Hay una prueba de fuego para los ministros. Cuando acuden a las ruedas de prensa posteriores al Consejo de Ministros y pasan una hora o más tiempo poniendo cara seria, asintiendo en alguna ocasión, con mirada de interés, mientras la preguntas se dirigen a la portavoz del Ejecutivo sobre todo lo que suponen las investigaciones judiciales que cercan al Ejecutivo. Miran sus notas, echan un vistazo al móvil, se busca alguna mirada de complicidad, ajustan el micro que no activan... Tiempo eterno. Es uno de las daños colaterales: la acción de Gobierno queda opacada. Silenciada.
La Moncloa está inmersa en un ejercicio de resistencia. Tratar de aguantar hasta el verano, en plena tormenta judicial -caso mascarillas, caso Zapatero, caso cloacas del PSOE, caso Begoña Gómez, caso David Sánchez...- para ver si el descanso estival concede una tregua y pueden trazar un replanteamiento de cara a la vuelta al curso. La última muesca, la reprimenda del Poder Judicial, que muestra su "preocupación" por los ataques a las actuaciones judiciales por parte de "cualificados responsables de altas instuticones del Estado". En Moncloa, los periodistas han preguntado explícitamente si creen que existe un "linchamiento" contra ellos, si comparten la tesis expuesta por algún ministro de que hay una operación para "derribar" al Ejecutivo. "Por supuesto que respaldamos esas declaraciones", ha sostenido Elma Saiz, portavoz del Gobierno, tras la reunión del Consejo de Ministros.
"No somos ingenuos", ha añadido, "cuando vemos determinados hechos que protagoniza el PP, como que el líder de la oposición anuncie públicamente determinados procedimientos judiciales que sólo él parece conocer y que luego pasan, o que el director de gabinete de Isabel Díaz Ayuso anuncie procedimientos y condenas como en el caso del fiscal general".
En La Moncloa hablan de "respeto profundo a la Justicia", de que "la Justicia haga Justicia", pero, al tiempo, no se dan aludidos por la reprimenda de Poder Judicial. "Es perfectamente compatible manifestar el respeto profundo a la Justicia, a su independencia y a la colaboración con la Justicia, con, en determinados momentos, criticar algún tipo de fallo o sentencia o que haya casualidades temporales que llamen la atención". Y es que en el complejo presidencial asumen la teoría del "van a por nosotros", que está muy presente en Ferraz y que explican desde el núcleo duro de Sánchez. El propio presidente del Gobierno ha hecho un llamamiento a los suyos a resistir y a revolverse contra aquellas actuaciones judiciales con las que no se comulgue. La sensación que tienen es que los tiempos de la Justicia son más rápidos cuando afectan al PSOE que cuando incumben al PP.
"Es perfectamente compatible la libertad de expresión y no compartir determinados fallos con ese respeto y dejar que la Justicia haga Justicia", ha reflexionado Saiz. "Hay épocas en las que no era así pero se han dejado atrás", ha añadido, en alusión, por ejemplo, al caso Kitchen, que ahora se está juzgando y que supuso usar recursos del Estado para frenar investigaciones y espiar a rivales. En el Gobierno no ha sentado bien que las últimas actuaciones judiciales ordenadas -el caso Zapatero, con el auto del juez y los registros, o la entrada de la UCO en Ferraz- hayan coincidido precisamente con el desarrollo de esta trama corrupta que se llevó a cabo bajo el mandato de Mariano Rajoy. El ex presidente del PP no está imputado y acudió a declarar en calidad de testigo.