Daniel Hernández, conocido como ‘6ix9ine’ , es un rapero estadounidense de 29 años, estilo agresivo, lleno de tatuajes y envuelto en incesantes polémicas. Tras cumplir tres meses por violar su libertad condicional, salió de la prisión en abril. Llevaba un muñeco de Bob Esponja firmado por Maduro. Había compartido estancia con él. Según su relato, el mandatario chavista pasó sus primeras horas preso en una celda de aislamiento para evitar agresiones. «Olía fatal cuando salió. Luego, ya pudo ducharse», contó el cantante. De ahí, fue trasladado a la unidad 4 Norte, destinada a presos de perfil alto sin delitos de asesinato ni, generalmente, envueltos en agresiones sexuales. Alejado, pues, de los reos más peligrosos.
El MDC Brooklyn tiene un edificio para hombres y otro, más pequeño, para mujeres. La sección 4 Norte está situada encima del área femenina. «Maduro dormía justo en frente de mí», contó el rapero. Compartieron la liturgia diaria, con recuento de reclusos varias veces cada jornada. La comida se distribuye en carritos, la privacidad en las duchas es mínima y hay una sala para que los prisioneros puedan contactar con sus abogados. Hasta la pasada semana, las autoridades de EE UU se negaron a que el Gobierno venezolano pagara la defensa del expresidente. Ahora ya cuenta con ese permiso.
Gusanos en la comida
En este centro penitenciario hay más de 1.300 reclusos. Ha sido criticado por sus malas condiciones. En 2019 sufrió en pleno invierno un apagón que se prolongó durante una semana y el año pasado hubo denuncias por la aparición de gusanos en el menú. Buena parte de los ‘inquilinos’ del presidio están a la espera de juicio. Por allí han pasado Luigi Mangione, acusado del asesinato de Brian Thompson, director ejecutivo de la multinacional farmacéutica UnitedHealthcare, y Ghislaine Maxwell, la pareja del empresario pederasta Jeffrey Epstein, que apareció muerto en la celda que ocupaba en otra cárcel neoyorquina. Las autoridades penitenciarias del MDC Brooklyn vigilan para que eso no suceda con Maduro. Un mal resbalón en la ducha podría alimentar teorías de la conspiración.
Washington quiere que prosiga el juicio en su contra por narcotráfico y distribución de armas, entre otros delitos. Ya ha pasado por dos vistas ante el tribunal. Le quedan, según los expertos, unos 18 meses hasta que se dicte sentencia. Los pasará en su actual domicilio carcelario. Allí estuvo el expresidente de Honduras Juan Orlando Hernández, que al final fue indultado por Trump. El futuro de Maduro depende de un juez estadounidense y, también, de cómo discurra la transición en Venezuela, encabezada ahora por la número dos del expresidente, Delcy Rodríguez.
En cuatro meses, el país ha cambiado. Sobre todo, su cúpula dirigente. Delcy Rodríguez, que se ha convertido en aliada de Trump, ha apartado del poder a numerosos cargos de confianza de Maduro. Entre ellos, uno de los más cercanos, el general Vladimir Padrino López, jefe del ejército. Antes cayó Álex Saab, empresario de origen colombiano que amasó una fortuna con las facilidades que Maduro le dio a la hora de hacer contratos con el petróleo y la distribución de alimentos. Acabó detenido.
Delcy Rodríguez ha desmantelado la estructura que rodeaba a su antecesor. Ha tachado a casi una veintena de ministros, ha sustituido a los principales mandos militares y ha elegido a nuevos diplomáticos para difundir por el mundo la imagen de la nueva Venezuela. La familia de Maduro ha sido apartada de los focos y de los contratos del petróleo. Hay una nueva camada dirigente dentro de este chavismo tutelado por Trump, que pretende transformar el país caribeño en una especie de protectorado. Lejos, en Nueva York, un preso del pabellón 4 Norte repasa cada día las páginas de la Biblia. Apenas duerme. Y grita: «¡Soy el presidente!». Le escuchan los presos de su ala. Nadie parece oírle ya en Venezuela cuando sólo han pasado cuatro meses desde que un grupo de militares estadounidense le bajó de su trono.
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