Llevo seis meses en la Tierra. Seis meses muy buenos. Hace calor, pero mi piel es capaz de generar la ilusión de que no. ¿Cómo? Ni idea, no soy científico. ¿Rechaza mi piel el calor? No: mi piel se quema como la de todo ... el mundo, no proyecta campos deflectores ni secreta aceite, mi piel es normal (para Marte) y se quema como la de cualquiera (de Marte), pero algo tiene (un qué sé yo) que se conecta con el cerebro y lo convence de que no se quema. Aunque se queme. Porque quemarse se quema. Yo, por ejemplo, me echo crema.
La Tierra está siendo generosa conmigo, salvo los que se quejan de que he venido a quitarles los trabajos que no quieren. Lo entiendo: una vez vino (fue) una jupiterina a Marte y la echamos de allí a patadas. Por fea. No tuvo que ver con su sexo (querría dejarlo bien claro para evitar malentendidos), sólo con que era fea. Alguien podría pensar que tal vez no fuera guapa para Marte, pero sí para Júpiter, y que no puede echarse a nadie, en cualquier caso, por no ser lo suficientemente guapo. En primer lugar, sí que se puede. En segundo lugar, no la echamos: no la dejamos entrar. No es lo mismo. En tercer lugar, le preguntamos a uno de Júpiter si era fea y nos confirmó que sí. ¿Nos comunicamos con él, os preguntaréis, por entrelazamiento cuántico (método instantáneo, pero con estrechísimo ancho de banda)? No. El jupiterino llevaba con nosotros más de veinte años, qué paradoja. ¿Por qué a él sí lo aceptamos? Porque A: es guapo; B: se le da bien extraer hielo del subsuelo; C: es muy simpático. ¿Cómo de guapo tiene que ser un jupiterino -gaseoso y basado en el amoníaco- para parecernos guapo a nosotros? Mucho, la verdad. Imagináoslo. Muchísimo. En Marte, la belleza no sólo es apreciada, sino prácticamente condición. ¿Eliminamos a los feos? No. No somos animales. Los feos saben que son feos y evitan la reproducción. Colaboran.
Entended, pues, el trago cuando me enteré de que en la Tierra no se me consideraba apuesto, o no particularmente. Lo superé, claro está, pero ellos mucho antes: en la Tierra hay feos a montones; la mayoría, ni siquiera listos. También hay muchas feas tontas. En la Tierra cunde el carbono como cunde la irresponsabilidad estética. Allí (aquí) se opta por la manga ancha, aunque ni la mitad que en Venus, donde cualquier forma de inmigración se considera automáticamente mejora de la especie.
¿Qué hago en la Tierra, entonces? ¿Aprender el idioma? A lo mejor. En Marte también tenemos, claro, y muy desarrollado (del uno al diez hay trece números), pero sólo sirve para Marte, lo que limita las posibilidades (el cine que más nos gusta, por ejemplo, se hace en Bélgica; muchos de nuestros actores sueñan con triunfar allí). ¿He venido, pues, por la comida? Un poco. En la Tierra es repugnante, sí, pero no escasea. Algo es algo. Ayer mismo me dieron un plato de paella y un valenciano muy amable se acercó a decirme que aquello no era paella, sino, por lo visto, arroz con cosas. Obviamente, saqué la pistola láser y lo desintegré. El arroz con cosas está perfectamente visto en Marte, donde se lleva mucho peor la pesadez. Si alguien nos dice, por ejemplo, que lo malo no es el calor, sino la humedad, lo matamos. Y, si nos dice que a veces se ducha y a los cinco minutos ya está mojado otra vez, matamos a su familia también.
Pero todo esto es secundario, mi principal misión es otra: conquistar la Tierra. ¿Cómo os quedáis? Por eso estoy autorizado para llevar pistola desintegradora, si no, sería completamente ilegal. Mi plan es matar a todos los de España (y a las feas) para que el resto del planeta aprenda, con la secreta esperanza de que nadie aprenda nada (las pistolas desintegradoras son tan adictivas como rascarse, algo que, por falta de picor, apenas se hace en Marte). Si todos aprendieran la lección, mi misión sería en vano: los terrícolas seguirían ocupando un planeta que, bien mirado, es de todos (nuestro), en cuyo caso tendré que desintegrarlos uno a uno para que los marcianos que sobran en Marte (los no tan guapos) puedan ocupar las mejores zonas del planeta (los desiertos fríos y los abrasadores) y activar su capacidad (que ya ha sido descrita, aunque muy por encima) de quemarse sin dar la lata. Eso dejará algún sitio en Marte para algunos jupiterinos, y alguno en Júpiter para el sulfuro de hidrógeno y el metano. La galaxia mejorará un poco; el universo, en absoluto (su escala no permite frivolidades); y la Tierra seguirá su derrota consumiéndose acaso un poco más despacio, porque ya no habrá sitio allí (aquí) para el egoísmo humano, sólo para la codicia natural, que es la que nuestros científicos prefieren y, en general, recomiendan.
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