El reciente aliado de la OTAN lleva al extremo los ejercicios militares con la simulación del rescate y enterramiento de cuerpos, en previsión de un conflicto bélico con hasta 500.000 muertos
Regala esta noticia Añádenos en Google Militares de la OTAN participan en el simulacto Aurora 26 en Suecia. (EFE)M. Pérez
02/09/2026 Actualizado a las 12:58h.¿Hasta dónde es posible llegar en un simulacro de ataque ruso en Europa? La respuesta la ha dado Suecia, que este miércoles desvela cómo ... sus tropas han llevado a cabo un ensayo de enterramiento masivo de militares caídos en combate. La operación fue de un realismo tan extremo que incluyó sangre simulada y un penentrante y nauseabundo olor a cadáveres en descomposición. Se trata de uno de los entrenamientos más singulares y radicales de las fuerzas de la OTAN en medio del temor creciente a una agresión rusa en territorio continental.
Los suecos se tomaron muy en serio aquel prólogo de la Guerra Fría y ahora lo siguen haciendo ante la posibilidad de que Vladímir Putin pretenda extender el conflicto con Ucrania a toda Europa. Desde su integración en la OTAN en 2024, esta nación neófita en estas lides y tradicionalmente neutral se ha convertido en una auténtica punta de lanza de los ejercicios para proteger su territorio y contribuir a la organización transatlántica.
La previsión sueca no deja nada al albur de la improvisación. Además de simulacros militares con el resto de aliados de la Alianza o la importación de instrucción a la sociedad en materia de protección y defensa civil, el Gobierno también se ocupa de salvar a la casa real de una hipotética ofensiva. En diciembre de 2025 organizó una muy comentada simulación de evacuación del rey Carlos Gustavo y la princesa Victoria a un lugar seguro ante la eventual entrada de misiles rusos en el espacio aéreo. La princesa Estelle también fue desalojada como heredera directa de la familia real.
La última práctica sobre enterramientos masivos retoma la estrategia de seguridad de 1952 y coloca al país frente a un problema al que lleva dando vueltas desde su integración en la OTAN: la necesidad de construir cementerios y lugares de enterramiento donde sepultar a sus soldados y las víctimas civiles de una confrontación bélica.
Muñecos sin miembros
Con casi 11 millones de habitantes, la consigna del Ministerio de Defensa es que una guerra prolongada podría causar en las peores situaciones miles y miles de fallecidos. El listón lo pone en 500.000 bajas mortales, lo que implica la creación de enormes camposantos. Para el Ejecutivo nacional, el respeto y la moral resultan fundamentales. Cada víctima debe recibir su propia sepultura.
La antigua normativa de tumbas de guerra, que a día de hoy el Gobierno de Estocolmo mantiene a rajatabla, prohíbe también las fosas comunes en el caso de los soldados muertos en el frente. Las tradiciones imponen los enterramientos individuales y en tumbas debidamente identificadas para que sus familiares sepan donde se encuentran y puedan llorarles.
La simulación funeraria forma parte de los denominados ejercicios Aurora 26, cuyo grueso se desarrolló ente los pasados meses de abril y mayo con la participación de 18.000 militares de 13 países aliados. De este contingente, 16.000 han procedido de las propias fuerzas armadas suecas y unos 300 todos ellos de la Armada, protagonizaron la misión mortuoria. Antes, en los días previos, los efectivos realizaron prácticas de combate bajo fuego real y una práctica de evacuación médica a gran escala.
La OTAN utilizó más de 500 maniquiés y bolsas para cadáveres, que habían sido rellenadas con piedras y un producto simulador del olor a descomposición humana con el fin de hacer más realista el ensayo. La labor de maquillaje resultó esencial. Algunos muñecos reposaban en el suelo sin señales devastadoras mientras otros habían sido convertidos en una exposición del terror, con graves heridas abiertas, desmembramientos y signos visibles de putrefacción.
«Los entornos de guerra expusieron al personal a experiencias sensoriales intensas y a menudo desconocidas», reveló este martes la publicación profesional 'Frontiers in Psychiatry', tras estudiar detenidamente el desarrollo y las consecuencias del simulacro sueco. Los militares, «además de encontrarse con restos humanos, se enfrentaron a imágenes, sonidos y olores angustiantes», que fueron «los más persistentes y psicológicamente perturbadores». También debieron hacer frente a la visión de decenas de bolsas de cadáveres alineadas en el suelo, rellenas de piedras que simulaban cadáveres deformes, y manejarse en cámaras frigoríficas provisionales rodeados de restos de pega, pero perfectamente creíbles. El informe de la revista afirma que hubo un aumento muy notable del «estrés» entre los soldados.
El operativo incluyó a la Iglesia. Un capellán se encargó de dar la extremaunción a los supuestos cadáveres, que posteriormente recibieron sepultura en un terreno especialmente acotado, mientras funcionarios del Gobierno y de Hacienda practicaban cumplir los trámites administrativos funerarios con cada cuerpo. Incluso, muchos de los 'fallecidos' fueron despedidos con honores militares.
Terrenos para sepulturas
Lo de las extremaunciones simuladas no representa ninguna extravagancia. La implicación eclesiástica es importante en toda esta planificación. Aunque la Iglesia sueca se encuentra separada del Estado, tiene la responsabilidad sobre los cementerios en la mayor parte del país y forma parte de la «vanguardia» de las labores de defensa civil ante una conflagración bélica. En 1952, por mandato del Gobierno, asumió la responsabilidad de organizarse para poder celebrar hasta medio millón de funerales, correspondientes al 5% de la población sueca. Y la propia institución reconoce que no es sencillo.
La previsión de fallecimientos en caso de guerra sigue manteniéndose en la actualidad, aunque miembros de la Defensa Civil rebajan su impacto emocional y aseguran que carece de base real. Sería muy difícil alcanzar esa cifra de bajas, salvo en un enfrentamiento de inusitada duración y violencia como el que existe entre Rusia y Ucrania. La «estimación» se maneja como referente desde hace 74 años para fijar las capacidades hospitalarias y funerarias del país.
La mortandad bélica representa un reto enorme, especialmente para una nación pacifista. Las autoridades eclesiásticas permanecen desde 2024 a la búsqueda de nuevos y extensos terrenos para la construcción de camposantos en colaboración con las empresas del sector. La localización no resulta sencilla, sobre todo en las grandes urbes, donde el suelo desocupado no abunda. La Asociación Funeraria de Gotemburgo necesita en la actualidad unos 61.000 metros cuadrados para ampliar la capacidad natural de los cementerios de la segunda ciudad más grande de Suecia. Pero además debe hacerse con otros 40.470 metros cuadrados para edificar unas instalaciones exclusivamente dedicadas a recibir 30.000 cuerpos en caso de guerra. Nunca el deseo de paz ha sido más fuerte.
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