La estrategia tiene como pilares principales la creación de un marco ético y legal sólido; el desarrollo de capacidades, talento especializado y software con fines públicos, así como la generación de infraestructura estratégica que contribuya a garantizar la soberanía tecnológica.
El objetivo es establecer las condiciones necesarias para que el Estado reduzca su dependencia de proveedores privados extranjeros y, en cambio, desarrolle herramientas propias que contribuyan al bienestar de la población y faciliten la atención de diversos problemas administrativos, sociales y relacionados con sectores críticos.
Una parte de esta estrategia ha comenzado a materializarse en proyectos concretos. En marzo pasado se inauguró el Centro Mexicano de Supercómputo, una iniciativa público-científica diseñada para desarrollar capacidades nacionales en cómputo de alto rendimiento, inteligencia artificial, modelación avanzada y análisis de grandes volúmenes de datos. La creación de Coatlicue, una supercomputadora que se espera sea la más potente de América Latina, constituye uno de los objetivos más ambiciosos de este proyecto.
A esto se suma el establecimiento de centros formativos como la Escuela de Código Abierto, que ofrece capacitación gratuita en áreas como programación, bases de datos, cómputo en la nube y ciberseguridad, y el Centro Público de Formación en Inteligencia Artificial (CPFI), una alternativa de capacitación sin costo con una oferta de 20 trayectos especializados en IA, infraestructura, ciberseguridad, desarrollo de software y análisis de datos, además de formación en inglés y habilidades blandas.
Finalmente, la Fábrica de Inteligencia Artificial y la Fábrica de Software y Tecnología Pública iniciaron operaciones para incorporar talento joven al desarrollo de soluciones de IA dirigidas al sector público. Estas iniciativas están enfocadas en acelerar procesos gubernamentales, identificar casos de uso y crear herramientas aplicadas a servicios digitales, análisis de información y optimización de procesos.
Mucha política alrededor de la IA, pero pocos medios para ejecutarla
Pese a estos avances, que todavía se encuentran en una etapa temprana de implementación, la investigación del CIGI plantea dudas sobre la capacidad del gobierno encabezado por Claudia Sheinbaum para transformar estas propuestas en mecanismos de innovación y soberanía digital a largo plazo.
El análisis utiliza las calificaciones del Observatorio de Políticas de Inteligencia Artificial de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), del Índice de Preparación Gubernamental para la IA de Oxford y del AI Preparedness Index del Fondo Monetario Internacional (FMI), registradas para los 10 países estudiados hasta finales de 2025.
Aunque las calificaciones consideradas no contemplan la presentación oficial del Plan Nacional de IA ni los proyectos vinculados con la estrategia y puestos en marcha este año, ofrecen una visión de las condiciones generales en las que México adopta y ejecuta estas medidas.
Agréganos a tus Fuentes Preferidas en Google para seguir nuestro contenidoArrowEn cambio, señala que sus mayores debilidades se encuentran en la falta de infraestructura pública, la difusión y el desarrollo de IA, así como en su capacidad de resiliencia, relacionada con la seguridad, la protección y la gestión de riesgos. En estos rubros, la nación alcanza 52.10, 34.07 y 32.22 puntos, respectivamente.
El informe del CIGI plantea que México tiene las bases necesarias para desarrollar una política nacional enfocada en el avance de la IA. Sin embargo, todavía carece de varios elementos necesarios para garantizar su adecuada implementación. Atender estos aspectos será fundamental para reducir la dependencia de proveedores externos y avanzar hacia la soberanía tecnológica que el Plan Nacional de Inteligencia Artificial busca garantizar, al menos por ahora, en el terreno de las políticas públicas de manera efectiva.