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Maquinista, una profesión de alto riesgo

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El accidente más grave de la historia de la alta velocidad española ha dejado expuestas las graves deficiencias que sufre la red ferroviaria y que había denunciado reiteradamente el sector

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El accidente más grave de la historia de la alta velocidad española ha dejado expuestas las graves deficiencias que sufre la red ferroviaria y que había denunciado reiteradamente el sector

Lucía Palacios

Madrid

Viernes, 23 de enero 2026, 10:07

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Se llamaba Agustín, tenía 39 años, dos hijos pequeños y cada mañana acudía a su puesto de trabajo «con miedo». No era bombero, ni policía, ni militar, ni torero, ni minero… Era un camarero (tripulante) de la cafetería de los trenes Alvia que había esquivado la muerte, milagrosamente (por un cambio de turno con un compañero), del terrible accidente de Angrois, ocurrido trece años atrás en Galicia, pero cuya vida -y la de otras 44 personas más- sí se paró esta vez en otra tragedia de tren.

Sus familiares han pasado un calvario hasta lograr localizar su cuerpo, 72 horas después del siniestro en Adamuz, y han denunciado a los medios de comunicación que Agustín llevaba tiempo quejándose del mal estado de las vías y de los trenes. «Iba a trabajar con miedo», «Nos decía que no cogiéramos el tren», se lamentan.

En menos de cincuenta horas cuatro trabajadores ferroviarios han fallecido en dos accidentes de tren y ha habido dos más que, a Dios gracias, no han dejado víctimas mortales. Además de Agustín, tres maquinistas: dos viajaban en el Alvia que chocó contra el Iryo que descarriló la noche del pasado domingo en Adamuz y otro era un joven becario en prácticas que murió el martes por la noche en el accidente de rodalies (el servicio de cercanías de Cataluña) en las estación barcelonesa de Gelida. Se llamaba Fernando, tenía 28 años, había estudiado Periodismo pero había dado un giro a su vida para labrarse una carrera como maquinista.

Así se definía en Linkedin: «Comienzo una etapa cargado de ilusión, ambición y ganas de trabajar en un sector por el que he trabajado tanto y me he esforzado para conseguirlo. Me considero una persona trabajadora, servicial, alegre, optimista y comprometida». Sin embargo, un muro de contención se desprendió, cayó a las vías del tren y cercenó, de golpe, todas sus ilusiones. El choque dejó además una cuarentena de heridos, cinco de gravedad, que se suman a los 152 heridos del accidente en Adamuz, el más grave en la historia de la alta velocidad española, considerada, hasta ahora, la joya de la Corona, un ejemplo exportable al resto del mundo.

El miedo está en el aire...

Como Agustín, multitud de maquinistas venían denunciando desde hace casi dos años incidencias e irregularidades en el estado de las vías, que aconsejaban una reducción de velocidad (ante los innumerables baches y botes) que solo ha sido decretada después de estos dos terribles accidentes, en una red que fue pionera, modélica y ejemplo de la mejor ingeniería del mundo. El Gobierno ignoró, aparcó estas reivindicaciones, igual que en su día Red Eléctrica hizo caso omiso a las señales de alertas que se registraban por problemas de sobretensión… hasta que sucedió el apagón.

Y ahora el miedo se ha instalado, ya no solo entre los maquinistas y trabajadores ferroviarios, sino en la sociedad en general, que está experimentando un vuelco: antes lo que daba miedo era volar, ahora ir en tren; antes viajar en ferrocarril era una garantía de confianza, tranquilidad y puntualidad, ahora se suceden las cancelaciones de viajes en AVE… y no sabes ya a qué hora vas a llegar.

Y no, señor ministro (Óscar Puente), no se trata de un «suflé emocional«. Tristemente hemos tenido que aprender, tomar conciencia de la gravedad de la situación, a golpe de muertos (46). Los maquinistas se han plantado y han convocado tres días de huelga general en febrero: denuncian que la situación del ferrocarril es «inadmisible» y el «deterioro constante» que ha sufrido la red durante los últimos años -al entrar en juego nuevos operadores, duplicarse el número de trenes y triplicarse los pasajeros- «pone en riesgo» la vida de trabajadores y usuarios.

Pero esta huelga no es un arrebato ni una pataleta. No es una huelga para exigir mejoras salariales. No es una huelga para exigir un recorte en su jornada. No es una huelga para denunciar despidos o precariedad… Es una huelga para reclamar algo que jamás debería tener que reclamarse: transparencia, seguridad y fiabilidad para llevar a cabo su trabajo y no morir en el intento.

Porque, de no ponerse remedio a esta situación y seguir así, sin inversiones serias, sin falta de mantenimiento, sin controles constantes y fiables… Ser maquinista pasará a catalogarse como profesión de alto riesgo y, lógicamente, debería conllevar unos pluses por peligrosidad, que, a día de hoy, no brillan por su ausencia.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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