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'Love story: John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette'. Minimalismo de los 90

'Love story: John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette'. Minimalismo de los 90
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Convertidos en icono, solo era cuestión de tiempo que Ryan Murphy les dedicara una serie en esta revisión que está haciendo de la crónica reciente y mediática de EE. UU

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'Love story: John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette'. RC

Convertidos en icono, solo era cuestión de tiempo que Ryan Murphy les dedicara una serie en esta revisión que está haciendo de la crónica reciente y mediática de EE. UU

Rosa Palo

Viernes, 20 de febrero 2026, 21:42

... John F. Kennedy escuchaba frecuentemente. «Habrá otros grandes presidentes, pero no habrá otro Camelot», dijo tras la muerte de su marido. Y no solo no lo ha vuelto a haber, sino que se ha convertido en Mordor.

La serie narra la relación entre Carolyn (Sarah Pidgeon) y John-John (Paul Anthony Kelly). La historia, sin embargo, comienza por la tragedia final porque, como todas las historias de los Kennedy, está marcada por la fatalidad: en 1999, la pareja murió en un accidente de avioneta junto a Lauren Bessette, hermana de Carolyn. Aquella muerte conmocionó al mundo y recordó que los ricos no solo lloran, también mueren.

Hoy, 27 años después, cualquier imagen de la pareja en redes sociales desata un aluvión de 'likes'. Convertidos en icono, solo era cuestión de tiempo que Ryan Murphy les dedicara una serie en esta revisión que está haciendo de la crónica reciente y mediática de EE. UU. Y será porque solo actúa como productor ejecutivo, y no como creador, por lo que la serie se aleja de su estilo manierista, 'camp' y exagerado para abrazar el minimalismo de los 90: la forma se corresponde con el fondo y el producto resulta tan elegante como el apartamento de John-John y los vestidos de Calvin Klein que luce Carolyn, pero también igual de monocromo. No cuenta mucho más de lo que ya sabemos, y lo que imagina que ocurre en privado carece del suficiente atractivo. Ni siquiera la Jacqueline Kennedy interpretada por Naomi Watts resulta tan fascinante como la auténtica, por no hablar de Daryl Hannah (Dree Hemingway, la hija de Mariel), a quien se retrata como una mujer insoportable y boba.

Lo que sí consigue la serie es sumergirnos en la época: la ambientación, el vestuario, el lujo discreto, el espíritu de los clubes neoyorquinos, los calzoncillos de Calvin Klein asomando por encima del pantalón, Marky Mark, Kate Moss. Y la música: suenan desde Talk Talk a Kate Bush, pasando por Cocteau Twins, Peter Gabriel, Madonna, Sade o Björk. Todo eso arropa, y muy bien, una historia que, en la vida real, tuvo que ser menos neutra que la narrada por la serie.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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