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Mientras las ZBE se tambalean en los tribunales, la DGT trabaja con un radar que multa por lo que sale de tu escape

Mientras las ZBE se tambalean en los tribunales, la DGT trabaja con un radar que multa por lo que sale de tu escape
Artículo Completo 972 palabras
Un radar de emisiones de Opus Remote Sensing La DGT prepara el desembarco de una nueva generación de radares que no miden velocidad, sino los gases que salen del tubo de escape. Ya ha validado un respaldo legal, aunque todavía sin fecha de multas. Y llegan justo cuando las zonas de bajas emisiones atraviesan su momento más débil. Durante años, un radar solo te hacía una pregunta: ¿a qué velocidad vas? Eso empezó a cambiar hace unos años. Primero llegaron las cámaras que detectan si te saltas un semáforo, si usas el móvil o si llevas el cinturón puesto. Después, los radares que cuentan cuántas personas van en el coche en los carriles reservados a vehículos compartidos y los de línea continua. Ahora la DGT y otros organismos de tráfico quieren sumar un nuevo tipo, y esta vez no vigila cómo conduces, sino lo que tu coche echa por el tubo de escape. Mientras el modelo de «prohibir la entrada según la pegatina de tu coche» se tambalea, gana terreno otra idea: vigilar lo que realmente contamina en cada momento, esté donde esté Se llaman radares de emisiones, y funcionan sin que tengas que parar el coche: analizan en segundos el humo que sale del tubo de escape y calculan cuánto contamina cada vehículo que pasa. Una norma técnica publicada este año, la UNE 82509:2026, es la que por primera vez permite que esas mediciones tengan validez legal en España. Llegan, además, en un momento muy concreto: el de unas zonas de bajas emisiones (las ZBE, los distritos de las ciudades donde no puede entrar cualquier coche) que están perdiendo fuerza, entre sentencias judiciales y una crisis de transporte que nadie esperaba. Un radar que todavía no tiene fecha para multar Antes de nada, una aclaración importante: pese a los titulares que hablan de «nuevo radar que va a multar», estos sistemas siguen en fase de pruebas. La Unión Europea todavía está negociando la ley que obligaría a todos los países a instalarlos. En España, la nueva norma técnica permite usarlos, pero no ha empezado a haber sanciones. La empresa española que fabrica estos radares, Opus Remote Sensing, lleva meses probándolos sin que exista todavía una fecha oficial para que empiecen a multar. ¿Y por qué tanto interés en desarrollarlos? Porque, según datos de la Comisión Europea, solo el 2 % de los coches genera más del 40 % de la contaminación que produce el tráfico. La idea de estos radares es precisamente esa: perseguir a ese pequeño grupo de coches muy contaminantes, no multar a todo el mundo por igual. Los vehículos con más de 10 años de antigüedad son los más habituales en las ciudades. ¿Por qué las ZBE están en horas bajas? Mientras tanto, el modelo que lleva años siendo la principal herramienta contra la contaminación en las ciudades españolas atraviesa un momento débil, y no solo por los tribunales. El 20 de enero de 2026, un desprendimiento de tierra provocado por fuertes lluvias hizo caer un muro sobre las vías cerca de Gélida (Barcelona), lo que obligó a parar toda la red de Rodalies para revisar que todo estuviera seguro. El caos que generó esa interrupción llevó a varios municipios catalanes a suspender temporalmente las multas de sus zonas de bajas emisiones, para no castigar a quienes se vieron obligados a usar el coche mientras se restablecía el servicio de trenes. Madrid, por su parte, tiene un problema distinto: los tribunales anularon su normativa original sobre la zona de bajas emisiones, así que el ayuntamiento tuvo que aprobar una nueva en marzo. Desde el 7 de abril, esa norma permite que los coches sin etiqueta ambiental empadronados en Madrid sigan circulando de forma temporal, al menos hasta finales de año. Dos sucesos que demuestran que la población no está aún preparada para dejar atrás vehículos antiguos responsables de una mayor cantidad de emisiones contaminantes en uso. Dos sucesos que, también, evidencian que las administraciones son perfectamente conscientes de ello. Dos formas distintas de perseguir la contaminación Aquí está la clave de todo esto: mientras el modelo de «prohibir la entrada según la pegatina de tu coche» se tambalea —por sentencias como la de Madrid, por causas de fuerza mayor en Cataluña—, gana terreno otra idea: vigilar no el distintivo de tu coche, sino lo que realmente contamina en cada momento, esté donde esté. No importa si entras o no en una zona de bajas emisiones: si tu coche contamina mucho, el radar de emisiones te detectaría igualmente en cualquier carretera. Ese margen que se han dado los ayuntamientos —suspender la multa antes que dejar a miles de personas sin manera de moverse— retrata el límite real de las ZBE: exigen a todo el mundo el mismo sacrificio, cambiar de coche o quedarse fuera, y ese sacrificio deja de ser exigible en cuanto aprieta la necesidad. Ahí es donde el radar de emisiones juega con otra baraja: no le pide a nadie que renueve su coche ni fija un año de fabricación como frontera. Solo señala al 2 % de vehículos que, según la Comisión Europea, genera más del 40 % de la contaminación real del tráfico. En cualquier caso, la siguiente pregunta sigue estando presente: ¿es la respuesta adecuada a la realidad presente en las ciudades españolas?
Mientras las ZBE se tambalean en los tribunales, la DGT trabaja con un radar que multa por lo que sale de tu escape

La DGT prepara el desembarco de una nueva generación de radares que no miden velocidad, sino los gases que salen del tubo de escape. Ya ha validado un respaldo legal, aunque todavía sin fecha de multas. Y llegan justo cuando las zonas de bajas emisiones atraviesan su momento más débil.

Un radar de emisiones de Opus Remote SensingDavid Plaza[email protected]

Publicado: 27/07/2026 17:00

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Durante años, un radar solo te hacía una pregunta: ¿a qué velocidad vas? Eso empezó a cambiar hace unos años. Primero llegaron las cámaras que detectan si te saltas un semáforo, si usas el móvil o si llevas el cinturón puesto.

Después, los radares que cuentan cuántas personas van en el coche en los carriles reservados a vehículos compartidos y los de línea continua. Ahora la DGT y otros organismos de tráfico quieren sumar un nuevo tipo, y esta vez no vigila cómo conduces, sino lo que tu coche echa por el tubo de escape.

Se llaman radares de emisiones, y funcionan sin que tengas que parar el coche: analizan en segundos el humo que sale del tubo de escape y calculan cuánto contamina cada vehículo que pasa. Una norma técnica publicada este año, la UNE 82509:2026, es la que por primera vez permite que esas mediciones tengan validez legal en España.

Llegan, además, en un momento muy concreto: el de unas zonas de bajas emisiones (las ZBE, los distritos de las ciudades donde no puede entrar cualquier coche) que están perdiendo fuerza, entre sentencias judiciales y una crisis de transporte que nadie esperaba.

Un radar que todavía no tiene fecha para multar

Antes de nada, una aclaración importante: pese a los titulares que hablan de «nuevo radar que va a multar», estos sistemas siguen en fase de pruebas. La Unión Europea todavía está negociando la ley que obligaría a todos los países a instalarlos.

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En España, la nueva norma técnica permite usarlos, pero no ha empezado a haber sanciones. La empresa española que fabrica estos radares, Opus Remote Sensing, lleva meses probándolos sin que exista todavía una fecha oficial para que empiecen a multar.

¿Y por qué tanto interés en desarrollarlos? Porque, según datos de la Comisión Europea, solo el 2 % de los coches genera más del 40 % de la contaminación que produce el tráfico. La idea de estos radares es precisamente esa: perseguir a ese pequeño grupo de coches muy contaminantes, no multar a todo el mundo por igual.

Los vehículos con más de 10 años de antigüedad son los más habituales en las ciudades.

¿Por qué las ZBE están en horas bajas?

Mientras tanto, el modelo que lleva años siendo la principal herramienta contra la contaminación en las ciudades españolas atraviesa un momento débil, y no solo por los tribunales.

El 20 de enero de 2026, un desprendimiento de tierra provocado por fuertes lluvias hizo caer un muro sobre las vías cerca de Gélida (Barcelona), lo que obligó a parar toda la red de Rodalies para revisar que todo estuviera seguro. El caos que generó esa interrupción llevó a varios municipios catalanes a suspender temporalmente las multas de sus zonas de bajas emisiones, para no castigar a quienes se vieron obligados a usar el coche mientras se restablecía el servicio de trenes.

Madrid, por su parte, tiene un problema distinto: los tribunales anularon su normativa original sobre la zona de bajas emisiones, así que el ayuntamiento tuvo que aprobar una nueva en marzo. Desde el 7 de abril, esa norma permite que los coches sin etiqueta ambiental empadronados en Madrid sigan circulando de forma temporal, al menos hasta finales de año.

Dos sucesos que demuestran que la población no está aún preparada para dejar atrás vehículos antiguos responsables de una mayor cantidad de emisiones contaminantes en uso. Dos sucesos que, también, evidencian que las administraciones son perfectamente conscientes de ello.

Dos formas distintas de perseguir la contaminación

Aquí está la clave de todo esto: mientras el modelo de «prohibir la entrada según la pegatina de tu coche» se tambalea —por sentencias como la de Madrid, por causas de fuerza mayor en Cataluña—, gana terreno otra idea: vigilar no el distintivo de tu coche, sino lo que realmente contamina en cada momento, esté donde esté.

No importa si entras o no en una zona de bajas emisiones: si tu coche contamina mucho, el radar de emisiones te detectaría igualmente en cualquier carretera.

Ese margen que se han dado los ayuntamientos —suspender la multa antes que dejar a miles de personas sin manera de moverse— retrata el límite real de las ZBE: exigen a todo el mundo el mismo sacrificio, cambiar de coche o quedarse fuera, y ese sacrificio deja de ser exigible en cuanto aprieta la necesidad.

Ahí es donde el radar de emisiones juega con otra baraja: no le pide a nadie que renueve su coche ni fija un año de fabricación como frontera. Solo señala al 2 % de vehículos que, según la Comisión Europea, genera más del 40 % de la contaminación real del tráfico.

En cualquier caso, la siguiente pregunta sigue estando presente: ¿es la respuesta adecuada a la realidad presente en las ciudades españolas?

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