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México tiene un gigantesco tesoro energético bajo sus pies. El plan para extraerlo se llama fracking

México tiene un gigantesco tesoro energético bajo sus pies. El plan para extraerlo se llama fracking
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México camina sobre un tesoro y, al mismo tiempo, sobre un campo minado político. Bajo la tierra de estados como Coahuila, Tamaulipas y Veracruz, duerme un gigante energético: las sextas reservas mundiales de gas no convencional. Despertarlo fue el gran tabú del sexenio de López Obrador, una línea roja trazada con la promesa del "no al fracking". Sin embargo, la realidad ha llamado a la puerta de Palacio Nacional. En un giro que redefine el nuevo mandato, la presidenta Claudia Sheinbaum se ha enfrentado a un dilema de hierro: mantenerse fiel a la promesa de campaña de no utilizar la fractura hidráulica o perseguir la "soberanía energética", una de las aspiraciones casi míticas de la izquierda mexicana, para dejar de depender del gas estadounidense. La mandataria ya ha tomado una decisión: está dispuesta a pagar el coste político. Lo que comenzó como un rumor se ha convertido en una realidad presupuestaria y contractual en este 2026. Los datos son contundentes y no dejan lugar a dudas sobre el cambio de rumbo. Petróleos Mexicanos (Pemex) ha incrementado un 66% su inversión para este año en el programa "Aceite Terciario del Golfo", pasando de 2.423 millones de pesos en 2025 a 4.016 millones de pesos en 2026, según datos de Hacienda obtenidos vía transparencia recogidos por El Universal. La maquinaria ya está en marcha. El Plan Estratégico de Pemex (2025-2035) programa el inicio de estas operaciones tras los pilotos del año pasado. Pemex ha adjudicado los primeros "contratos mixtos" a empresas privadas como C5M, Geolis, CESIGSA y Petrolera Miahuapan. Aunque la estatal retiene la mayoría accionarial y el control, son los privados quienes aportarán el capital y la tecnología, una necesidad imperiosa para una petrolera con una deuda superior a los 100.000 millones de dólares. Sin embargo, esta inyección de capital ha encendido las alarmas por su opacidad. La Alianza Mexicana contra el Fracking denuncia que en el Presupuesto 2026 existen más de 245.000 millones de pesos destinados a proyectos de gas que implican fractura hidráulica, ocultos bajo rubros que carecen de desglose público y transparencia, tal como recoge El Imparcial. En Xataka Estados Unidos sabe que tiene un problema con las tierras raras de China. Y cree tener alternativa: México La semántica del disimulo Si el fracking era una "palabra maldita" en el sexenio anterior, el nuevo gobierno ha encontrado una solución creativa: cambiar el diccionario. Para evitar el coste político de anunciar abiertamente el uso de la fractura hidráulica, la administración ha optado por una serie de eufemismos técnicos. En lugar de fracking, los documentos oficiales hablan de "yacimientos de geología compleja" o "estimulación de yacimientos". El director general de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, fue tajante ante el Senado: "No vamos a hacer fracking, estamos aprovechando el desarrollo tecnológico en evaluaciones de yacimientos existentes". Pero la realidad operativa desmiente la retórica y rompe la disciplina del discurso oficial. Mientras en la capital se usan eufemismos, en el terreno la urgencia manda. El subsecretario de Hidrocarburos de Tamaulipas, citado por El País, rompió recientemente el tabú al declarar: "Aquí hablamos las cosas como son... fracturamiento hidráulico". Sin embargo, para entender la magnitud del desafío, hay que mirar al mapa. Las esperanzas de Pemex se concentran en tres cuencas principales: Burgos, Tampico-Misantla y Sabinas-Burro Picachos. La Cuenca de Burgos es particularmente relevante por ser la extensión natural hacia el sur de Eagle Ford en Texas, uno de los yacimientos de shale más prolíficos del boom estadounidense. Si al norte de la frontera hay riqueza, la geología sugiere que al sur también. No obstante, extraer este petróleo no es sencillo. La experta Miriam Grunstein ilustra el reto técnico con crudeza: el suelo en estas zonas es "un batidero" arcilloso y el crudo tiene la densidad de la "pasta de dientes". Esto hace que su explotación sea extremadamente difícil, costosa y tecnológicamente exigente. ¿Por qué volver a estas zonas complicadas ahora? La respuesta es el agotamiento. Pemex está girando hacia lo "no convencional" porque sus grandes yacimientos convencionales se están secando. Es una decisión de portafolio para intentar sostener la plataforma de producción ante el declive natural de los campos tradicionales. En Xataka En plenas tensiones con EEUU, México tiene un plan: fabricar sus propios semiconductores en Jalisco y Sonora Si no estás en la mesa, estás en el menú Detrás del giro de Sheinbaum hay un miedo geopolítico real. México importa el 70% del gas que consume de Estados Unidos. "Si Estados Unidos cierra la válvula, México se queda a oscuras", reconoció el propio titular de Pemex. Pero el escenario es aún más complejo con el vecino de arriba dirigido por Donald Trump y su visión de los recursos naturales como seguridad nacional. Recientemente, Washington ha desplegado el Project Vault, una estrategia para asegurar minerales críticos y contrarrestar a China, que incluye un "mapeo geológico" de los recursos mexicanos. La presión es tal que el gobierno mexicano ha tenido que ceder al pragmatismo más duro. Fue el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, quien resumió la posición de México ante las exigencias de integración energética de EEUU con una frase lapidaria: "Si no estás en la mesa participando, estás en el menú". México ha decidido sentarse a la mesa del fracking para evitar ser devorado.  Además, la falta de liquidez obliga a esta apertura. Reactivar los pozos identificados requiere inversiones inmediatas de más de 1.000 millones de dólares, dinero que ahora vendrá de la mano de los socios privados. La decisión está tomada, pero los resultados no serán inmediatos. Aunque la inversión se dispara este 2026, los especialistas advierten que la puesta en marcha de la explotación masiva tardará entre tres y cuatro años en rendir frutos tangibles. Las proyecciones optimistas del gobierno apuntan a que, en su fase de mayor desarrollo, estos yacimientos podrían aportar unos 300.000 barriles diarios adicionales. Para lograrlo, el modelo de "Contratos Mixtos" será la norma: Pemex cobra bonos inmediatos por la adjudicación (casi 50 millones de dólares solo en la primera ronda) y deja que los privados asuman el riesgo operativo y financiero. Un precio muy alto El coste de esta decisión ya se está pagando en la credibilidad ante las bases. Organizaciones como Greenpeace y la Alianza Mexicana contra el Fracking han acusado a Sheinbaum de "traicionar al pueblo que la eligió". El punto más crítico es el agua. En un país azotado por la sequía, el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) estima que se requieren 5,7 millones de litros de agua por pozo. Greenpeace eleva la alerta citando los monster fracks de Texas, que llegan a consumir hasta 151 millones de litros. El riesgo de contaminación de acuíferos y la competencia por el agua con las comunidades agrícolas es una bomba de tiempo social. Políticamente, el tema ha abierto una grieta en la Cuarta Transformación. Mientras el Partido Verde respalda la medida por sus "beneficios económicos", diputadas de Morena como Xóchitl Zagal se han manifestado "totalmente en contra", calificando la técnica cómo "no negociable", según recoge La Nación. Lo que está en juego no es solo una técnica de extracción, sino el modelo de país. Ante la amenaza de un apagón y la presión de Washington, la presidenta científica ha tenido que guardar sus convicciones ambientales en un cajón. La decisión estratégica ya se tomó vía presupuesto; ahora falta ver si el subsuelo, y la resistencia social, permiten que se lleve a cabo. Imagen | Claudia Sheinbaum y Freepik Xataka | México lleva meses entregando petróleo a Cuba. El único problema es que nadie sabe si se lo regala o si se lo cobra - La noticia México tiene un gigantesco tesoro energético bajo sus pies. El plan para extraerlo se llama fracking fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .
México tiene un gigantesco tesoro energético bajo sus pies. El plan para extraerlo se llama fracking
  • La presidenta Sheinbaum ante su dilema de hierro: pagar el precio político de usar una técnica polémica o seguir dependiendo del gas de Estados Unidos

  • Pemex dispara la inversión en yacimientos "complejos" y adjudica contratos a privados mientras el gobierno busca sinónimos para no decir "fracking

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Alba Otero

Editora - Energía

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México camina sobre un tesoro y, al mismo tiempo, sobre un campo minado político. Bajo la tierra de estados como Coahuila, Tamaulipas y Veracruz, duerme un gigante energético: las sextas reservas mundiales de gas no convencional. Despertarlo fue el gran tabú del sexenio de López Obrador, una línea roja trazada con la promesa del "no al fracking". Sin embargo, la realidad ha llamado a la puerta de Palacio Nacional.

En un giro que redefine el nuevo mandato, la presidenta Claudia Sheinbaum se ha enfrentado a un dilema de hierro: mantenerse fiel a la promesa de campaña de no utilizar la fractura hidráulica o perseguir la "soberanía energética", una de las aspiraciones casi míticas de la izquierda mexicana, para dejar de depender del gas estadounidense. La mandataria ya ha tomado una decisión: está dispuesta a pagar el coste político.

Lo que comenzó como un rumor se ha convertido en una realidad presupuestaria y contractual en este 2026. Los datos son contundentes y no dejan lugar a dudas sobre el cambio de rumbo. Petróleos Mexicanos (Pemex) ha incrementado un 66% su inversión para este año en el programa "Aceite Terciario del Golfo", pasando de 2.423 millones de pesos en 2025 a 4.016 millones de pesos en 2026, según datos de Hacienda obtenidos vía transparencia recogidos por El Universal.

La maquinaria ya está en marcha. El Plan Estratégico de Pemex (2025-2035) programa el inicio de estas operaciones tras los pilotos del año pasado. Pemex ha adjudicado los primeros "contratos mixtos" a empresas privadas como C5M, Geolis, CESIGSA y Petrolera Miahuapan. Aunque la estatal retiene la mayoría accionarial y el control, son los privados quienes aportarán el capital y la tecnología, una necesidad imperiosa para una petrolera con una deuda superior a los 100.000 millones de dólares.

Sin embargo, esta inyección de capital ha encendido las alarmas por su opacidad. La Alianza Mexicana contra el Fracking denuncia que en el Presupuesto 2026 existen más de 245.000 millones de pesos destinados a proyectos de gas que implican fractura hidráulica, ocultos bajo rubros que carecen de desglose público y transparencia, tal como recoge El Imparcial.

En XatakaEstados Unidos sabe que tiene un problema con las tierras raras de China. Y cree tener alternativa: México

La semántica del disimulo

Si el fracking era una "palabra maldita" en el sexenio anterior, el nuevo gobierno ha encontrado una solución creativa: cambiar el diccionario. Para evitar el coste político de anunciar abiertamente el uso de la fractura hidráulica, la administración ha optado por una serie de eufemismos técnicos.

En lugar de fracking, los documentos oficiales hablan de "yacimientos de geología compleja" o "estimulación de yacimientos". El director general de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, fue tajante ante el Senado: "No vamos a hacer fracking, estamos aprovechando el desarrollo tecnológico en evaluaciones de yacimientos existentes".

Pero la realidad operativa desmiente la retórica y rompe la disciplina del discurso oficial. Mientras en la capital se usan eufemismos, en el terreno la urgencia manda. El subsecretario de Hidrocarburos de Tamaulipas, citado por El País, rompió recientemente el tabú al declarar: "Aquí hablamos las cosas como son... fracturamiento hidráulico".

Sin embargo, para entender la magnitud del desafío, hay que mirar al mapa. Las esperanzas de Pemex se concentran en tres cuencas principales: Burgos, Tampico-Misantla y Sabinas-Burro Picachos. La Cuenca de Burgos es particularmente relevante por ser la extensión natural hacia el sur de Eagle Ford en Texas, uno de los yacimientos de shale más prolíficos del boom estadounidense. Si al norte de la frontera hay riqueza, la geología sugiere que al sur también.

No obstante, extraer este petróleo no es sencillo. La experta Miriam Grunstein ilustra el reto técnico con crudeza: el suelo en estas zonas es "un batidero" arcilloso y el crudo tiene la densidad de la "pasta de dientes". Esto hace que su explotación sea extremadamente difícil, costosa y tecnológicamente exigente. ¿Por qué volver a estas zonas complicadas ahora? La respuesta es el agotamiento. Pemex está girando hacia lo "no convencional" porque sus grandes yacimientos convencionales se están secando. Es una decisión de portafolio para intentar sostener la plataforma de producción ante el declive natural de los campos tradicionales.

En XatakaEn plenas tensiones con EEUU, México tiene un plan: fabricar sus propios semiconductores en Jalisco y Sonora

Si no estás en la mesa, estás en el menú

Detrás del giro de Sheinbaum hay un miedo geopolítico real. México importa el 70% del gas que consume de Estados Unidos. "Si Estados Unidos cierra la válvula, México se queda a oscuras", reconoció el propio titular de Pemex.

Pero el escenario es aún más complejo con el vecino de arriba dirigido por Donald Trump y su visión de los recursos naturales como seguridad nacional. Recientemente, Washington ha desplegado el Project Vault, una estrategia para asegurar minerales críticos y contrarrestar a China, que incluye un "mapeo geológico" de los recursos mexicanos.

La presión es tal que el gobierno mexicano ha tenido que ceder al pragmatismo más duro. Fue el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, quien resumió la posición de México ante las exigencias de integración energética de EEUU con una frase lapidaria: "Si no estás en la mesa participando, estás en el menú". México ha decidido sentarse a la mesa del fracking para evitar ser devorado. 

Además, la falta de liquidez obliga a esta apertura. Reactivar los pozos identificados requiere inversiones inmediatas de más de 1.000 millones de dólares, dinero que ahora vendrá de la mano de los socios privados. La decisión está tomada, pero los resultados no serán inmediatos. Aunque la inversión se dispara este 2026, los especialistas advierten que la puesta en marcha de la explotación masiva tardará entre tres y cuatro años en rendir frutos tangibles.

Las proyecciones optimistas del gobierno apuntan a que, en su fase de mayor desarrollo, estos yacimientos podrían aportar unos 300.000 barriles diarios adicionales. Para lograrlo, el modelo de "Contratos Mixtos" será la norma: Pemex cobra bonos inmediatos por la adjudicación (casi 50 millones de dólares solo en la primera ronda) y deja que los privados asuman el riesgo operativo y financiero.

Un precio muy alto

El coste de esta decisión ya se está pagando en la credibilidad ante las bases. Organizaciones como Greenpeace y la Alianza Mexicana contra el Fracking han acusado a Sheinbaum de "traicionar al pueblo que la eligió".

El punto más crítico es el agua. En un país azotado por la sequía, el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) estima que se requieren 5,7 millones de litros de agua por pozo. Greenpeace eleva la alerta citando los monsterfracks de Texas, que llegan a consumir hasta 151 millones de litros. El riesgo de contaminación de acuíferos y la competencia por el agua con las comunidades agrícolas es una bomba de tiempo social.

Políticamente, el tema ha abierto una grieta en la Cuarta Transformación. Mientras el Partido Verde respalda la medida por sus "beneficios económicos", diputadas de Morena como Xóchitl Zagal se han manifestado "totalmente en contra", calificando la técnica cómo "no negociable", según recoge La Nación.

Lo que está en juego no es solo una técnica de extracción, sino el modelo de país. Ante la amenaza de un apagón y la presión de Washington, la presidenta científica ha tenido que guardar sus convicciones ambientales en un cajón. La decisión estratégica ya se tomó vía presupuesto; ahora falta ver si el subsuelo, y la resistencia social, permiten que se lleve a cabo.

Imagen | Claudia Sheinbaum y Freepik

Xataka | México lleva meses entregando petróleo a Cuba. El único problema es que nadie sabe si se lo regala o si se lo cobra

Fuente original: Leer en Xataka
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