Pocas ideas tan poco inocentes han sido tan invocadas como la belleza. En 'El culto a la belleza', el CCCB aborda esa palabra cargada de promesas, mandatos y exclusiones a través de una exposición de tesis que evita la rigidez del argumento cerrado y ... despliega sus materiales como una experiencia física, crítica y enciclopédica.
Caminar por ella supone entrar en un libro abierto en el espacio, donde cada objeto, imagen y documento parece colocado para activar resonancias, fricciones y perspectivas inesperadas.
La cita parte de una pregunta aparentemente sencilla –¿qué entendemos por belleza?– para desmontar la falsa inocencia de un concepto cargado de historia, poder, deseo y mercado.
Creada originalmente en la Wellcome Collection de Londres por Janice Li, y adaptada en Barcelona por Blanca Arias y Júlia Llull, la versión del CCCB no se limita a trasladar el proyecto, sino que lo amplía con una lectura situada y con préstamos de proximidad procedentes de colecciones públicas y privadas, así como implicando a artistas cercanos. Ahí reside parte de su fuerza: en convertir una reflexión global en una trama próxima, capaz de cruzar industria, Historia del Arte, cultura visual y experiencia cotidiana.
Hay algo característico en las grandes exposiciones del centro: esa manera de construir itinerarios como paseos dentro de una enciclopedia perfectamente editada. Nada queda al azar. Las pausas, las vitrinas, los audiovisuales, los objetos históricos, las instalaciones y las obras contemporáneas se articulan evitando tanto el exceso ilustrativo como el espectáculo vacío. La materialidad está orquestada con inteligencia: esculturas, fotos, películas, cosméticos, prótesis, moldes, documentos, imágenes digitales y piezas generadas con IA conviven sin jerarquías rígidas. La belleza deja de ser una superficie para convertirse en un sistema de signos, presiones y resistencias.
El recorrido arranca con la potencia de los modelos fundacionales. La 'Venus Esquilina', el 'Idolino' o el 'Hermafrodito dormido' permiten entender cómo el canon clásico fijó cuerpos, géneros y deseos bajo la apariencia de proporción natural. Frente a esa supuesta estabilidad, las mal llamadas venus prehistóricas revelan la violencia de nuestras proyecciones sobre el pasado, mientras la animación de Cecilie Waagner Falkenstrøm, generada con IA y en transformación constante, desplaza la pregunta hacia el presente y el futuro tecnológico.
Uno de los aspectos más potentes de la muestra es la presencia de autoras que no aparecen como cuota, sino como columna vertebral de una lectura crítica del canon. En un tema históricamente construido sobre el cuerpo femenino como objeto de contemplación, resulta decisivo que tantas obras devuelvan la mirada desde la experiencia y la disidencia. Juno Calypso, Laura Aguilar, Regina José Galindo,Marina Vargas,Angélica Dass, Arvida Byström, Harriet Davey, Esther Ferrer o Narcissister no ilustran una teoría previa: la encarnan y la desplazan.
La exposición funciona especialmente bien cuando cruza generaciones, medios y procedencias sin convertir esa diversidad en catálogo complaciente. Una de sus relaciones más precisas aparece en el diálogo entre 'Autorretrato en el tiempo', de Esther Ferrer, donde la foto registra la transformación exterior del cuerpo con los años, y las imágenes de Yunping Li, que abordan la construcción de género desde el autorretrato y la puesta en escena. La belleza aparece ahí como duración, tránsito, insistencia y posibilidad de nombrarse.
Ese juego de correspondencias se multiplica. De la escultura clásica a las muñecas Barbie, la muestra traza una línea de tensión entre el cuerpo idealizado, el cuerpo comercializado y el cuerpo mutante. De los manuales de higiene y ejercicio a Nonell o Fortuny, pasando por las escenas hiperrealistas de Juno Calypso, el recorrido revela cómo cada época ha producido sus propias formas de disciplina, seducción y vigilancia.
Resulta especialmente revelador el apartado dedicado a cosmética, perfume e industria. Beauty Sensorium recupera recetas del Renacimiento y recuerda el papel olvidado de las mujeres como pioneras de la Química y la Botánica.
La colaboración con la Fundación Ernesto Ventós abre una vía olfativa que va de Tutankamón, Nerón o Napoleón a la perfumería moderna, mientras las imágenes de Parera, Puig o Gautier muestran cómo la industria empaqueta la belleza y la convierte en promesa de estatus, deseo o transformación. No es un desvío menor, sino una clave: la belleza también se fabrica, circula y se vende.
Comisarias: Janice Li, Blanca Arias y Júlia Llull
El valor de 'El culto a la belleza' reside en transformar un concepto familiar en una materia inestable. Al salir, la belleza ya no parece una cualidad, sino una disputa; no un ideal, sino un lenguaje aprendido; no una promesa de armonía, sino un lugar donde se cruzan violencia, placer, memoria, mercado y emancipación. Y quizá esa sea la mayor virtud de la muestra: obligarnos a mirar lo bello no como descanso de la mirada, sino como aquello que la incomoda, la educa y la libera.
España y EE UU renuevan el acuerdo para mantener el uso conjunto de la Base de Rota
Es oficial: ya hay fecha para la paga de verano de los pensionistas
El precio de los huevos desde hoy en los supermercados, de Mercadona a Carrefour
Las zonas de Andalucía que se verían inundadas por el mar en 2100 debido al calentamiento global
La empresa Meins recoge el guante de Perfumerías Avenida en el baloncesto de la ciudad
Sebastián Ramírez, abogado: «Cuando estás de baja médica cobras desde el día siguiente al hecho causante el 75%»
iPad, AirPods, Apple Watch y más: las rebajas llegan a Apple con descuentos en sus gadgets premium
La Aemet avisa de temperaturas de hasta 40 grados en varias zonas de España
Pedro Ruiz ve la imputación de Zapatero y es claro sobre su voto en las próximas elecciones
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.