Mujer / Magos de Magas
Luis García Montero: "Me planteo volver a enamorarme, la vida continúa. El peligro es la comparación entre un 'te quiero’ y otro'"“Me deja frío la dupla de Rufián e Irene Montero: el tiempo de Podemos ha pasado… y están más en Tiktok que en la realidad”.
“Me llaman ‘apesebrado’, pero no necesito mi cargo para vivir. De hecho, pierdo dinero desde que estoy en el Cervantes”.
“Me gustaría que mi nieta fuera leal. Mi padre era militar, me leía poesía y me defendía cuando me insultaban por juntarme con comunistas” .
García Montero habla de Elisa, su nieta y su fallecida mujer, Almudena Grandes. Diego Radames.
Lorena G. Maldonado Publicada 4 mayo 2026 01:53hLuis García Montero es un hombre esperanzado: siempre lo ha sido, por encima de los reveses. A pesar de lo que decía Joan Didion en El año del pensamiento mágico: "Un día te sientas a cenar y la vida que conocías se acaba". O a pesar de la verdad de César Vallejo: "Hay golpes en la vida tan fuertes… ¡yo no sé!". Hay poetas que viven con el ojo de la nuca encendido (ese ojo cíclope), y hay otros que entienden que la vida entera es mirar hacia adelante. Es su caso.
Y se celebra verle siempre llegar con el gesto calmado y pacífico, con una amabilidad y una generosidad naturales no exentas de ferocidad poética ni política. Él siempre regresa al juego. Él siempre regresa a la parte luminosa de la vida. Por eso ha vuelto a la novela con La mejor edad (Tusquets), la historia de un presidiario que ha rehecho su vida y la del juez que lo condenó a la cárcel en 1975... cuando se reencuentran varios años después.
Extraña con todo el corazón a Almudena y a su nieta perdida. Pero es primavera otra vez, y vivir en el hielo sería ceguera.
En esta novela hay un condenado sin pruebas. ¿Te has sentido así, condenado alguna vez… injustamente?
Sí, muchas veces. Y además, en el ámbito de lo público —ahora más con las redes sociales— es muy fácil. Pero cuando uno es dueño de sí mismo y de su propia conciencia, conviene tomarse las cosas con tranquilidad. Yo he tenido suerte: en 1981 empecé a trabajar como profesor en la Universidad de Granada; desde el 86 fui profesor titular, después catedrático. He tenido un sueldo seguro a fin de mes y me he dedicado a lo mío con la vida resuelta. Eso facilita mucho las cosas. Cuando te proponen algo, tienes la libertad de decidir. Cuando no tienes la vida resuelta…
La desesperación nos lleva a lugares, ¿no?
Claro, te obliga a someterte a ciertas cosas. Por ejemplo, desde que estoy en la Secretaría de Estado, en la dirección del Instituto Cervantes, en redes sociales me llaman “apesebrado”, como si necesitara este cargo para vivir.
García Montero nos habla de justicia poética y justicia vital. Diego Radames.
Eso es casi una frase hecha en redes sociales, el “paniaguado”.
Sí, pero fíjate: tampoco me molesto en explicar que yo pierdo dinero desde que estoy en el Instituto Cervantes. No estoy aquí por amarrarme a un sueldo. Por conciencia política decidí aceptar el cargo, pero, por ejemplo, dejé de cobrar mis colaboraciones en prensa para mantener independencia. Colaboro en radio y en distintos periódicos, pero desde entonces no cobro. Y el 90% o el 95% de las conferencias que antes cobraba, ahora tampoco quiero cobrarlas.
¿Te estarás pasando de limpio?
No es eso. Por ejemplo, el Instituto Cervantes tiene convenios con distintas universidades. Si la Universidad de Zaragoza me invita a dar una conferencia, no me parece bien cobrarla, porque podría pensarse que esa relación influirá después en decisiones institucionales.
“Me llaman ‘apesebrado’, pero no necesito mi cargo para vivir. De hecho, pierdo dinero desde que estoy en el Cervantes”
Estaría bien que Begoña Gómez también se acordara de esto.
Muchas de las cosas que se están publicando sobre ella tienen más que ver con ser la mujer del presidente del Gobierno que con su trabajo. No creo que haya obtenido beneficios en lo que se le atribuye ni que haya tenido privilegios en la universidad.
Pedro Piqueras: “Perdí un curso de Bachillerato porque me enamoré. Empezamos los dos a fumarnos las clases… y repetimos ambos”No hablo tanto de lo legal como de una cuestión ética, incluso estética.
Sí, pero es que todavía no he comprendido de qué se le acusa exactamente. ¿De trabajar siendo la mujer del presidente? Tener un trabajo está bien. No tiene por qué sacrificar su vida por ser mujer, como ocurría en otras épocas. Habrá que esperar a que aparezca una prueba de que se ha aprovechado. Mientras tanto, me parece más escándalo que realidad.
García Montero habla de la literatura como herramienta profética y del miedo a la enfermedad y a la muerte. Diego Radames.
Dejas esta novela en 2017 y luego te reencuentras con ella... y ves que tiene un protagonista viudo y otro que acompaña a una mujer enferma. ¿La literatura conoce la vida mejor que uno mismo? El otro día, en una película de Almodóvar, se hablaba de algo parecido: del cine como algo profético.
Yo termino la novela en 2017 o 2018. Quedaban cosas por corregir, pero se mezclaron dos circunstancias: mi nombramiento en el Cervantes y la enfermedad de Almudena. La novela se quedó en un cajón. Cuando la rescaté, me encontré con esos dos protagonistas: uno viudo y otro que acompaña a su mujer durante una enfermedad. Eso tiene que ver con mi vida.
La muerte y la enfermedad no son ninguna originalidad. Todos estamos en diálogo con la muerte. Yo quería plantear en la novela un tema que me interesa mucho en la convivencia: los cuidados. No la imposición, ni el hedonismo, sino la conciencia de la vulnerabilidad. Son temas que han estado siempre en mi poesía.
Sí me impresionó la coincidencia. En la ficción afloran los fantasmas. Supongo que dentro de mí había un miedo a la enfermedad y a la muerte, algo que podía ser especialmente grave en mi forma de estar en el mundo. Y, al imaginar desgracias para mis personajes, de algún modo adelanté las que luego me ocurrieron a mí.
"¿De qué se acusa a Begoña Gómez? ¿De trabajar siendo la mujer del presidente? No tiene por qué sacrificar su vida, como ocurría en otras épocas"
Tengo entendido que Almudena y tú os leíais mutuamente y os comentabais los manuscritos. ¿Se escribe distinto cuando se tiene al lado a un gran amor? ¿Cómo interfiere el amor en la escritura?
Sí. Cuando compartes vida con otro escritor, los consejos son importantes porque hay confianza. Si un amigo te critica mucho, puedes acabar enfadándote; pero cuando hay confianza, se asume una consigna: sé lo más crítica posible, porque se trata de ayudarnos.
Almudena me señaló cosas de esta novela que no funcionaban y que debía cambiar. Yo las anoté. Cuando retomé el texto, me tomé muy en serio sus sugerencias. Era nuestra costumbre: cuando yo le enseñaba mis poemas, ella tenía la obligación de decirme lo que no le gustaba, igual que yo intentaba leer críticamente lo suyo.
Al terminar la novela, pensé en una conversación con ella: “Ha mejorado mucho porque me has hecho caso, pero ahora te pediría tres o cuatro cambios más”. Era nuestra inercia, intentar siempre mejorar lo escrito.
García Montero habla de Elisa, su nieta y su fallecida mujer, Almudena Grandes. Diego Radames.
Vives con tu hija Elisa y una nieta de dos meses. ¿Cómo eres como abuelo? ¿Qué tiene que aprender una niña para tener una vida buena?
El cambio generacional es importante, sobre todo cuando uno va cumpliendo años. Hay que evitar convertirse en un cascarrabias, pensar que el mundo se acaba con uno o que todos los cambios son malos. No es lo mismo haber nacido en la España de los años 50 que hacerlo ahora.
Pensar en el futuro ayuda cuando tienes hijos, y más aún una nieta. Comprendes que no se trata de imponer tu visión, sino de desear que el mundo sea justo y habitable para las generaciones siguientes. A mí ahora me preocupa en qué mundo va a vivir mi nieta.
"Me gustaría que mi nieta fuera leal. Mi padre era militar, me leía poesía y me defendía cuando me insultaban por juntarme con comunistas"
¿Qué te gustaría enseñarle? Algo esencial: una comida, una canción, una historia.
Me gustaría que se convirtiera en una persona sociable. Y eso significa ser consciente de aquello de lo que es responsable y también de aquello a lo que tiene derecho. Vivimos en un mundo donde muchas veces se utilizan los problemas para ocultar los propios errores. Sería estupendo un mundo donde se pudieran criticar las injusticias sin ocultar las responsabilidades personales.
También me gustaría enseñarle la lealtad. Yo tuve la suerte de tener un padre que me leía en voz alta las mejores poesías en castellano: “El tren expreso”, de Campoamor, o “La canción del pirata”, de Espronceda. Él era militar; yo crecí siendo hijo de teniente, capitán, comandante, teniente coronel, coronel y general. En la época de Franco tenía costumbres muy conservadoras, pero le gustaba la poesía.
Parecen dos mundos enfrentados. Lo simbólico de la poesía frente a la literalidad militar.
Sí, pero ahí aprendí algo importante: la convivencia y la lealtad. Yo era del Granada y mi padre se hizo del Granada para acompañarme al estadio, aunque en realidad era del Madrid. Yo acabé siendo de los dos. Esa “doble militancia” enseña mucho: cuando juegan entre ellos, decides según el contexto. Si el Granada necesita puntos para no descender, que gane el Granada; si el Madrid se juega la Liga, que gane el Madrid.
"Que un político presuma de ir de putas es tristísimo: Ábalos podría servir para una novela sobre la degradación de la democracia"
Esa anécdota explica cómo las diferencias no tienen por qué convertirse en deslealtad o crispación, sino en complicidad. Cuando empecé a meterme en política y aparecía con Santiago Carrillo o con Rafael Alberti —a quien dediqué mi tesis—, mucha gente criticaba a mi padre por tener un hijo que se relacionaba con comunistas. Pero él, con su propia ideología, me defendía: decía que yo tenía derecho a estar con quien quisiera.
Eso es lo que me gustaría transmitirle a mi nieta: que más allá de la crispación y del derecho a la propia personalidad, existen relaciones de lealtad que pasan por comprender y respetar al otro.
Me pregunto si esa mirada tuya hacia el futuro, ahora también con tu nieta, incluye la posibilidad de volver a enamorarte.
Sí, claro. En la novela hay una presencia de las segundas oportunidades: en la relación con la hija, con el trabajo, con la vida. A mi edad me lo planteo como una posibilidad que no necesito buscar obsesivamente, pero a la que tampoco puedo negarme.
García Montero habla de la posibilidad de volver a enamorarse. Diego Radames.
Lo he visto recientemente con mi abuelo: perdió al amor de su vida, sigue llorando a mi abuela, pero tiene una compañera...
Es así. Uno no puede negarse. La vida continúa, pasan los años, y volver a enamorarse es una suerte. Hay solo un peligro, una dificultad... Es decir, sería una estupidez negarse a enamorarse, pero el problema aparece cuando empiezas una relación y te comparas. Puedes sentirte un estafador: le dices a alguien “te quiero” y lo comparas con lo que significaba en una historia de amor anterior, profunda y duradera. Ahí puedes pensar que hay algo de mentira.
Quizá lo que hay que aprender, igual que con la edad, es a no ser tan ambicioso. El “te quiero” puede significar cosas distintas.
Puede ser “te aprecio”, “me gusta hablar contigo”, “me gusta tu compañía”.
Exacto. Es distinto decir “te quiero” en una relación a los setenta años que en una historia vivida durante décadas. Son cosas diferentes.
“Si me vuelvo a enamorar, no quiero sentirme un estafador al decir ‘te quiero’… y agradecería a la otra persona su comprensión"
Pensaba en Vértigo, de Hitchcock, en la sombra de la mujer amada. Para alguien nuevo también debe de ser difícil convivir con una figura tan importante, tan brillante... como Almudena.
Lo que planteas es muy interesante. Si uno piensa en el futuro, hay dos cosas: no sentirse un estafador al decir “te quiero” y, por otra parte, agradecer la paciencia de la otra persona, que comprende que vienes de una situación especial.
Te quería preguntar por la situación de la izquierda. Esta novela habla de diálogo generacional. ¿Qué pasa con los líderes? Hay cierto desencanto.
Yo empecé a militar en la izquierda en el 76, en el Partido Comunista, que en la universidad lideraba la lucha contra el franquismo. Luego, tras las contradicciones del estalinismo y la izquierda europea —que conocí en el 86—, formé parte del grupo que puso en marcha Izquierda Unida. Este año se cumplen 40 años y me impresiona llevar tanto tiempo con ese carné.
Me siento de izquierdas y me he ido perfilando como alguien que cree en la democracia, en la libertad, pero también en lo social y en la igualdad. Me identifico con la socialdemocracia.
Agradezco mucho al Gobierno de Pedro Sánchez que me llamara para dirigir el Instituto Cervantes. Me llamó Carmen Calvo y me lo propuso. Para un filólogo y un poeta es un cargo estupendo. Pero desde el principio dejé clara una condición: la independencia. Y tengo que reconocer que el Gobierno la ha respetado absolutamente.
Yo ejerzo este cargo porque me identifico con una política de izquierda que se ha configurado con un PSOE mayoritario apoyado por otras fuerzas. Eso ha permitido políticas de izquierda que, por ejemplo, no existieron con Felipe González. Con él yo no habría podido tener relación.
En el contexto actual, para que vuelva a gobernar el PSOE, es necesario articular una izquierda que lo apoye. No habrá mayoría solo socialista. Quienes compartimos estos valores debemos preocuparnos por organizar esa izquierda.
¿Y qué me dices de la dupla que vemos ahora: Rufián e Irene Montero?
A mí me deja frío. No me identifico por dos razones. Primero, porque creo que el tiempo de Podemos ya ha pasado. Fue una reacción necesaria, que permitió después proyectos como Sumar, pero ese ciclo ha terminado y el populismo se ha desplazado hacia la extrema derecha.
Y segundo, porque me parece que sus líderes están más pendientes de llamar la atención que de los problemas reales: sanidad pública, educación, derechos laborales.
Mucho TikTok.
Claro. Pero la política tiene que ver con la realidad. La polémica da protagonismo, pero no resuelve problemas. En España hay problemas serios: vivienda, sanidad, educación, derechos laborales. Y se han olvidado de eso para vivir en las redes.
Además, en la situación actual haría falta un proyecto estatal, como fue Izquierda Unida: una alternativa que articule todas las comunidades. Y que lo encabece un independentista catalán…
"Rufián es independentista y no puede representar al conjunto de los españoles: tampoco es lo mismo ser valorado en Tiktok que tener votos reales"
Ahí está el problema del encaje.
No tiene ni pies ni cabeza. Habrá que buscar a alguien que represente al conjunto.
¿Puede ser fruto de la desesperación por falta de liderazgos?
Puede ser. Rufián es brillante, inteligente, bien valorado. Pero hay que ver si es lo mismo estar bien valorado en TikTok que obtener votos reales. No se puede sustituir la realidad por una construcción virtual. Haría falta alguien que conecte con las preocupaciones tradicionales de la izquierda y represente al Estado.
Además, vivimos en un contexto donde el análisis serio se sustituye por interpretaciones partidistas. Por ejemplo: se bombardea un hospital y, en vez de debatir si eso es legítimo, se convierte en una discusión sobre “los moros”. Se simplifica todo hasta extremos peligrosos.
Yo no tengo nada que ver con el régimen de Irán, pero nadie tiene derecho a bombardear un hospital. Y, sin embargo, ese tipo de discursos se utilizan para justificarlo. En ese contexto, imaginar que el liderazgo lo encarne un independentista catalán resulta difícil de encajar en territorios como Andalucía, Madrid o Extremadura.
Yo crecí en una ciudad donde muchos tuvieron que emigrar a Cataluña por pobreza. Allí a veces fueron maltratados. Luego costó mucho que Andalucía lograra una autonomía con la misma dignidad que otras comunidades. ¿Qué sentido tiene ahora proponer como referente a alguien que defendía la ruptura de ese marco común?
¿Y Ábalos como personaje literario?
Yo defiendo la dignidad de la política, que es fundamental para la democracia. Y creo que actitudes como la suya han sido muy dañinas.
García Montero. Diego Radames.
Representa también cierta idea de pillaje que se trivializa en internet. Se le ríe las gracias. Parece sello ibérico.
Es penoso. Estamos hablando de educación sentimental, de respeto entre hombres y mujeres, y que un político presuma de ir con prostitutas es tristísimo. Agradezco al PSOE que lo expulsara inmediatamente. No quiero adelantar juicios, pero parece haber evidencias de mal comportamiento. Y sí, desde el punto de vista literario, podría servir para una novela sobre la degradación de la democracia.
La última: el fenómeno David Uclés y la idea del escritor vedette. ¿Qué pasa con el ego en la literatura actual?
A David le tengo simpatía. Es del mismo pueblo que Antonio Muñoz Molina y lo conozco desde joven. En la polémica en la que se vio envuelto, quise defenderlo.
No se puede ser equidistante con la historia: no es lo mismo un golpe de Estado que quien lo sufre. Me pareció bien que no participara en un acto con gente de la extrema derecha. Pero también le daría un consejo: el éxito puede ser una trampa. La literatura no es vivir en TikTok.
El Langui: “La madre de mis dos primeros hijos es la madrina de mi hijo pequeño con otra mujer: remamos"Tiene un punto histriónico...
Sí. Le deseo lo mejor, pero debería preocuparse más por el rigor literario que por la polémica. Y no es solo su caso. Hay autores que creen que vender mucho es sinónimo de valor literario, y no siempre es así.
La tentación existe: dedicar más tiempo a la promoción que a la escritura. Pero la literatura tiene otros tiempos. La vanidad existe, todos somos vanidosos, pero la verdadera aspiración es otra: que dentro de 50 años alguien lea un poema tuyo y lo haga suyo.
Como me ocurrió a mí con Antonio Machado. O como le pasó a Almudena Grandes, que tituló El corazón helado a partir de un verso.
Esa es la vanidad de la literatura: una proyección a largo plazo.
A veces es solo un destello.
Exacto. Si confundes la vanidad con lo que diga alguien pasado mañana, estás equivocando los tiempos y sometiéndote a una lógica que poco tiene que ver con la literatura.