Matalascañas es la profecía cumplida del apocalipsis ambiental derivado del cambio climático (y otros factores). Su paseo marítimo, un kilómetro y medio en pleno corazón de Doñana, es hoy una ruina, un montón de escombros, los restos de una voladura natural o, como dice la teniente de alcalde de Almonte -el municipio al que pertenece este enclave costero-, Antoñi Pérez, el escenario después de una batalla, "como si hubiesen caido cuatro bombas".
La borrasca Francis, que dejó una huella de nieve, carreteras cortadas e inundaciones en Andalucía, se ensañó con este rincón turístico en el que se congregan en verano hasta 200.000 personas, veraneantes en gran medida procedentes de Sevilla y atraídos por el atractivo de una playa clavada en en mitad del mayor espacio protegido de Europa.
Matalascañas se extiende a lo largo de cuatro kilómetros en paralelo a la orilla del océano Atlántico y prácticamente la mitad ha desaparecido por efecto del oleaje y las mareas que trajo consigo Francis la semana pasada.
No solo ha desaparecido el paseo marítimo y la playa urbana, sino que, además, el agua ha dejado al aire las estructuras de un buen puñado de edificaciones situadas en primera línea y amenazadas gravemente. Tanto que, señala Pérez a EL MUNDO, algunos de estos inmuebles no sobrevivirían a un nuevo temporal como el que se espera a finales de enero o, como muy tarde, en febrero.
Lo ha comprobado, explica la concejal almonteña, la Unidad Militar de Emergencias (UME), cuya intervención solicitó el Consistorio por indicación, apunta, de los servicios de emergencias para que sus expertos valorasen el grado de afectación de las edificaciones y el riesgo para sus inquilinos. Por ahora, a los propietarios de más de un centenar de viviendas -la mayoría segundas residencias- se les ha requerido para que las desocupen, al menos de forma temporal.
"Esto es un desastre", clama la teniente de alcalde de Almonte, pensando en la próxima temporada turística de Semana Santa, completamente perdida, y en la de verano, en serio peligro si no se toman medidas urgentes que, por ahora, denuncia que no se vislumbran.
Una edificación en el paseo marítimo de Matalascañas, derruida por el agua.EFEEl Ayuntamiento almonteño "no tiene recursos" para abordar un plan integral que salve Matalascañas. Ante la urgencia de la situación, sus operarios están acumulando escombros para formar escolleras provisionales y limpiando los destrozos, pero poco más pueden hacer. Pérez asegura que el coste de los daños.
Claro que el problema de Matalascañas no es nuevo ni se limita a la borrasca Francis. De hecho, Francis solo ha venido a agravar la espada de Damocles que, desde hace años, se cierne sobre Matalascañas y amenaza su propia existencia como núcleo turístico.
La pérdida de arena y la subida del nivel del mar es un problema (un doble problema) que sufre este rincón oriental del litoral onubense desde hace tiempo sin que las medidas adoptadas hasta el momento hayan conseguido paliarlos. A eso hay que sumar que algunas de estas medidas o no han llegado o han llegado tarde, demasiado tarde.
El Ministerio de Transición Ecológica debía haber ejecutado antes de finales de 2025 una actuación de urgencia de aporte de arena en el litoral de Matalascañas que empezó solo unos días antes de la irrupción de la borrasca y, además, apunta Antoñi Pérez, empezó justo en el extremo que menos problemas tenía, dejando sin protección el tramo entre el paseo marítimo y la zona conocida como los Palos, arrasada, literalmente, por Francis.
La teniente de alcalde cuenta que el Gobierno central les ha ofrecido la declaración de zona gravemente afectada, pero lamenta que, bajo este paraguas, las soluciones podrían tardar "años" y lo que necesitan es "una actuación rápida, un salvavidas".
De lo contrario, las pérdidas podrían ser "enormes" por el impacto en el turismo de los daños.
En la última década, Matalascañas ha perdido 80 metros de arena, una lenta pero inexorable agonía que ha llegado "al límite", opina Pérez con esta última borrasca pero que el año pasado ya se hizo evidente con temporal como Martinho o Laurence, que ya hundieron varios tramos del paseo marítimo.
Almonte lanzó entonces un SOS, que cayó en saco roto.
Daños de tres millones de euros
Entretanto, el alcalde de Almonte, Francisco Bella, ha cifrado, inicialmente, en unos tres millones de euros los daños ocasionados en Matalascañas y ha anunciado medidas de choque costeadas por las arcas municipales en el paseo marítimo ante lo que califica como una "cuestión de seguridad pública".
En declaraciones a los medios de comunicación en Matalascañas, Bella ha vuelto a denunciar la "desidia" de la Administración General del Estado ante la situación que viene padeciendo esta parte del litoral como consecuencia de los efectos de los últimos temporales, agravados por esta última borrasca.
Vecinos observan los destrozos causados por el temporal en el paseo marítimo de Matalascañas.EFEEl regidor almonteño ha sido tajante al describir la falta de sintonía con el Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco): "Hemos pedido un salvavidas y lo que nos intentaban traer era un transatlántico que teníamos que construir", ha lamentado Bella, quien ha criticado que frente a la emergencia actual que amenaza con derribar inmuebles situados en primera línea, el Gobierno central plantee soluciones a largo plazo o de carácter burocrático, como el retranqueo del paseo marítimo, que no frenan la embestida inmediata del mar.
Bella ha tenido palabras para el plan propuesto por el Secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán, desde donde se apuesta por una solución "estructural" basada en el retranqueo de la línea de costa, lo que implicaría, según ha señalado, "mover el paseo marítimo 100 metros tierra adentro y eliminar más de 300 edificaciones".
"Es una locura plantear expropiaciones y demoliciones masivas mientras el agua entra en los patios de los vecinos, no tiene ningún sentido", ha precisado, para después recordar que el problema de erosión se debe al Espigón Juan Carlos Primero construido hace décadas que bloquea el paso de arena y exigir que se replique el modelo de cimentación que el propio Ministerio ejecutó con éxito en otros 300 metros del paseo hace siete años.