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Luz Casal, la voz del cine español: «Cuando detecto a un mentiroso, paso de él»

Luz Casal, la voz del cine español: «Cuando detecto a un mentiroso, paso de él»
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Es la banda sonora de 'Tacones lejanos' y 'Mar adentro'. Tiene un Goya. Y ahora agota las entradas para los dos conciertos de clausura del Festival

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Luz, en la terraza del Hotel Soho Boutique Equitativa. Salvador Salas Luz Casal, la voz del cine español: «Cuando detecto a un mentiroso, paso de él»

Es la banda sonora de 'Tacones lejanos' y 'Mar adentro'. Tiene un Goya. Y ahora agota las entradas para los dos conciertos de clausura del Festival

Alberto Gómez

Viernes, 13 de marzo 2026, 00:13

'Tu bosque animado'. Es la más cinematográfica de nuestras cantantes: un animal escénico que, lejos de las tablas, tiene poco o nada de diva. Aunque no se ande con rodeos. «¿Estás cómoda?», le pregunta alguien durante la sesión de fotos. «Si no, ya me habría ido», sonríe ella. Porque hay en Luz cierta urgencia por no enredarse en las telarañas del pasado, por exprimir el presente: demasiados zarpazos de salud, demasiada suela gastada pateándose los escenarios de medio mundo como para dejarse mecer por el viento a favor ahora que hasta la nombran marquesa: «No me duermo en los laureles».

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Este domingo vuelve al Teatro Cervantes para ofrecer el concierto de clausura del Festival de Málaga. Colgó enseguida el cartel de 'no hay entradas', así que la organización tuvo que habilitar una segunda noche, también agotada. Juega en casa, y no sólo porque en Málaga pase buena parte del año y tenga vínculos familiares. Hay mucho de mediterránea en esta mujer criada al borde del Cantábrico que ahora presenta 'Me voy a permitir', el trabajo más ecléctico e inclasificable de su carrera: un ejercicio de libertad que demuestra su capacidad no solo de interpretar sino de habitar las canciones. Puro cine.

–Su carrera ha estado, de una manera u otra, ligada al cine.

–Sobre todo a partir de la colaboración con Pedro Almodóvar en 'Tacones lejanos'. Luego vinieron las canciones que hice para 'El bosque animado' con Pablo Guerrero, 'Negra sombra', una adaptación de 'Amado mío'...

–Hay una fecha en concreto que siempre recuerda...

–El 16 de abril de 1991, cuando grabé 'Piensa en mí' y 'Un año de amor'. Fue un momento de felicidad. No puedo describirlo de otro modo. Tenía una sensación de plenitud, de no caber por la puerta del estudio… y mira que era una puerta enorme de madera. Porque era un compromiso, una responsabilidad, pero sentí que habíamos hecho un buen trabajo.

–¿Cree que, con esas canciones, amplió sus límites?

–Es que fueron dos encargos inesperados. Por un lado, 'Piensa en mí', que sigo pensando que es más un fado que un bolero. Y, por otro, 'Un año de amor', con la referencia de Mina. Son temas que incluso hoy, cuando las canto, suponen momentos importantes del concierto. Pero creo que todos, en el fondo, sabemos cuando hacemos algo bien, de la misma manera que intuyes que alguien con quien acabas de encontrarte va a formar parte del resto de tu vida. Eso fue lo que me ocurrió con estas dos canciones.

–¿Y recuerda el momento de escucharlas ya en la película?

–Fue curioso porque sabía que el personaje de Victoria (Abril) iba a estar escuchándola en la cárcel y que iba a estar su madre, que era Marisa Paredes, pero no sabía que Miguel Bosé iba a interpretarlas. Fue una sorpresa, me quedé petrificada.

–Es una película vigente, pese al tiempo que ha pasado.

–Fue muy importante, también en Francia. Yo ya había ido allí un par de veces, había hecho algún programa de televisión, pero la película de Pedro me abrió las puertas de aquel país, donde cada año hago un número importante de conciertos.

«¿Mi método? Currar y no dormirme en los laureles»

–No mucha gente sabe que tiene un Goya, ganado en 2002.

–No soy, aunque me dedique a esto, especialmente narcisista ni tengo muchas de las características que se nos presuponen. Recibo todos los premios y las condecoraciones con gratitud, como no puede ser de otra manera, entendiendo que son una recompensa a mi trabajo, pero al día siguiente ya estoy pensando cómo escribir tal canción o qué tengo que mejorar en determinada melodía, ese tipo de cosas. Por decirlo de manera breve: no me duermo en los laureles.

–No es nada nostálgica, además: tiene una vocación permanente de presente.

–Creo que es una gracia genética que tengo. (Ríe). Creo que es imprescindible tener ilusión en el trabajo y, al mismo tiempo, cierta insatisfacción que te empuje a mejorar. Lograr, por ejemplo, un concierto pleno: que no haya ni una sola cosa que salga mal. Eso ocurre pocas veces. Y entonces estás esperando la próxima noche para ver si esa cosa que no hiciste del todo bien, o que hiciste mal, puedes hacerla mejor.

–Sin que esa exigencia resulte paralizante.

–Paralizante sería lo opuesto a lo que quiero conseguir. El otro día, por ejemplo, le pasé a mi bajista el vídeo de una chica que toca jazz y que era una barbaridad, con una soltura… Descubrir gente así hace que te des cuenta de tus limitaciones. Para mí es estimulante darme cuenta de lo poco que valgo, o sea, de la cantidad de cosas que me faltan por hacer. A veces me preguntan si sigo poniéndome nerviosa. ¡Pues claro! Hay gente que ha pagado una entrada, es una responsabilidad, y eso te hace estar tensa, concentrada. No puedes dispersarte, y yo me disperso con nada.

–No parece que le dé importancia a muchas cosas.

–Tengo que ser realista. Procuro estar despierta, dejar que la vida me afecte, pero hay pocas cosas que considere verdaderamente importantes. En términos de valores hay algo que aborrezco en todas sus manifestaciones: la mentira. En el momento en que detecto a un mentiroso ya puede ser el más alto, el más guapo, que paso de él para casi siempre.

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Salvador Salas

–¿Tiene olfato?

–Creo que forma parte de una serie de cosas que tengo de manera natural, sin haberlas trabajado. Tengo olfato, intuición.

–¿Y cómo encauza las ganas de hacer tantas cosas y, a la vez, tan distintas?

–Dejando que el tiempo lo aclare. El tiempo es una prueba para que los proyectos cuajen o no. A veces se quedan en un cajón porque tienes la sensación de que esa canción ya la has hecho antes o porque no termina de convencerte. Por ejemplo, escuché 'Lágrima', de Amália Rodrigues, estando en Málaga, durante la pandemia. Han pasado cinco años desde entonces y la he grabado ahora. Y me reafirmo, cuando la canto cada noche, en que es una canción que debía hacer. Quiero decir: no tengo un método salvo currar cada día.

–Este disco comenzó así, como un homenaje a otras mujeres importantes en la música.

–Empecé con la idea de hacer un álbum como intérprete, obviando referencias personales. Luego pasó a ser un disco de canciones cantadas por mujeres, como 'Todo cambia', conocida por su intérprete, por Mercedes Sosa, más que por su autor. Y fui dando pasos, sorprendiéndome, metiéndome en aventuras, aunque a veces las aventuras haya que tirarlas a la basura… Otras veces merecen la pena, como la intervención de Carla Bruni.

–Y eso que no es muy proclive a hacer duetos.

–No, también suelen preguntarme: ¿con quién te gustaría trabajar? ¡Pues no sé! Con aquel (señala a la primera persona que pasa). En mi caso no depende del nombre; a veces con la gente a la que más admiras no tienes conexión o hay texturas diferentes.

«No soy narcisista ni tengo muchas de las características que se nos presuponen»

–No sé si preguntarle de quién se acuerda cuando canta: «Te odio tanto / que yo misma me espanto de mi forma de odiar».

–Son versos de 'Bravo'. No es un sentimiento que tenga… pero, de vez en cuando, de las cuatro o cinco personas que no existen para mí por haberme traicionado.

–Canta eso y, en el mismo disco, una inyección de optimismo como 'Nada es imposible'.

–Yo estuve al menos ocho o nueve discos defendiéndome, y digo defendiéndome, no uso otra palabra, de esa heterogeneidad. ¿Cómo puedo hacer 'Rufino' y 'Lo eres todo'? ¡Pues haciéndolo! No lo veo un problema, igual que una actriz puede hacer un papel de mala y otro de buena, o uno de desesperada y otro de frívola. La música te provoca una transformación constante. No encuentro otra explicación.

–Se la ve en un buen momento.

–Parece que voy mejorando con el tiempo, sí. (Risas). No hay que explicar ciertas cosas. A veces me encuentro con gente que conozco desde hace mucho tiempo y me dicen: «¡Qué bien estás tú y mira yo, qué mal estoy!». Yo no le doy esa información a mi cerebro. Si un día me veo con mala cara, pienso: «Bueno, hoy no tengo un día estupendo pero ya mejoraré después de dormir unas horas».

–No le atrae el dramatismo.

–No, no. No forma parte de mi carácter. Y he aprendido ciertas cosas en el camino como para no echar de menos no tener los ojos verdes, no sé, ese tipo de cosas que hay gente que vive desde la insatisfacción. O sea, tienes el cuerpo, la altura, el grosor, el color de ojos, el carácter y la información genética que tienes. Y me parece más interesante poner tu capacidad, tu voluntad y tus objetivos, tus perspectivas, en el camino de la mejora.

–Porque siempre falta algo.

–O siempre hay a tu lado o un poquito más allá alguien infinitamente mejor. Creo que se pierde mucho tiempo intentando ser lo que no se puede ser o lo que otra persona es. Y en ese barullo te pierdes y es una fuente de insatisfacción constante. Yo no soy de ese tipo de gente.

–Iba a decirle que cómo lleva la vuelta a Málaga, pero en realidad nunca se va del todo.

–Llevaba desde Navidad sin venir. Pero sí, tengo un vínculo grande. En general con Andalucía y en concreto con Málaga, primero porque tengo familia y porque ya sabes. Y segundo, porque despertarme y ver el mar es para mí un estímulo enorme. Me siento bien, me gusta. Y me pateo la ciudad cada día. Y hay una cita inexcusable, que es la Semana Santa. Es una de las manifestaciones populares que más me gustan. Todo lo que la rodea, desde el recogimiento hasta lo contrario, me gusta. Me han pasado cosas maravillosas aquí, de día y de noche. (Risas). En el mediodía y en la madrugada.

–¿Cómo le gustaría que saliera la gente del Cervantes estas noches?

–Pensando que ha estado bien la cosa. (Sonríe). Yo también soy público. Sé el esfuerzo que supone sacar una entrada, gastarte el dinero, desplazarte desde casa hasta el lugar del concierto… Eso merece que estemos al máximo de nuestras posibilidades. Ofreceré lo que tengo con toda la honestidad y la entrega posibles para conseguir que la gente se lo pase bien y, a la vez, se emocione, que salga diciendo que ha merecido la pena. Eso… como mínimo.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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