Asimismo, se aconseja priorizar los cereales integrales sobre los refinados. Productos como la avena, el pan integral o el arroz integral constituyen alternativas más saludables frente a opciones elaboradas con granos refinados, como el pan blanco o el arroz pulido.
En cuanto a las proteínas, se sugiere diversificar las fuentes y optar por aquellas de origen vegetal y con menor grado de procesamiento. Entre las alternativas recomendadas se encuentran los frijoles, las lentejas, los chícharos, así como los frutos secos y las semillas. También se promueve el consumo de pescado y mariscos, además de lácteos bajos en grasa o sin grasa. En el caso de la carne roja, se recomienda elegir cortes magros, evitar productos procesados y moderar el tamaño de las porciones.
La guía también enfatiza la importancia de reducir la ingesta de grasas saturadas, sustituyéndolas por grasas insaturadas presentes en alimentos como los frutos secos, las semillas, el aguacate y aceites vegetales no tropicales.
Otra de las pautas consiste en elegir alimentos lo más cercanos posible a su estado natural, con una mínima cantidad de ingredientes añadidos. En este sentido, se recomienda limitar al máximo el consumo de productos ultraprocesados, asociados con un mayor riesgo de enfermedades crónicas.
consumo de alcohol, ya que su ingesta excesiva puede elevar la presión arterial y aumentar el riesgo de diversos problemas de salud. En caso de consumirlo, se sugiere hacerlo con moderación.La Asociación aclara que estas recomendaciones no son prescriptivas ni restrictivas, sino orientativas. Su objetivo es ofrecer un marco flexible que permita a las personas adaptar un patrón de alimentación saludable de acuerdo con sus preferencias, necesidades, presupuesto y etapa de vida.
Asimismo, destaca que las enfermedades cardiovasculares pueden comenzar a desarrollarse desde etapas muy tempranas, incluso antes del nacimiento, lo que refuerza la importancia de adoptar hábitos saludables desde la infancia. Por ello, la guía recomienda iniciar una alimentación cardiosaludable desde el primer año de vida.
El documento también subraya que una dieta equilibrada debe complementarse con otros hábitos que promuevan el bienestar general, como la práctica regular de actividad física. “Las decisiones conscientes en todas las etapas de la vida pueden marcar una gran diferencia. Los padres y otros adultos pueden apoyar y servir como ejemplo de hábitos saludables para sus hijos, brindándoles así un inicio de vida más saludable”, afirmó Khera.
Esta perspectiva es compartida por Alice Lichtenstein, líder de la Directiva sobre Dieta y Prevención de Enfermedades Crónicas en el Centro de Investigación sobre Nutrición Humana Jean Mayer, quien concluye que “lo que consumes influye significativamente en el funcionamiento del organismo y en los cambios que experimenta con el paso del tiempo. Mantener una alimentación equilibrada puede favorecer la salud y el bienestar a lo largo de la vida, más allá del ámbito cardiovascular”.