Juan Tamariz .
El Cultural Muere a los 83 años el mago Juan Tamariz, gran símbolo del ilusionismo en EspañaLa noticia la ha compartido su hija, la también ilusionista Ana Tamariz, por Instagram.
Más información: Qué fue de Juan Tamariz, el mítico mago de la televisión que gritaba "¡Chan, tatachán!" e inculcó su pasión a su hija Ana
Ángel Mora Publicada 18 agosto 2026 19:15h Actualizada 18 agosto 2026 20:31hEl mago Juan Tamariz ha fallecido este martes a los 83 años, según ha confirmado su hija Ana en una publicación de Instagram.
"Con inmensa tristeza, hoy me despido de mi padre, una persona increíble, muy querida y admirada por todos. Agradecidísima por todo el amor que me dio y por todo el amor a la Magia que nos regaló", ha lamentado en la foto compartida.
Ana Tamariz, que dirige una Gran Escuela de Magia en Madrid, en donde difunde las enseñanzas de su padre, añade que su recuerdo y "su inconmensurable obra estarán siempre con nosotros", y da las gracias a todos los magos, amigos y familiares que le han acompañado a lo largo de toda su vida "¡hasta el último día!", añade.
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También muestra su agradecimiento a la residencia Ballesol, a los hospitales Clínico y Cruz Roja "y a los chicos de las ambulancias, todos con un corazón enorme".
Nacido en el Madrid que todavía se relamía las heridas de la posguerra en 1942, Tamariz desarrolló una devoción muy particular por los juegos de magia desde la más tierna infancia.
Sin embargo, antes de comenzar su carrera profesional como cartomago, ilusionista y experto en toda clase de artificios, empezó a estudiar Físicas tras el bachillerato con la intención de, más adelante, estudiar dirección en la Academia de Cine.
Pero, aunque tuvo el honor de dirigir a una joven Carmen Maura en el cortometraje El espíritu, debut de ambos, su carrera, como el río desbocado que vuelve a su cauce cuando las aguas se calman, pronto fue hacia donde siempre había tenido que ir: hacia su gran pasión, hacia el placer de dejar a su público boquiabierto y preguntándose cómo demonios había hecho eso.
Lo cierto es que Tamariz nunca había dejado aparcado amor por la magia. A los 16 años intentó ingresar por primera vez en la Sociedad Española de Ilusionismo (SEI), cuya entrada le denegaron por un simple asunto de normativas: se debía tener 20 años para ser miembro de la organización, por lo que ni siquiera le permitieron hacer el examen de acceso. Cumplidos los 18 lo volvió a intentar, y esta vez sí que le dejaron examinarse, causando tal impresión en el jurado que hicieron una excepción permitiéndole ingresar pese a estar por debajo de la edad exigida.
En el SEI, conoció al que sería su gran amigo y defensor, Juan Antón, con quien formó el número de Los mancos, una dupla que recibía tal nombre porque en su espectáculo cada uno de los integrantes usaba tan solo una mano.
Houdini, el escapista que acercó la magia a la cienciaPronto comenzó a hacerse un nombre a nivel internacional en el mundo de la magia y la prestidigitación. En 1973 ganó el Premio Mundial de Cartomagia en el Congreso Mundial de Magia que se celebraba en París.
Fue en los años 80 cuando Tamariz se volvió un habitual de la televisión española. Su desgarbada figura y su sonrisa incombustible comenzó a verse en Un, dos, tres, responda otra vez.... A partir de entonces, su "¡Chan, tatachán!" comenzó a sonar cada vez con más frecuencia en los platós españoles.
Ya toda una autoridad en lo que a magia y otros maravillosos engaños se refiere, convenció a los grandes nombres del ilusionismo para actuar en aquella España que, a esas alturas, estaba volviendo a aprender qué era eso de la democracia.
En los últimos años, Tamariz había pasado a un relajado segundo plano, ya lejos de esos años de encadenar espectáculos con apariciones en programas de televisión en prime time. Confesaba, eso sí, mantener una baraja de cartas siempre a mano. En una entrevista que concedió a El Cultural en 2011, aseguraba todavía practicar "no menos de ocho horas". A lo que añadía, con su habitual inclinación al chascarrillo: "Hay días que como y otros que me ducho. Nunca a la vez".
Además de por ser un gran vanguardista del ilusionismo en un país que todavía tenía muy recientes las décadas de dictadura, a Tamariz se le recordará por su sentido del humor impenitente. Pese a ello, nos despedimos de él deseando que esta declaración dada a El Cultural acerca de su autoproclamada propensión a la reencarnación no fuera un chiste sino algo muy, pero que muy serio: "Vengo haciéndolo desde hace cinco sigletes. Fui amigo de Da Vinci y trabajé como astrólogo en Toledo".
Pues cuando vuelva a estar entre nosotros, que nos avise o que nos dé una señal. Quizás alguno de sus grandes trucos o uno sus "¡chan, tatachán!".