Formarse para lo imprevisible. Cómo prepararse para las profesiones que nacerán con la IA y que hoy todavía no tienen nombre
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Regala esta noticia Añádenos en Google (Adobe Stock) 09/06/2026 Actualizado a las 20:09h.Pasó la PAU, tanta paz lleve como descanso deja, y ahora llega el dilema de las notas de corte y la eterna pregunta de '¿qué ... vas a estudiar?'. Una pregunta clásica que –buena noticia para los indecisos, el 39% de los chavales– resulta que ya no tiene mucho sentido, si es que lo tuvo alguna vez. Porque resulta que «no tener clara la vocación a los 17 o 18 años no solo es normal, sino que es lo esperable. De hecho, deberíamos preocuparnos más cuando ocurre lo contrario», según explica Laia Lluch, profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC. «La adolescencia es una etapa de exploración», añade. Y esto es así a nivel neurobiológico. «Pedirle a una persona de diecisiete años que tome una decisión que se le presenta como definitiva para su vida es pedirle algo que su cerebro todavía está aprendiendo a hacer». Pero sobre todo es algo que no tiene mucho sentido «porque hoy en día ninguna decisión es definitiva y menos las relacionadas con las carreras profesionales», cuando, con la irrupción de la IA, «muchas profesiones van a desaparecer, otras van a cambiar radicalmente y van a surgir otras nuevas que todavía no conocemos».
Para navegar por esta incertidumbre, Lluch propone a los jóvenes sustituir la «búsqueda de una vocación única» por un análisis basado en cinco ejes estratégicos que permiten tomar una decisión más honesta y menos idealizada sobre su futuro:
Primero, tener en cuenta sus intereses reales y no idealizados: «Se trata de observar en qué actividades perdemos el tiempo sin darnos cuenta y, sobre todo, identificar qué es lo que tenemos claro que no nos gusta hacer».
Segundo, fijarse en las capacidades demostradas: « ¿En qué áreas nos ha ido razonablemente bien cuando lo hemos intentado en serio?»
En tercer lugar están los valores: «Se trata de plantearse qué impacto queremos causar con nuestro trabajo y ser conscientes de lo que no estamos dispuestos a aceptar».
El cuarto «eje a tener en cuenta es el tipo de vida deseada: ¿Qué ritmo de trabajo imaginamos? ¿En qué entorno y con qué grado de exposición pública nos sentimos cómodos?».
El quinto aspecto es el encaje con el contexto real: «No se puede ignorar la realidad económica, geográfica y las condiciones de acceso. Elegir solo por interés sin mirar la realidad es idealizar; elegir solo por salidas laborales sin anclaje personal suele llevar al abandono».
Prepararse para lo inexistente
Con la irrupción de la inteligencia artificial, el panorama laboral ya no es solo complejo, sino mutable. Elegir una carrera pensando en un puesto concreto es «trabajar para un escenario que probablemente ya no exista al graduarse. Un ejemplo claro es la programación: hace cinco años era la profesión estrella, pero hoy la IA generativa ha transformado radicalmente lo que significa 'saber programar'», observa Lluch.
Por ello, la clave está en ·trabajar las competencias transversales o 'soft skills', aquellas que no pueden automatizarse: el pensamiento crítico, la resiliencia, el trabajo colaborativo y, por encima de todo, la capacidad de aprender a aprender. La pregunta ya no es qué quiero ser, «sino con qué herramientas quiero transformarme en las próximas décadas».
Otra cuestión importante: no pasa nada si cambiamos de planes sobre la marcha y le damos un 'volantazo' a nuestra carrera. Eso no es un fracaso. «Debemos normalizar que elegir estudios no es una sentencia de por vida», puntualiza la experta. «En España, el 22% de los universitarios abandona en el primer año. De ellos, muchos simplemente deciden cambiar de carrera. Esto no es un fracaso, sino una muestra de madurez: el error aporta información valiosa sobre uno mismo. Elegir bien hoy no es acertar a la primera, sino aprender a decidir, a equivocarse y a volver a empezar», añade.
Hoy el abanico no solo es amplio, sino que también es flexible y ofrece 'pasarelas': dobles grados, microcredenciales o formación dual que permiten rectificar el rumbo. «La narrativa del 'tren que pasa solo una vez' es cosa del pasado. Estamos en la era del aprendizaje a lo largo de toda la vida». Estos días se conocen las notas de la PAU. Si todavía no sabes qué elegir, el consejo de Laia Lluch es simple: «Ten muy claro lo que no quieres ser». Acotar el embudo eliminando lo que rechazas ayuda a ver las opciones restantes con más claridad. «Al final, lo importante no es la carrera que elijas hoy, sino mantener las ganas de seguir aprendiendo y la capacidad de rediseñar tu camino tantas veces como sea necesario».
Algunas opciones
Nota de corte baja y mucho empleo: Existe la creencia de que una nota de corte baja equivale a un futuro laboral incierto. Sin embargo, los datos de la Fundación CYD revelan una realidad distinta: varias titulaciones con un acceso mínimo de 5 ofrecen tasas de empleo y estabilidad contractual muy por encima de la media. Es importante entender que la nota de corte no mide la dificultad de la carrera, sino el equilibrio entre la oferta de plazas y la demanda de alumnos. Mientras en Madrid o Barcelona las calificaciones se disparan –superando el 13 en dobles grados como Física y Matemáticas en la UAB–, en campus de otras provincias es posible acceder a grados altamente demandados con un aprobado justo.
5 con un 5: Un ejemplo claro es la Universidad de Huelva con cinco titulaciones que permiten el ingreso con una nota de corte de 5: Ingeniería Eléctrica, Ingeniería Mecánica, Ingeniería Energética, Ingeniería Agrícola e Ingeniería Química Industrial. En ese mismo campus, el grado de Ingeniería Informática tiene una nota ligeramente superior, un 5,5. Asimismo, en la Universidad de Oviedo, se puede entrar con un 5 en otras disciplinas como Ingeniería Electrónica Industrial y Automática, Ingeniería de Tecnologías Mineras e Ingeniería Geomática.
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