- El IPC se acelera al 3,3% en marzo con el petróleo disparado
- Los sindicatos exigen a CEOE una subida general de sueldos del 12% en tres años
La guerra en Irán amenaza el poder adquisitivo de los hogares: tras 20 meses con alzas de sueldos superiores al IPC, la inflación vuelve a crecer más que las retribuciones: un 3,3% frente al 2,9%.
Desde julio de 2024 y durante veinte meses consecutivos, los incrementos salariales pactados en convenio han sido superiores al avance de la inflación, lo que ha permitido que muchas familias y trabajadores se hayan resarcido, en mayor o menor medida, de la enorme pérdida de poder adquisitivo sufrida durante la crisis inflacionaria registrada entre mediados de 2021 y buena parte de 2023, ejercicio en el que empezó a tomar consistencia el proceso de desescalada.
Sin embargo, cuando parecía que lo peor del shock inflacionista había quedado definitivamente atrás, la guerra desencadenada por Estados Unidos e Israel en Irán, provocando un seísmo geopolítico en Oriente Próximo, ha truncado esa evolución, disparando los precios energéticos, presionando al alza la inflación y amenazando de nuevo el poder de compra de los hogares.
La subida salarial media pactada en los convenios registrados hasta marzo fue del 2,92%, apenas una centésima más que en febrero y cinco más que en enero, según los datos publicados ayer por el Ministerio de Trabajo. Es el tercer mes consecutivo en el que las mejoras retributivas se sitúan por debajo del 3%, en contraste con el promedio del 3,5% de 2025, pero hasta ahora lo habían hecho en un contexto de contención inflacionaria en el que los sueldos, aunque moderadamente, seguían creciendo por encima de los precios... Hasta marzo, cuando la situación dio un giro de 180 grados y el IPC se disparó hasta el 3,3% por la guerra en Irán, un punto porcentual más que en febrero y casi cuatro décimas superior a los incrementos salariales pactados entre las empresas y sus trabajadores.
El conflicto en Oriente Próximo, cuyo desenlace sigue siendo hoy una incógnita tan grande como onerosa (y más a medida que pasan los días), ha catapultado los precios del petróleo y el gas; ha dañado y alterado la producción y el flujo energéticos, y ha realimentado las presiones inflacionarias, amenazando el crecimiento global. Aun en el mejor de los casos, una pronta resolución de la guerra no evitaría que las secuelas de esta crisis se prolongaran durante meses, con una Europa que ya se prepara para un escenario de estanflación; esto es, de escaso crecimiento con mayor inflación.
Riesgo de efectos de segunda ronda
La intensidad y la profundidad del bache dependerán de la duración del conflicto. Si este se alarga y los precios siguen subiendo, la presión se terminará trasladando también a los salarios. Así lo advertía el Banco de España en su último informe trimestral, en el que alertaba de que "una mayor intensidad del conflicto bélico y su prolongación durante varios meses (...) mantendría elevadas las cotizaciones de las materias primas energéticas, aumentando la probabilidad de que se materialicen efectos de segunda ronda sobre los salarios y los precios a lo largo de la cadena productiva".
Este convulso escenario se produce, además, con el último Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva ya caducado (expiró a finales del año pasado) y, por tanto, en la antesala de las negociaciones que deben emprender patronal y sindicatos para intentar alcanzar un nuevo pacto. UGT y CCOO ya han puesto sobre el tapete una mejora salarial del 4% anual para el próximo trienio (2026-2028), además de incrementos adicionales en determinados casos, incluido uno del 1,5% para cada uno de esos ejercicios en caso de desviación del IPC.
De momento, las subidas pactadas en los convenios registrados hasta la fecha se quedan por debajo de ese 4% incluso en el mejor de los casos, aunque una proporción significativa de empleados se acerca mucho. En concreto, de los 7,39 millones de trabajadores afectados por los convenios registrados hasta marzo, 1,99 millones (casi el 27% del total) han logrado mejoras del 3,92%. No obstante, el grueso, cerca de 5 millones de empleados, se queda con incrementos inferiores al 3%, que fluctúan entre la congelación o un exiguo 0,27% para unos pocos miles de asalariados, y el 2,96% del que se beneficiarán 3,16 millones.
La tendencia, sin embargo, es ascendente. En los convenios firmados este mismo año, el aumento medio ha sido del 3,27%, frente al 2,92% de los rubricados en ejercicios anteriores pero con efectos también en 2026. Aun así, esa mejora retributiva está todavía lejos del 4% que reclaman los sindicatos y que preludia una negociación ardua entre los representantes de los trabajadores y las empresas.
Revisión salarial
De los 7,39 millones de asalariados sujetos a convenio hasta marzo, más del 40% (2,99 millones) contaba con cláusula de garantía salarial, aunque solo 0,84 millones (poco más del 11%) se benefician de ella con efectos retroactivos, lo que de momento mantiene a raya los riesgos de efectos de segunda vuelta sobre los precios a través de los sueldos. En el otro extremo de la balanza, 4,4 millones de trabajadores no cuenta con cláusula de revisión salarial.
Por sectores económicos, el mayor incremento salarial medio se registra en la construcción, donde 940.378 empleados han visto mejorados su sueldos un 3%. Le sigue el sector servicios, que aglutina al grueso de los trabajadores en convenio hasta la fecha: 4,94 millones (casi el 67% del total), con un alza de la retribución del 2,98%. Son los dos únicos sectores que superan el promedio, ya que en la industria el aumento es del 2,71% para 1,42 millones de empleados, y en la agricultura del 2,68% para algo más de 89.000 trabajadores.
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