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Los tuyos, los míos

Los tuyos, los míos
Artículo Completo 800 palabras
Dos terremotos, de 7.2 y 7.5 en la escala de Richter sacudieron a Venezuela el pasado 24 de junio, a las 18:04 (hora local). Se trata de los sismos más fuertes registrados en los últimos 126 años de la historia del país. Las cifras oficiales de muertos ya supera el millar y es muy probable que pronto alcancen los macabros números previstos por el Servicio Geológico de los Estados Unidos, cuyo umbral mínimo es de unas diez mil víctimas fatales . Ese mismo día, cuando ya comenzaban a difundirse las primeras imágenes y reportes que daban una idea de las dimensiones del desastre, también empezó el intercambio de mensajes por WhatsApp y redes sociales. «Hola, Rodrigo. Acabo de ver las noticias, ¿cómo está tu familia? ». Fueron decenas de mensajes parecidos que recibí de muchos amigos de todas partes del mundo. A los que invariablemente respondía una frase hecha, que no me cansaba de repetir casi sin variaciones, pues en ese mantra afortunado reposaba, y aún reposa, toda mi cordura y mis ganas de vivir: «Hola, X. Muchas gracias por tu mensaje. Por suerte, mi familia está bien ». Noticia relacionada opinion No No Mi tierra tiembla (III) «Mi mamá dejó de respirar ayer a las 7.30» Karina Sainz BorgoSi quien me escribía era venezolano, la respuesta anterior iba acompañada de una coletilla obligatoria: «¿Y los tuyos?». Cuando era yo quien enviaba el mensaje para saber de los demás, también recibía la misma pregunta final, resumen de todo lo amado, de todo lo perdido : «¿Y los tuyos?».Una de las amigas que me escribió fue la poeta malagueña Isabel Bono . Quienes tengan la fortuna de haberla leído, conocerla y, además, de haber intercambiado algún correo con ella, sabrán que Isabel escribe sus correos en versos libres, no muy distintos de los versos livianos y hondos que hay en su poesía. «Querido Rodrigo/ espero que tu familia esté bien/ aunque en momentos así,/ ¿quién no es nuestra familia ?». Los míos son también los responsables de las muertes de los míos. Pues esta no ha sido solo una catástrofe de la naturalezaLa frase se quedó conmigo. La tristeza y el dolor que han marcado estos días me han servido para calar en todo lo que encierra ese «los tuyos», a sorprenderme de todo el afecto, la compasión, la angustia y la esperanza que cabe en esa expresión. ¿Quiénes son «los míos»? Los míos son mi familia, son mis amigos, son mis conocidos, son aquellos que no conozco pero cuya muerte y cuyo duelo hago propios porque ningún venezolano será ya el mismo después de esta tragedia. Los míos son esos diecisiete españoles que, al momento de escribir esta nota, perdieron la vida por los terremotos en Venezuela. Los míos son los perros venecos cubiertos de polvo que han sobrevivido. Los míos son las calles destruidas, los paisajes borrados, los edificios derrumbados. Los míos son los loritos, las guacamayas y las palomas alzando el vuelo, mientras la tierra se partía a pedazos . Los míos son esas montañas de escombros que sepultan a los míos. Los míos son las uñas rotas a falta de pico y pala, las luces de los teléfonos que buscan entre vigas y concreto a falta de linternas. Los míos son un grupo de personas tirando de una cuerda para intentar levantar una pared de concreto sin conseguirlo. Los míos son las brigadas internacionales que vienen a ayudar. Los míos son los criminales que han destruido el país durante décadas. Esos mismos que hoy no solo no ofrecen auxilio sino que, incluso en estas circunstancias, continúan imperturbables su batalla contra la vida , robando las ayudas, persiguiendo a los voluntarios y a los periodistas, obstaculizando las labores de rescate . Los míos son también los responsables de las muertes de los míos. Pues esta no ha sido solo una catástrofe de la naturaleza. Sus peores consecuencias han sido producto de otras «fallas», en este caso humanas, demasiado humanas. Con nombre y apellido.

Dos terremotos, de 7.2 y 7.5 en la escala de Richter sacudieron a Venezuela el pasado 24 de junio, a las 18:04 (hora local). Se trata de los sismos más fuertes registrados en los últimos 126 años de la historia del ... país. Las cifras oficiales de muertos ya supera el millar y es muy probable que pronto alcancen los macabros números previstos por el Servicio Geológico de los Estados Unidos, cuyo umbral mínimo es de unas diez mil víctimas fatales.

Ese mismo día, cuando ya comenzaban a difundirse las primeras imágenes y reportes que daban una idea de las dimensiones del desastre, también empezó el intercambio de mensajes por WhatsApp y redes sociales. «Hola, Rodrigo. Acabo de ver las noticias, ¿cómo está tu familia?». Fueron decenas de mensajes parecidos que recibí de muchos amigos de todas partes del mundo.

A los que invariablemente respondía una frase hecha, que no me cansaba de repetir casi sin variaciones, pues en ese mantra afortunado reposaba, y aún reposa, toda mi cordura y mis ganas de vivir: «Hola, X. Muchas gracias por tu mensaje. Por suerte, mi familia está bien».

Opinión «Mi mamá dejó de respirar ayer a las 7.30»

Si quien me escribía era venezolano, la respuesta anterior iba acompañada de una coletilla obligatoria: «¿Y los tuyos?». Cuando era yo quien enviaba el mensaje para saber de los demás, también recibía la misma pregunta final, resumen de todo lo amado, de todo lo perdido: «¿Y los tuyos?».

Una de las amigas que me escribió fue la poeta malagueña Isabel Bono. Quienes tengan la fortuna de haberla leído, conocerla y, además, de haber intercambiado algún correo con ella, sabrán que Isabel escribe sus correos en versos libres, no muy distintos de los versos livianos y hondos que hay en su poesía. «Querido Rodrigo/ espero que tu familia esté bien/ aunque en momentos así,/ ¿quién no es nuestra familia?».

Los míos son también los responsables de las muertes de los míos. Pues esta no ha sido solo una catástrofe de la naturaleza

La frase se quedó conmigo. La tristeza y el dolor que han marcado estos días me han servido para calar en todo lo que encierra ese «los tuyos», a sorprenderme de todo el afecto, la compasión, la angustia y la esperanza que cabe en esa expresión.

¿Quiénes son «los míos»? Los míos son mi familia, son mis amigos, son mis conocidos, son aquellos que no conozco pero cuya muerte y cuyo duelo hago propios porque ningún venezolano será ya el mismo después de esta tragedia.

Los míos son esos diecisiete españoles que, al momento de escribir esta nota, perdieron la vida por los terremotos en Venezuela. Los míos son los perros venecos cubiertos de polvo que han sobrevivido. Los míos son las calles destruidas, los paisajes borrados, los edificios derrumbados. Los míos son los loritos, las guacamayas y las palomas alzando el vuelo, mientras la tierra se partía a pedazos. Los míos son esas montañas de escombros que sepultan a los míos. Los míos son las uñas rotas a falta de pico y pala, las luces de los teléfonos que buscan entre vigas y concreto a falta de linternas. Los míos son un grupo de personas tirando de una cuerda para intentar levantar una pared de concreto sin conseguirlo. Los míos son las brigadas internacionales que vienen a ayudar.

Los míos son los criminales que han destruido el país durante décadas. Esos mismos que hoy no solo no ofrecen auxilio sino que, incluso en estas circunstancias, continúan imperturbables su batalla contra la vida, robando las ayudas, persiguiendo a los voluntarios y a los periodistas, obstaculizando las labores de rescate. Los míos son también los responsables de las muertes de los míos. Pues esta no ha sido solo una catástrofe de la naturaleza. Sus peores consecuencias han sido producto de otras «fallas», en este caso humanas, demasiado humanas. Con nombre y apellido.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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