado derecho los nuevos pensionistas, con carreras de cotización más largas y estables, y con bases reguladoras más elevadas. Una cifra, que se espera vaya aumentando en los próximos años a medida que acceda al sistema de jubilación la generación del baby boom.
Sin embargo, la tendencia también implica un aumento de la presión financiera para las cuentas de la Seguridad Social, que soportan una notable tensión, con un déficit contributivo de 60.000 millones de euros anuales que cada año es cubierto con impuestos -mediante transferencias del Estado al sistema de pensiones-.
Más aún, en un sistema de reparto como el español, en el que las prestaciones actuales se financian exclusivamente con las cotizaciones de los ocupados de hoy, lo cual solo es viable si existe una base muy amplia de cotizantes por cada jubilado. Sin embargo, tal y como proyecta la Airef, España mantendrá uno de los peores datos de natalidad a nivel global para las próximas décadas, con una previsión próxima a un hijo por mujer en 2050, muy lejos de la tasa de reposición (2,1) provocando que la tasa de dependencia salte del 30% actual hasta acercarse al 40%.
En este punto, trasladando las cifras a la situación del mercado laboral actual, las últimas cifras disponibles del INE sobre salarios según el decil de renta correspondientes a 2024, arrojan que los nuevos jubilados perciben de media (2.130 euros en doce pagas) más que el 60% de los asalariados. Tomando como referencia la mencionada distribución salarial, una pensión media de 2.130 euros al mes supera la remuneración de entre el 55% y el 60% de la población trabajadora. Dado que cada decil representa al 10% de los asalariados, la totalidad de los empleados de los deciles 1 al 5 (el 50% con menores ingresos) percibe sueldos medios por debajo de esa cifra, mientras que el sexto decil promedia con exactitud esos mismos 2.130 euros.
Analizando la brecha relativa tramo a tramo, la pensión media se sitúa ampliamente por encima de la mitad inferior de los trabajadores: es un 199,9% mayor que el salario del primer decil (710,2 euros), un 66,3% superior al del segundo (1.280,9 euros), un 43,1% más alta que la del tercero (1.488,5 euros), un 26,7% mayor que la del cuarto (1.681,5 euros) y un 12,8% superior a la del quinto (1.888,7 euros), igualando de forma exacta (0%) la media del sexto decil. En cambio, queda por detrás de los tramos de mayor renta, siendo un 13,0% menor que el sueldo del séptimo decil (2.448,0 euros), un 26,9% inferior al del octavo (2.914,7 euros), un 40,3% más baja que el noveno (3.567,3 euros) y un 62,9% inferior respecto al décimo decil más elevado (5.741,0 euros).
Incluso al aplicar un incremento del 6% a todos los salarios (en línea con las revalorizaciones registradas de media en los convenios colectivos, del 3% anual en 2025 y 2026) una pensión media inalterada de 2.130 euros al mes pasa a superar los ingresos de aproximadamente entre el 52% y el 55% de los trabajadores.
Según datos de Fedea, entre 1995 y 2023 de la pensión mensual de jubilación del Régimen General en comparación con los salarios netos (a precios constantes de 2023), destacando el notable incremento de las prestaciones y, especialmente, la cuantía de las nuevas altas. Con datos a 2023, el importe de las pensiones vigentes (en torno a 1.550 euros) ya supera al sueldo más habitual al representar el 107,3% del salario más frecuente, situándose en el 89% del mediano y en el 73,8% del medio; por su parte, los nuevos jubilados entran al sistema con importes aún mayores (cercanos a 1.800 euros), alcanzando el 123,4% del salario más frecuente, sobrepasando al salario mediano al situarse en el 102,4%, y cubriendo el 84,8% del salario medio neto de los trabajadores.
Elevada generosidad del sistema
Esta coyuntura se explica porque España presenta una de las tasas de reemplazo más elevadas del conjunto de países de la OCDE. Para un trabajador con un salario medio, la tasa de reemplazo se sitúa en el 80,4% de sus ingresos previos. Para trabajadores de ingresos bajos (50% de la media), la tasa bruta es del 80,6%, mientras que para salarios altos (el doble de la media) se reduce al 49,9% debido al efecto del tope máximo de cotización y de la pensión máxima.
En términos netos -es decir, midiendo la renta disponible tras deducir impuestos sobre la renta y cotizaciones sociales, lo que refleja más fielmente el poder adquisitivo real al jubilarse-, la tasa de reemplazo en España asciende al 86,3% para el salario medio. Esto se explica por la menor presión fiscal y de cotizaciones que soportan las pensiones frente a los salarios en activo. En el caso de rentas bajas, la tasa neta alcanza el 78,6%, y en salarios altos se sitúa en el 57,9%.
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