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Nuestras armas

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Nuestra memoria, incluso de los recuerdos más privados, nunca es del todo individual; eso que llamamos «memoria colectiva» se construye desde la pluralidad infinita de las memorias individuales

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Nuestras armas

Nuestra memoria, incluso de los recuerdos más privados, nunca es del todo individual; eso que llamamos «memoria colectiva» se construye desde la pluralidad infinita de las memorias individuales

Regala esta noticia Ilustración:. (Bea Crespo)

Edurne Portela

03/05/2026 a las 00:01h.

Hace unos días participé en un seminario organizado por Aulexna (Asociación del alumnado y exalumnado de la Diplomatura del Aula de la Experiencia de la ... Universidad Pública de Navarra) y la Cátedra del Patrimonio Inmaterial de Navarra de la misma universidad. En él están inscritas unas ochenta personas de más de cincuenta años, la mayoría mujeres. El título del seminario es 'Escritoras vascas actuales. Narrar lo común, habitar lo otro'. Con cada escritora -me dijeron que en lo que llevaban de curso ya habían estudiado a Katixa Agirre y Karmele Jaio- se centran en aquellos temas -o más bien preocupaciones, obsesiones- que guían su escritura. En mi caso, no podía ser de otra manera, estudiaron la memoria y la representación de la violencia. Pero no he venido aquí a hablar de mi li libro -o de mi literatura- sino a elaborar algunas de las reflexiones que me ha provocado esta experiencia. Animadas por las profesoras Vanina Vazquez y Andrea Caprarulo y el profesor Alfredo Asiáin, varias personas siguieron un consejo que he dado en algún escrito y más de una charla para contribuir a crear relatos sobre nuestra historia reciente: «trabajen y compartan sus memorias, atiendan a esos fantasmas del pasado que nos rodean y que nos piden que los recordemos y reconozcamos sus heridas». Como resultado, crearon un cuadernito en el que se recogen recuerdos, en su mayoría lejanos, en su mayoría dolorosos. No diré aquí sus nombres ni daré muchos detalles; algunos ni siquiera están firmados, así que entiendo que son relatos íntimos, escritos para ser leídos por una extraña, sí, pero solo una.

De un seminario surgió un cuaderno con relatos íntimos escritos para ser leídos por una extraña, si, pero solo una

Me explico. Uno de los textos narra un evento traumático repetido de la infancia, un tipo de maltrato psicológico que socaba la autoestima de la narradora y que, pasados los años, se reactiva al encontrarse, ya de adulta, con una persona que se parece a quien la maltrataba; otro habla sobre los miedos infantiles que, según pasa la vida, se convierten en otros miedos, ahora en el miedo a recordar; otro texto narra la multitud de fantasmas -recuerdos no domados- que viven en el interior de quien lo escribe: un fantasma le recrimina no haber actuado como debería, otro le muestra lo que no quiere ver, otro sin embargo le alimenta de esperanzas; un relato sobre una anciana que a veces se pierde en los laberintos de la memoria y llega siempre al mismo lugar: el orfanato de monjas en el que pasó su infancia, enferma y sin amor; un texto cuenta la muerte repentina de una madre, la falta de herramientas para superarla, de palabras para nombrarla, la inexistencia de ayuda psicológica en una España que acababa de emerger de la dictadura. Podríamos pensar que estas memorias únicamente reflejan procesos subjetivos y personales, y sin embargo están inscritos en una estructura de pensamiento y sentimiento, en una forma de ser en sociedad extendida y que ha calado en varias generaciones: la naturalidad con la que hasta hace poco hemos aceptado el maltrato psicológico y la violencia en la infancia; el silencio, la represión, el miedo y la culpa como pilares fundamentales de la educación sentimental de las generaciones que fuimos educadas en el franquismo y los primeros años de la democracia; la sombra alargada de las instituciones que dominaron la educación y la sociedad más allá del franquismo. Cualquier memoria, por privada que sea, se inscribe dentro de la densidad histórico-social y cultural de su época y nos abre la ventana a una interpretación múltiple: la del pasado y su construcción a través del tiempo hasta el momento en el que la persona recuerda. Como se ve claramente en estos textos, la memoria ha hecho un trabajo de recuperación y de interpretación: quien recuerda el maltrato infantil lo hace desde la experiencia de toda una vida; quien habla de la muerte de una madre hace cincuenta años lo hace con la sabiduría y la tranquilidad que le ha dado un duelo tardío.

Por último, la memoria que refiere a hechos o procesos que han marcado nuestra historia común ofrece una visión íntima que surge de la experiencia vital, que otorga otro tipo de densidad indispensable para el conocimiento de una época: la de los afectos y la del tejido subjetivo. Un texto del cuadernito se refiere al atentado que acaba con la vida de un padre y marca a su hijo para siempre: el lenguaje sencillo y expresivo, el dolor sin alarido, la herida abierta toda la vida. Un resumen de nuestra historia desde un duelo individual que nos interpela para que sea también colectivo. Las memorias de las personas que han sufrido una experiencia traumática que tiene que ver con procesos colectivos son fundamentales para crear un relato del pasado, tanto desde el punto de vista de la reconstrucción histórica como para elaborar eso que se ha venido llamar «memoria colectiva», que no es tanto la suma de memorias individuales, sino la producción, a partir de ellas, de un relato de memoria lo más inclusivo posible. Por eso es tan importante recoger la memoria «viva y vital», que diría Jorge Semprún, de las y los testigos de procesos traumáticos colectivos.

Tal vez quienes presentan este cuadernito tenían en mente los famosos versos de Gabriel Celaya: «la poesía es un arma cargada de futuro» porque la palabra y la memoria también lo son y ahí radica su importancia política, su capacidad de intervención en el presente. Hacemos y compartimos memoria para entendernos y entender el pasado, sí, pero no tanto porque nos importa el ayer, sino el hoy. Hay una frase del argentino Juan Gelman que siempre cito en estos contextos: «La memoria es memoria si es presente»y añado: el presente es presente si es memoria.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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