Hay que saber cómo se define el concepto y cómo compara esta época histórica con otras
Regala esta noticia Añádenos en Google Encapuchados en Dover (Reino Unido) en protesta contra la inmigración. (DPA) 12/09/2026 a las 23:21h.Mientras hablamos de polarización... se está repitiendo el siglo XX, aunque sin la URSS. La ultraderecha se ha llevado prácticamente la mitad de los votos ... del estado alemán Sajonia-Anhalt. La extrema derecha ya gobierna Italia desde hace años y a Meloni le crece competencia aún más a su derecha. Sus posiciones antimigratorias son las que se están contagiando a toda la UE y por eso analistas vaticinan que cada vez será más difícil migrar a Europa aunque los conflictos bélicos de los que huir aumenten y el cambio climático sea cada vez más un motivo para el desplazamiento de población. Esto también es lo que explica que si un país miembro de la UE sufre un problema como España en Ceuta, la respuesta que se propone entre los que debieran ser socios y solidarios entre sí es acabar con la libertad de movimientos con él. En Reino Unido, el Brexit, no se olvide, tenía como principal argumento la recuperación del control de las fronteras, por eso el adiós a la Unión y el auge electoral de Reform, el antiguo Ukip, de Nigel Farage. En ese país, en Dover, acabamos de asistir a cómo xenófobos encapuchados han bloqueado el puerto en protesta contra la inmigración. Veremos qué sucede en Francia, si a la enésima Le Pen llega al Elíseo y Schengen salta por los aires.
y Covite en España) advierten del incremento del terrorismo y la violencia de ultraderecha. Y, por último, Putin es ejemplo de una autocracia ultraconservadora expansionista en unos casos e intervencionista de tapadillo, en el resto.Pero hablamos de polarización. Un artículo del profesor de la Universidad de Amsterdam Pettet Törnberg publicado el pasado mes de julio en Cambridge University Press define el concepto: «Esta noción denota tres características: simetría entre partidos, la política como un espacio de opinión donde las posturas divergen y la repulsión mutua entre bandos opuestos». A su juicio, ninguna de ellas refleja la realidad actual. Lo que observa el experto es una transformación de la derecha política y, al tiempo, una respuesta por parte de partidos socialdemócratas y de centro-derecha opuesta a lo que ocurriría si hubiera una verdadera polarización: terminan adoptando los mismos presupuestos de sus adversarios políticos.
Contraste con un siglo atrás
Quizás la lectura de 'El cielo y las ruinas. Guerra, fascismo y revolución en Europa (de 1914 a la guerra de España' (Akal), el enorme libro del historiador Juan Andrade ayude a pensar, a relativizar, a mirar lo que acontece en el espejo del pasado. Andrade narra con una vibrante prosa, siempre buscando la complicidad del lector, apelándole, unos años turbulentos, los que transcurrieron entre la Primera Guerra Mundial y la Guerra Civil Española. Fue un tiempo de verdadera polarización en que al fascismo se le enfrentaba con revolución, y viceversa. Había noches de los cristales rotos, por un lado, y por otro, colectivizaciones forzosas, estatalizaciones y sovietización. Hablar de polarización, al menos en este párrafo, no implica realizar una equiparación moral de las posiciones y actuaciones de unos y otros, sino que sólo alude a la separación, a la extrema diferenciación, de las propuestas políticas de cada cual, cosa que el profesor Törnberg dice que no ocurre, sino más bien lo contrario, en la actualidad: de acuerdo a lo que él observa, la brecha ideológica se cierra... moviéndose hacia la derecha.
Pero hay cosas que sí dan mucho miedo. La primera suele ser muy recurrente en este espacio: cómo se hurta a algunas personas su condición de humanas, cómo se las deshumaniza, sí. Es reiterada la frase, pero vuelve a aparecer aquí: así empieza lo malo. Así y con una polarización que sí existe, y que no es la polarización política o ideológica, que podría tener amparo en la razón, en las convicciones o en los argumentos. La que sí hay y va en aumento es la polarización afectiva, anímica, sentimental, la que hace despreciar, a veces hasta odiar, al que se construye como diferente o como adversario. A ésta no la alimenta tanto la razón como las tripas. Y eso sí es muy peligroso, aunque el profesor Törnberg diga en su artículo que usar ese calificativo (afectiva) contribuye a vaciar de contenido el núcleo definitorio del sustantivo «polarización».
comentarios Reportar un error