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Economía

¡No hija, no!

¡No hija, no!
Artículo Completo 669 palabras
Los mismos en el PSOE que hace solo unos días presumían de que Pedro Sánchez no se plegaba ante Trump, miraban al techo y silbaban cuando pocas horas después se humillaba ante el condenado por sedición Oriol Junqueras (con el que ya se había reunido más veces a escondidas) para cerrar un acuerdo de financiación que no es otra cosa que una oscura transacción política a la que le han pintado rayas para que parezca técnica. Leer
OPINIÓN¡No hija, no! 15 ENE. 2026 - 00:23La vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero.Ananda ManjónEuropa Press

Los mismos en el PSOE que hace solo unos días presumían de que Pedro Sánchez no se plegaba ante Trump, miraban al techo y silbaban cuando pocas horas después se humillaba ante el condenado por sedición Oriol Junqueras (con el que ya se había reunido más veces a escondidas) para cerrar un acuerdo de financiación que no es otra cosa que una oscura transacción política a la que le han pintado rayas para que parezca técnica.

Esta es la contradicción sobre la que cabalga ahora mismo el sanchismo en España por haber querido gobernar a cualquier precio y sin legitimidad. ¿Sin legitimidad? Efectivamente, sin legitimidad.

Ningún acuerdo puede ser legítimo cuando se firma bajo coacción, descansa en el chantaje y no solo no obedece al interés general sino que quiebra principios básicos de igualdad. Y si para acceder al poder necesitas dar una amnistía, que habías dicho que era inconstitucional, a quien ha violado la Constitución intentando alterar la configuración del Estado, no hay legitimidad que valga.

Como no la hay si reformas el código penal a la medida de los delincuentes o cuando pisoteas las líneas rojas que juraste no cruzar y que son garantes de la solidaridad entre los territorios en España. El primer gran problema del acuerdo de financiación es que no es fruto de ningún consenso sino una concesión a medida del nacionalismo catalán, que ahora se intenta maquillar con concesiones a otros territorios y con pellizcos de sensatez para presentar el resultado final como bueno para todos.

El intento de blanquear el modelo va a fracasar porque descansa en enormes contradicciones. Lo define muy bien el fiscalista Francisco de la Torre cuando dice que "la ordinalidad que solo se aplica a Cataluña no es ordinalidad, es puro privilegio territorial".

Se notó demasiado cuando María Jesús Montero dijo que lo iba a explicar claro para que no lo entendiera nadie, como cuando el grandísimo Antonio Ozores hilaba palabras imposibles en frases inconexas. La diferencia es que lo primero afecta al corazón de nuestra convivencia y lo segundo forma parte del más genuino humor surrealista.

Eso sí. Entre el esperpento, tanto Montero como Ozores aportan expresiones mágicas que se complementan. Cuando Montero dice eso de que el acuerdo "blinda el Estado de Bienestar", habría que recurrir a Ozores para responderle aquello de "¡no hija, no!".

El Estado del Bienestar no se blinda achicando el Estado central con concesiones irreversibles a aquellos que pretenden dinamitarlo. La verdadera solidaridad depende de las aportaciones de los individuos que viven en los territorios, pero la aplica el Estado, que en esta ocasión queda en una situación cada vez más precaria. Justo lo que pretende el nacionalismo para romper.

Lo que se le da a los nacionalistas lo pierden Aragón o Castilla León. Los más cercanos a Sánchez, enfrascados como están en la defensa del muro, se engañan diciendo que esto debe ser bueno porque hace rabiar a la derecha, pero la realidad es bien distinta. Lo que provoca esta deriva es el hundimiento del Partido Socialista y de toda la izquierda española.

Un proceso que viene acompañado de una degradación institucional que ya está teniendo consecuencias y que es percibida por cada vez más gente, que está ejerciendo ya su rechazo. Las elecciones en Extremadura son solo un adelanto de lo que está por venir.

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Fuente original: Leer en Expansión
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