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Mercadona se ha convertido en el líder silencioso de la cosmética en España: y eso incluye los productos de Corea

Mercadona se ha convertido en el líder silencioso de la cosmética en España: y eso incluye los productos de Corea
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Entrar al Mercadona y encontrar estantes vacíos en la sección de cosmética ya no sorprende. Lo que antes era una compra casi automática —gel, desodorante, una crema básica— se ha transformado en una caza del tesoro impulsada por las redes sociales: productos de 3,50 euros se agotan, se recomiendan como si fueran alta gama y generan vídeos con millones de visualizaciones. No ocurre en una perfumería especializada ni en Sephora, sino entre los preparados y la charcutería. En el último año y medio, la marca blanca Deliplus ha pasado de ser una opción funcional y barata a convertirse en uno de los grandes motores del skincare en España. Y no solo por precio. Lo que está ocurriendo en los pasillos de Mercadona es el síntoma visible de algo más profundo: un cambio en la forma de consumir belleza, en la percepción del lujo y en la influencia creciente —y ya estructural— de la cosmética coreana. Antes de que la estética coreana se hiciera explícita en sus lanzamientos, Mercadona ya llevaba tiempo entrenando a su consumidor en otra lógica. En los últimos dos años, Deliplus ha intensificado su presencia con productos que van mucho más allá del cuidado básico: sérums con promesas botox-like, parches, tratamientos faciales, perfumes inspirados en grandes casas y cosméticos diseñados para funcionar como dupes de la alta gama. La estrategia es detectar tendencias, replicarlas rápido y colocarlas en un entorno cotidiano y masivo, donde el precio bajo reduce casi a cero el riesgo percibido de compra. El resultado no es solo volumen de ventas, sino un fenómeno cultural: el pasillo de cosmética del supermercado convertido en un nuevo escaparate aspiracional. Probar deja de ser una decisión meditada y pasa a ser un gesto impulsivo. Es sobre esta base —una marca ya acostumbrada a la viralidad, al dupe y al consumo inmediato— donde los códigos de la cosmética coreana encajan con especial facilidad. En Xataka Hay algo aún más rentable para Mercadona que la comida preparada: la fiebre por Deliplus y las imitaciones de cosmética de lujo El asentamiento del K-Beauty La cosmética coreana, conocida como K-Beauty, no se ha impuesto solo por sus productos, sino por una combinación de industria, cultura y marketing digital que lleva más de una década expandiéndose fuera de Corea del Sur. En términos económicos, Corea se ha consolidado como una de las grandes potencias cosméticas del mundo. Desde el año pasado compite directamente con gigantes históricos como Francia o Estados Unidos. La K-Beauty ha dejado de ser una moda de nicho para convertirse en una fuerza estructural del mercado global, con presencia en farmacias, grandes almacenes y supermercados europeos. Pero su éxito va más allá de las cifras. Corea ha sabido vender una idea concreta de belleza: frente al enfoque occidental tradicional, más correctivo y centrado en tratar problemas visibles, la cosmética coreana ha construido su relato alrededor de la prevención, el cuidado de la barrera cutánea y la constancia desde edades tempranas. No se trata de tapar imperfecciones, sino de evitar que aparezcan. De ahí conceptos aspiracionales como la glass skin: una piel luminosa, uniforme y saludable. Este enfoque encaja especialmente bien en la lógica del algoritmo. Rutinas paso a paso, formatos visuales, activos con nombres reconocibles y resultados fotogénicos convierten la K-beauty en contenido perfecto para TikTok e Instagram. A esto se suma el peso cultural del Hallyu u "ola coreana": música, series y estética que refuerzan la asociación entre Corea e innovación cosmética. Mercadona no adopta esta filosofía en toda su complejidad, pero sí traduce sus códigos al consumo masivo europeo: sticks, esencias, productos "todo en uno", lenguaje de activos estrella y promesas visibles en poco tiempo.  Lo coreano funciona aquí como un atajo cultural: evoca cuidado, modernidad y eficacia sin necesidad de explicar todo el sistema detrás. Uno de los ejemplos más claros es la Mascarilla facial stick Facial Clean detox & iluminador, que cuesta 3,50 euros. Según explica Trendencias, se trata de una mascarilla en barra —muy habitual en la cosmética asiática— cuyo formato y mensaje de resultados rápidos explican buena parte de su éxito. Sin embargo, frente a la narrativa del "funciona a todo el mundo", aparece la primera fisura cuando entra en juego el criterio dermatológico. "No hay cremas milagro": la advertencia que no se viraliza La dermatóloga Almudena Nuño, a quien hemos entrevistado, lo deja claro desde el principio: no existen productos universales ni milagrosos. "Un mismo cosmético puede ser maravilloso para una persona y desastroso para otra", explica. La diferencia no está en el precio ni en la viralidad, sino en el tipo de piel, en los hábitos y en el resto de productos que se estén utilizando. En el caso concreto de este tipo de mascarillas con arcillas, Nuño subraya que pueden ir bien en pieles mixtas o grasas porque ayudan a absorber sebo y matificar, pero pueden resultar irritantes en pieles sensibles o con patología previa. "Cuando ves opiniones totalmente opuestas —a unos les encanta y a otros les destroza la piel— no es porque el producto sea bueno o malo, sino porque se está usando sin criterio". Para la dermatóloga, este es uno de los grandes problemas del skincare viral: la promesa de un resultado inmediato desvinculada del contexto de uso. La mascarilla en stick no es una excepción. En los últimos meses, Mercadona ha lanzado esencias faciales, brumas hidratantes, productos con microcápsulas de ácido hialurónico y cosméticos que se colocan deliberadamente en pasos concretos de la rutina coreana —después del tónico y antes del sérum—. Ya no se vende solo una crema: se vende una forma de cuidarse la piel. El problema, según Nuño, es que se intenta replicar un ritual completo con uno o dos productos. "La cosmética coreana funciona porque va acompañada de hábitos: protección solar estricta, constancia desde edades tempranas, cuidado de la alimentación, tratamientos médicos cuando toca. Aquí queremos el resultado sin todo lo demás". Sin embargo, este fenómeno no puede entenderse sin el contexto económico y cultural. Mercadona ha perfeccionado lo que se ha denominado el lujo de pasillo: productos que recuerdan en textura, packaging o efecto a cosméticos de alta gama —Lancôme, Dior, Shiseido— eliminando la barrera del precio. No se compra solo un producto funcional; se compra la sensación de participar en una tendencia global. Aquí entra de lleno el concepto de dupe, donde la imitación legal ha dejado de esconderse para convertirse en una seña de identidad generacional. Para muchos jóvenes, encontrar un producto que "hace lo mismo" por una fracción del precio no es una concesión, sino una victoria. El valor ya no está en el original, sino en el parecido y en poder contarlo en redes sociales. Este comportamiento conecta con el microspending: pequeños gastos repetidos —un sérum de seis euros, una mascarilla viral, un iluminador barato— que ofrecen recompensa inmediata en un contexto donde otros grandes hitos de consumo, como la vivienda, parecen inalcanzables. Asimismo, las redes sociales actúan como acelerador de todo el proceso. TikTok e Instagram no solo muestran productos: los legitiman. Una reseña positiva puede generar compras masivas en horas. Mercadona no necesita campañas tradicionales, el marketing lo hacen las propias usuarias grabando vídeos en el pasillo, comparando ingredientes y mostrando resultados inmediatos. El problema, señala Nuño, es que TikTok no distingue tipos de piel. "La piel no funciona por modas. Es un órgano vivo que se regula solo. Cuando le ponemos demasiadas cosas, se defiende reaccionando". En consulta, la dermatóloga ve cada vez más pieles irritadas, sensibilizadas o "agotadas" por rutinas excesivas. Diez pasos, múltiples activos y combinaciones sin supervisión. "La regla básica en dermatología es muy simple: menos es más. Limpieza, protección solar cuando toca y activos bien elegidos. Todo lo demás suele ser exceso". Este mensaje coincide con el de otras dermatólogas que han analizado productos virales de Mercadona en distintos medios: no es el bajo precio lo que debería generar desconfianza, sino la falta de criterio en el uso. Leer la lista de ingredientes, conocer el propio tipo de piel y no perseguir milagros sigue siendo más importante que cualquier tendencia. Lo que ocurre en Mercadona no va solo de cremas. Habla de economía, de cultura digital y de cómo el deseo se ha desplazado hacia objetos pequeños, accesibles y compartibles. El pasillo de cosmética del supermercado se ha convertido en un escaparate global donde conviven ciencia, marketing, imitación y promesas rápidas. La pregunta final no es si un producto de 3,50 euros funciona o no. La pregunta es qué esperamos de él. Como recuerda Almudena Nuño, cuidar la piel no es una compra impulsiva, sino un proceso. Todo lo demás —viralidad incluida— es ruido. Imagen | Freepik Xataka | Hay un motivo por el que Mercadona se ha llenado de geles, champús y cremas que copian a las marcas de lujo: el "dupe" - La noticia Mercadona se ha convertido en el líder silencioso de la cosmética en España: y eso incluye los productos de Corea fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .
Mercadona se ha convertido en el líder silencioso de la cosmética en España: y eso incluye los productos de Corea

Cómo Deliplus, TikTok y la cosmética coreana han convertido la belleza en una caza del tesoro entre la charcutería y los preparados

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Alba Otero

Editora - Energía

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Entrar al Mercadona y encontrar estantes vacíos en la sección de cosmética ya no sorprende. Lo que antes era una compra casi automática —gel, desodorante, una crema básica— se ha transformado en una caza del tesoro impulsada por las redes sociales: productos de 3,50 euros se agotan, se recomiendan como si fueran alta gama y generan vídeos con millones de visualizaciones. No ocurre en una perfumería especializada ni en Sephora, sino entre los preparados y la charcutería.

En el último año y medio, la marca blanca Deliplus ha pasado de ser una opción funcional y barata a convertirse en uno de los grandes motores del skincare en España. Y no solo por precio. Lo que está ocurriendo en los pasillos de Mercadona es el síntoma visible de algo más profundo: un cambio en la forma de consumir belleza, en la percepción del lujo y en la influencia creciente —y ya estructural— de la cosmética coreana.

Antes de que la estética coreana se hiciera explícita en sus lanzamientos, Mercadona ya llevaba tiempo entrenando a su consumidor en otra lógica. En los últimos dos años, Deliplus ha intensificado su presencia con productos que van mucho más allá del cuidado básico: sérums con promesas botox-like, parches, tratamientos faciales, perfumes inspirados en grandes casas y cosméticos diseñados para funcionar como dupes de la alta gama.

La estrategia es detectar tendencias, replicarlas rápido y colocarlas en un entorno cotidiano y masivo, donde el precio bajo reduce casi a cero el riesgo percibido de compra. El resultado no es solo volumen de ventas, sino un fenómeno cultural: el pasillo de cosmética del supermercado convertido en un nuevo escaparate aspiracional. Probar deja de ser una decisión meditada y pasa a ser un gesto impulsivo. Es sobre esta base —una marca ya acostumbrada a la viralidad, al dupe y al consumo inmediato— donde los códigos de la cosmética coreana encajan con especial facilidad.

En XatakaHay algo aún más rentable para Mercadona que la comida preparada: la fiebre por Deliplus y las imitaciones de cosmética de lujo

El asentamiento del K-Beauty

La cosmética coreana, conocida como K-Beauty, no se ha impuesto solo por sus productos, sino por una combinación de industria, cultura y marketing digital que lleva más de una década expandiéndose fuera de Corea del Sur. En términos económicos, Corea se ha consolidado como una de las grandes potencias cosméticas del mundo. Desde el año pasado compite directamente con gigantes históricos como Francia o Estados Unidos. La K-Beauty ha dejado de ser una moda de nicho para convertirse en una fuerza estructural del mercado global, con presencia en farmacias, grandes almacenes y supermercados europeos.

Pero su éxito va más allá de las cifras. Corea ha sabido vender una idea concreta de belleza: frente al enfoque occidental tradicional, más correctivo y centrado en tratar problemas visibles, la cosmética coreana ha construido su relato alrededor de la prevención, el cuidado de la barrera cutánea y la constancia desde edades tempranas. No se trata de tapar imperfecciones, sino de evitar que aparezcan. De ahí conceptos aspiracionales como la glass skin: una piel luminosa, uniforme y saludable.

Este enfoque encaja especialmente bien en la lógica del algoritmo. Rutinas paso a paso, formatos visuales, activos con nombres reconocibles y resultados fotogénicos convierten la K-beauty en contenido perfecto para TikTok e Instagram. A esto se suma el peso cultural del Hallyu u "ola coreana": música, series y estética que refuerzan la asociación entre Corea e innovación cosmética. Mercadona no adopta esta filosofía en toda su complejidad, pero sí traduce sus códigos al consumo masivo europeo: sticks, esencias, productos "todo en uno", lenguaje de activos estrella y promesas visibles en poco tiempo. 

Lo coreano funciona aquí como un atajo cultural: evoca cuidado, modernidad y eficacia sin necesidad de explicar todo el sistema detrás. Uno de los ejemplos más claros es la Mascarilla facial stick Facial Clean detox & iluminador, que cuesta 3,50 euros. Según explica Trendencias, se trata de una mascarilla en barra —muy habitual en la cosmética asiática— cuyo formato y mensaje de resultados rápidos explican buena parte de su éxito. Sin embargo, frente a la narrativa del "funciona a todo el mundo", aparece la primera fisura cuando entra en juego el criterio dermatológico.

"No hay cremas milagro": la advertencia que no se viraliza

La dermatóloga Almudena Nuño, a quien hemos entrevistado, lo deja claro desde el principio: no existen productos universales ni milagrosos. "Un mismo cosmético puede ser maravilloso para una persona y desastroso para otra", explica. La diferencia no está en el precio ni en la viralidad, sino en el tipo de piel, en los hábitos y en el resto de productos que se estén utilizando.

En el caso concreto de este tipo de mascarillas con arcillas, Nuño subraya que pueden ir bien en pieles mixtas o grasas porque ayudan a absorber sebo y matificar, pero pueden resultar irritantes en pieles sensibles o con patología previa. "Cuando ves opiniones totalmente opuestas —a unos les encanta y a otros les destroza la piel— no es porque el producto sea bueno o malo, sino porque se está usando sin criterio". Para la dermatóloga, este es uno de los grandes problemas del skincare viral: la promesa de un resultado inmediato desvinculada del contexto de uso.

La mascarilla en stick no es una excepción. En los últimos meses, Mercadona ha lanzado esencias faciales, brumas hidratantes, productos con microcápsulas de ácido hialurónico y cosméticos que se colocan deliberadamente en pasos concretos de la rutina coreana —después del tónico y antes del sérum—. Ya no se vende solo una crema: se vende una forma de cuidarse la piel.

El problema, según Nuño, es que se intenta replicar un ritual completo con uno o dos productos. "La cosmética coreana funciona porque va acompañada de hábitos: protección solar estricta, constancia desde edades tempranas, cuidado de la alimentación, tratamientos médicos cuando toca. Aquí queremos el resultado sin todo lo demás".

Sin embargo, este fenómeno no puede entenderse sin el contexto económico y cultural. Mercadona ha perfeccionado lo que se ha denominado el lujo de pasillo: productos que recuerdan en textura, packaging o efecto a cosméticos de alta gama —Lancôme, Dior, Shiseido— eliminando la barrera del precio. No se compra solo un producto funcional; se compra la sensación de participar en una tendencia global.

Aquí entra de lleno el concepto de dupe, donde la imitación legal ha dejado de esconderse para convertirse en una seña de identidad generacional. Para muchos jóvenes, encontrar un producto que "hace lo mismo" por una fracción del precio no es una concesión, sino una victoria. El valor ya no está en el original, sino en el parecido y en poder contarlo en redes sociales.

Este comportamiento conecta con el microspending: pequeños gastos repetidos —un sérum de seis euros, una mascarilla viral, un iluminador barato— que ofrecen recompensa inmediata en un contexto donde otros grandes hitos de consumo, como la vivienda, parecen inalcanzables.

Asimismo, las redes sociales actúan como acelerador de todo el proceso. TikTok e Instagram no solo muestran productos: los legitiman. Una reseña positiva puede generar compras masivas en horas. Mercadona no necesita campañas tradicionales, el marketing lo hacen las propias usuarias grabando vídeos en el pasillo, comparando ingredientes y mostrando resultados inmediatos.

El problema, señala Nuño, es que TikTok no distingue tipos de piel. "La piel no funciona por modas. Es un órgano vivo que se regula solo. Cuando le ponemos demasiadas cosas, se defiende reaccionando". En consulta, la dermatóloga ve cada vez más pieles irritadas, sensibilizadas o "agotadas" por rutinas excesivas. Diez pasos, múltiples activos y combinaciones sin supervisión. "La regla básica en dermatología es muy simple: menos es más. Limpieza, protección solar cuando toca y activos bien elegidos. Todo lo demás suele ser exceso".

Este mensaje coincide con el de otras dermatólogas que han analizado productos virales de Mercadona en distintos medios: no es el bajo precio lo que debería generar desconfianza, sino la falta de criterio en el uso. Leer la lista de ingredientes, conocer el propio tipo de piel y no perseguir milagros sigue siendo más importante que cualquier tendencia.

Lo que ocurre en Mercadona no va solo de cremas. Habla de economía, de cultura digital y de cómo el deseo se ha desplazado hacia objetos pequeños, accesibles y compartibles. El pasillo de cosmética del supermercado se ha convertido en un escaparate global donde conviven ciencia, marketing, imitación y promesas rápidas.

La pregunta final no es si un producto de 3,50 euros funciona o no. La pregunta es qué esperamos de él. Como recuerda Almudena Nuño, cuidar la piel no es una compra impulsiva, sino un proceso. Todo lo demás —viralidad incluida— es ruido.

Imagen | Freepik

Xataka | Hay un motivo por el que Mercadona se ha llenado de geles, champús y cremas que copian a las marcas de lujo: el "dupe"

Fuente original: Leer en Xataka
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