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México tiene cada vez menos hijos: qué hay detrás de la caída de la fecundidad

México tiene cada vez menos hijos: qué hay detrás de la caída de la fecundidad
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Cada vez nacen menos bebés en México y América Latina. Aunque el costo de vida pesa, la caída de la fecundidad también refleja cambios profundos en las expectativas sobre la crianza.
Aranza BustamanteCultura4 de octubre de 2026Encuesta Intercensal 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) muestran que la tasa global de fecundidad en México cayó de 1.9 hijos por mujer en 2019 a 1.2 en 2024. Esta cifra es un promedio que estima cuántos hijos tendría una mujer a lo largo de su vida reproductiva.

Para Óscar Vela, profesor de Economía del Tecnológico de Monterrey, uno de los rasgos que distingue a México es el ritmo del descenso. “Lo que más ha llamado la atención del caso mexicano y en general de países en Latinoamérica es la velocidad con la que ha caído la tasa global de fecundidad”, explica a WIRED. En otros países, las transformaciones de esta magnitud tomaron entre una y dos décadas.

El Estado de la Población Mundial 2025 del Fondo de Población de las Naciones Unidas mostró que 21% de las personas encuestadas en México no logra tener el número de hijos que quisiera. En los países incluidos en el informe, las dificultades económicas fueron la barrera más mencionada. A ellas se suman la inseguridad laboral, el costo de la vivienda, los problemas de salud, la incertidumbre sobre el estado del mundo y la dificultad para encontrar una pareja adecuada.

Vela señala que actualmente también se está estudiando si las redes sociales están cambiando la manera en que las personas se conocen, forman parejas y mantienen sus vínculos. “Hay una hipótesis de que esa forma de relacionarse hace que la gente esté postergando más su decisión de tener uno o más hijos”, explica, pero todavía falta investigación para saber cuánto puede influir este factor.

La educación es uno de los factores más analizados. Los datos del INEGI muestran una relación entre escolaridad y número de hijos. En 2025, las mujeres sin escolaridad tenían en promedio 4.9 hijas e hijos nacidos vivos; en cambio, aquellas con educación media superior o superior tuvieron 1.2. La relación puede estar vinculada con las oportunidades que se abren fuera del hogar:

Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2024 muestra la dimensión de la diferencia: las mujeres dedicaron en promedio 39.7 horas semanales al trabajo doméstico, de cuidados, comunitario y voluntario no remunerado, frente a 18.2 horas de los hombres.

Mariana García Crisóstomo e Irékani Alarcón Acosta, investigadores del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), llaman a esta acumulación de responsabilidades una “avalancha de cuidados”, es decir, las tareas que recaen sobre las mujeres desde que se convierten en madres y que con frecuencia se asumen como una parte natural de la maternidad.

Para GIRE, esta carga también pesa al momento de decidir si tienen hijos porque la falta de una distribución más equitativa de los cuidados puede hacer que la maternidad entre en tensión con otras partes del proyecto de vida.

También cambió lo que entendemos por criar bien

El costo de tener hijos no se limita a cubrir alimentación, ropa o educación. El profesor Vela plantea que algunos de estos gastos básicos pueden incluso ser hoy más baratos que hace algunas décadas; sin embargo, al mismo tiempo han cambiado las expectativas sobre lo que madres y padres consideran necesario para ofrecer una buena crianza.

“Cuando uno mete el elemento de la calidad de la crianza, no nada más del esquema básico de alimentación y vestido y educación básica, sino cuando uno pone elementos de calidad, empiezas a pensar en criar con cierto tipo de nutrientes [...] y entonces ahí empieza la variedad de costos. Y no se diga en educación: cuando quieres añadir calidad y piensas en escuela privada, tutorías o tiempo extra para acompañar que los niños estén aprendiendo adecuadamente, eso sí es mucho más caro”, explica.

Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sobre las tendencias de fecundidad identifica algo similar en sus países miembros: las expectativas sobre lo que implica ser madre o padre han aumentado y la crianza puede requerir una mayor inversión de dinero, tiempo y atención. El organismo señala que el tiempo dedicado a la crianza ha aumentado especialmente entre padres con mayor nivel educativo.

El tiempo también forma parte de ese costo. Cuidar a un hijo implica acompañarlo, atender su salud, apoyar su educación y dedicar horas que también podrían destinarse al trabajo remunerado u otras actividades. Esta dimensión adquiere todavía más peso cuando las tareas de cuidado continúan concentrándose principalmente en las mujeres.

Observatorio Demográfico 2025 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) muestra que la región pasó de un promedio de 5.8 hijos por mujer en 1950 a 1.8 en 2024. Como explica Vela, una tasa cercana a 2.1 hijos por mujer permite que, a largo plazo, haya suficientes nacimientos para mantener estable el tamaño de una población, siempre que no se tome en cuenta la migración, pero la región ya se encuentra por debajo de ese nivel.

La comparación con otras economías ayuda a dimensionar la velocidad del cambio. Por ejemplo, España pasó de una tasa cercana a 1.9 hijos por mujer a alrededor de 1.2 en poco más de 10 años. Corea del Sur tardó cerca de dos décadas en registrar una caída comparable. Durante mucho tiempo, las tasas de fecundidad muy bajas se asociaron con países de altos ingresos que ya tenían poblaciones envejecidas, pero lo que ocurre ahora en América Latina amplía ese mapa.

“exactamente qué está pasando” entre las personas jóvenes que deciden no tener hijos o tener solo uno.

En Argentina, la discusión tomó otro rumbo. En agosto de 2026, el presidente Javier Milei relacionó la caída de los nacimientos con el feminismo que impulsó la legalización del aborto y sostuvo que tener una población más pequeña puede afectar el crecimiento económico y el sistema de pensiones.

Para GIRE, centrar la explicación en el feminismo o en las decisiones de las mujeres deja fuera otros factores: “Culpar al feminismo de la caída de los nacimientos individualiza un fenómeno complejo y multidimensional e ignora la responsabilidad del Estado de proveer los contextos adecuados para el cuidado y la crianza”.

Vela también pide cautela frente a las respuestas que pueden surgir desde los gobiernos. Hace algunas décadas, recuerda, la preocupación era el rápido crecimiento de la población y distintos países impulsaron políticas para frenarlo. Ahora que la tendencia se está invirtiendo, advierte que intentar aumentarla sin entender primero qué ocurre puede llevar al extremo contrario.

El especialista ejemplifica con lo ocurrido en China: frente al temor de que la población estuviera creciendo demasiado rápido, el país aplicó la "política de un solo hijo", que estuvo vigente entre 1979 y 2015. “Esta política se volvió un tema muy discriminatorio contra las niñas y las bebés, ya que las personas privilegiaban tener hijos varones. Generó un daño permanente a la sociedad china y a la tasa de fertilidad global”, detalla.

OCDE encontró que dar apoyos económicos a las familias suele tener efectos pequeños o temporales sobre la fecundidad. Medidas como facilitar el acceso a vivienda y guarderías, ampliar las licencias o hacer más sencillo combinar el trabajo con la crianza también pueden influir, pero sus resultados varían de un país a otro.

Encuesta Intercensal del INEGI ya muestra parte de ese proceso: entre 2020 y 2025, la edad que divide a la población mexicana en dos mitades pasó de 29 a 32 años.

La diferencia será más marcada con el paso del tiempo. Según Vela, con base en proyecciones de Naciones Unidas, actualmente hay entre 11 y 13 personas de 65 años o más por cada 100 personas de entre 15 y 64 años. En los próximos 25 años, esa proporción podría aumentar a 26 por cada 100.

Eso aumentará la demanda de pensiones, servicios de salud y cuidados. Sin embargo, el especialista señala que el impacto también dependerá de cuánto pueda producir la población que se encuentra trabajando. “Importa mucho el nivel de productividad de un país a la hora de enfrentar los cambios demográficos. Un país en donde, en promedio, la población es más productiva puede enfrentar el cambio demográfico con más solidez”, explica.

También será importante en qué condiciones llegarán las personas a edades más avanzadas. Prevenir enfermedades como la diabetes y los problemas cardiovasculares, mejorar la alimentación y promover la actividad física puede ayudar a que más personas mantengan su salud y autonomía durante más tiempo.

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Una población de mayor edad también abrirá nuevas necesidades de atención en casa, rehabilitación, cuidados de largo plazo y tecnologías adaptadas a esta etapa de la vida. Estos productos y servicios forman parte de lo que se conoce como silver economy. Para Vela, esta transformación no implica únicamente mayores presiones para el país: “Creemos que esta dinámica poblacional va a generar más oportunidades de las que se creen”.

Incluso si México lograra aumentar los nacimientos en los próximos años, sus efectos tardarían décadas en sentirse. Quienes nacieran hoy necesitarían alrededor de 20 años para incorporarse al mercado laboral, mientras que el cambio en la estructura de la población ya está en marcha.

Fuente original: Leer en Wired - Cultura
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