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Luke Miels, el CEO de GSK, apuesta 10.600 millones de dólares por el cáncer

Luke Miels, el CEO de GSK, apuesta 10.600 millones de dólares por el cáncer
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El grupo farmacéutico británico ha anunciado su mayor adquisición biotecnológica en más de 25 años Leer
Financial TimesLuke Miels, el CEO de GSK, apuesta 10.600 millones de dólares por el cáncer
  • AANU ADEOYE
Actualizado 20 JUN. 2026 - 20:12Luke Miels, CEO de GSK.EXPANSION

El grupo farmacéutico británico ha anunciado su mayor adquisición biotecnológica en más de 25 años

Luke Miels llevaba solo seis meses como CEO de GSK cuando anunció la mayor apuesta de su carrera. El megaacuerdo de esta semana, valorado en 10.600 millones de dólares, con la biotecnológica estadounidense Nuvalent, especializada en cáncer, fue la mayor adquisición biotecnológica del grupo farmacéutico británico en más de 25 años.

También fue una declaración de intenciones por parte de este australiano de 51 años. GSK busca así desarrollar un negocio oncológico que pueda competir con rivales más grandes, ayudarle a alcanzar sus ambiciosos objetivos de crecimiento y compensar la pérdida de las patentes de sus medicamentos más vendidos en otros países.

Los que conocen a Miels no se sorprendieron por la envergadura del acuerdo. "Tiene una visión global y no se conforma con mejoras incrementales", afirma un alto ejecutivo que trabajó con él en AstraZeneca. "Cuando uno llega a un nuevo puesto, debe dar un golpe de efecto para mostrar hacia dónde quiere llevar a la empresa".

Cuando GSK anunció el año pasado que Dame Emma Walmsley dejaría su cargo como CEO, no hubo una lucha por la sucesión. Miels, su mano derecha, fue confirmado para el puesto ese mismo día.

Su inicio en el grupo farmacéutico nueve años antes fue menos sencillo. Tras ser fichado de AstraZeneca, donde estaba al frente de las operaciones europeas, la decisión de Miels de irse a la competencia no fue bien recibida por el CEO de AstraZeneca, Sir Pascal Soriot, al frente de la compañía desde 2012.

AstraZeneca demandó a Miels y la disputa amenazó con volverse muy tensa: Miels alegó que la empresa amenazaba su estatus migratorio, mientras que AstraZeneca lo acusó de un posible uso indebido de documentos de la empresa y cuestionó su período de preaviso.

"Pascal sintió una traición a su lealtad, aunque comprendía las ambiciones de Luke. Quería que Luke fuera a cualquier sitio menos a GSK", explica un ejecutivo que conoce a ambos.

El enfrentamiento se resolvió con un acuerdo extrajudicial y, al parecer, ambos hombres han restablecido su relación desde entonces.

La difícil salida de Miels se debió en parte a su propia ambición de dirigir un grupo farmacéutico. "Era muy respetado en AstraZeneca, pero siempre se le consideró el segundo", comentó un ejecutivo del sector. Esa decisión parece haberse justificado.

Nacido en 1974 en Australia, Miels estudió biología en Adelaida antes de obtener un MBA en la Universidad Macquarie de Sídney. Sus colegas lo describen como una persona humilde y sin jerarquías, de carácter apacible, que sopesa cada palabra, prefiere reuniones cortas y rehúye la atención pública.

Gran admirador de James Bond, se siente igual de cómodo hablando de las tramas de Ian Fleming que de las ventajas de un acuerdo biotecnológico. Todavía regresa a Perth, donde su familia posee una granja y se dedica a la cría de ganado.

A lo largo de su carrera profesional Miels ha pasado por tres continentes, con estancias en Estados Unidos, China, Tailandia y Australia, donde comenzó su carrera como representante de ventas de AstraZeneca en 1995. "Cambiaba de puesto para progresar rápidamente. Era evidente que algún día quería dirigir una empresa", comentó un ex colega.

Fue su perspicacia comercial lo que llevó a Walmsley a incorporarlo a GSK tras convertirse en CEO en 2017. En aquel momento, los accionistas activistas presionaban para que se produjera la división de la empresa. La cartera de productos en fases avanzadas de GSK estaba prácticamente vacía, y a Miels se le encomendó la tarea de trabajar con el equipo de I+D para acelerar el desarrollo interno y agilizar la adquisición de fármacos complementarios de empresas biotecnológicas.

"Luke es una persona centrada y ambiciosa, algo impaciente—en el buen sentido— por conseguir resultados", afirma un ejecutivo que trabajó con él en AstraZeneca.

Miels fue clave para convertir a AstraZeneca en una potencia en el tratamiento del cáncer, una hazaña que ahora parece decidido a repetir en GSK.

La oncología sigue siendo un mercado saturado, competitivo y potencialmente muy lucrativo. Sin embargo, el interés de GSK se ha basado tradicionalmente en una serie de acuerdos puntuales que no fueron lo suficientemente importantes como para catapultarla a la élite.

Esto cambió esta semana cuando Miels sorprendió al mercado con la megaadquisición de Nuvalent. Esta operación le proporciona a GSK dos fármacos para el cáncer de pulmón en fase avanzada que Miels ha descrito como con potencial para ser los mejores de su clase.

También representa una apuesta importante a que el área de oncología pueda ayudar al grupo a alcanzar su objetivo de superar los 40 000 millones de libras en ingresos anuales para 2031, compensando al mismo tiempo el impacto del vencimiento de las patentes del dolutegravir, su medicamento más vendido contra el VIH, que el año pasado representó casi el el 20% de los ingresos.

Miels pasó gran parte de su tiempo como director comercial de GSK identificando posibles empresas objetivo para su adquisición. Y ha continuado con esa labor en su nuevo cargo. "Tiene mucha intuición sobre el tipo de ciencia en la que hay que invertir", afirmó un alto ejecutivo de GSK.

"Es más directo en nuestras decisiones de inversión científica porque tiene opiniones firmes. No es una dictadura y contamos con gente competente, pero él es asertivo y enérgico a la hora de impulsar ciertas decisiones", añadió.

Los inversores parecen satisfechos hasta ahora, con un aumento del precio de las acciones de la compañía de más del 8% desde que asumió el cargo. Pero la tarea que tiene por delante sigue siendo ardua. GSK se considera una empresa que siempre va a la zaga de sus competidores y sigue siendo mucho más pequeña que AstraZeneca, la compañía que Miels dejó hace casi una década.

Pero los que lo conocen aseguran que cree firmemente que puede convertir a GSK en una potencia. "Le digo a Luke que ha tenido mucha suerte", comentó otro ejecutivo de GSK. "Ha heredado un buen negocio y no necesita elaborar un nuevo plan. Solo necesita actuar con rapidez y ejecutar el plan existente de forma más eficaz".

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Fuente original: Leer en Expansión
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