Las alertas sobre posibles efectos nocivos no son del todo nuevas. La Escritura de Meditación Dharmatrāta es considerada la primera evidencia documentada de esta técnica. Según un artículo de Miguel Farias, profesor de psicología experimental en la Universidad de Coventry (en Reino Unido), este texto, redactado por una comunidad budista en la India hace más de 1,500 años, además de describir diversas prácticas de atención plena, menciona efectos posteriores a la meditación, entre ellos síntomas de depresión y ansiedad, así como anomalías cognitivas asociadas con episodios de psicosis, disociación y despersonalización.
Un estudio con monjes budistas descubre que la meditación altera la actividad cerebralestudio reciente publicado en The Lancet Psychiatry evaluó si la terapia cognitiva basada en mindfulness (MBCT, por sus siglas en inglés) podría ser una alternativa eficaz para pacientes con depresión, especialmente para quienes no mejoran con intervenciones psicológicas convencionales. La investigación, realizada con más de 200 personas cuyos síntomas no habían respondido a la terapia conversacional del Servicio Nacional de Salud británico, mostró que quienes participaron en ocho sesiones grupales de MBCT presentaron una disminución mayor de los síntomas en comparación con quienes recibieron el tratamiento habitual.De manera similar, un estudio publicado en 2022 estableció una relación directa entre el mindfulness y la red neuronal por defecto (RND). Esta red cerebral, integrada por regiones como la corteza prefrontal medial y la corteza cingulada posterior, ha despertado interés por su impacto en la salud mental. La RND define el estado “en reposo” del cerebro, que lejos de implicar inactividad, se asocia con la planificación del futuro, la evocación del pasado y un diálogo interno constante.
Se estima que las personas pasan el 47% del tiempo con la mente divagando, un fenómeno vinculado con mayores niveles de infelicidad percibida. El estudio encontró que prácticas como la atención plena reducen significativamente la actividad de esta red, disminuyen la rumiación mental y favorecen una reorganización del sentido del “yo”, haciendo al cerebro menos egocéntrico y autorreferencial.
El lado obscuro del mindfulness
Sin embargo, otros trabajos sostienen que los efectos adversos pueden ser más frecuentes de lo que se pensaba. A principios de la década, un macroanálisis de bases de datos evidenció que la aparición de eventos negativos durante o después de la meditación no es infrecuente y puede presentarse incluso en personas sin antecedentes psiquiátricos. Los investigadores revisaron estudios experimentales, observacionales y reportes de caso. De 6,742 registros identificados, 83 cumplieron los criterios de inclusión. El 65% de esos trabajos reportó al menos un evento adverso asociado con la meditación. La prevalencia global fue de 8.3%, lo que sugiere que casi una de cada 12 personas podría experimentar algún efecto indeseado.
En 2022, tras analizar a 953 estadounidenses que meditaban con frecuencia, un grupo de investigadores halló que más del 10% experimentó efectos adversos con impacto negativo significativo en su vida cotidiana durante al menos un mes. En una línea similar, una investigación financiada por Wellcome Trust evaluó la salud mental de más de 8,000 niños de 11 a 14 años en 84 escuelas del Reino Unido entre 2016 y 2018. Los resultados indicaron que la atención plena no mejoró el bienestar en comparación con el grupo de control, e incluso pudo resultar perjudicial para quienes ya estaban en riesgo de padecer problemas psicológicos.
Recibe en tu correo lo más relevante sobre innovación e inteligencia artificial con el newsletter de WIRED en español.ArrowDiversos expertos señalan que el problema podría agravarse a medida que coaches, videos, aplicaciones y libros han impulsado un mercado ampliamente lucrativo. Solo en Estados Unidos, la meditación genera alrededor de 2,200 millones de dólares.
Aunque suele promoverse como una herramienta exenta de riesgos, la evidencia científica indica que la realidad es más compleja. Parte del desafío radica en las limitaciones metodológicas de muchos estudios, como muestras pequeñas, ausencia de grupos de control o falta de seguimiento a largo plazo, lo que dificulta dimensionar con precisión tanto sus beneficios como sus posibles daños.
Jon Kabat-Zinn, uno de los principales impulsores del movimiento, reconoció en 2017 en entrevista con The Guardian que “el 90 % de la investigación [sobre los impactos positivos] es deficiente”. Además, la práctica implica la exploración de estados de conciencia inusuales cuyos mecanismos aún no se comprenden del todo.
Los especialistas coinciden en la necesidad de ampliar y robustecer la investigación. Como concluye un estudio que equipara los beneficios del mindfulness con la oración religiosa, el impacto de ambas prácticas en el bienestar depende en gran medida de la experiencia subjetiva.
El mindfulness, sostienen los expertos, posee un potencial significativo si se integra de manera equilibrada y realista como complemento —y no sustituto— de tratamientos médicos o psicológicos. Puede constituir una estrategia válida de autocuidado, siempre que se consideren con rigor sus fundamentos científicos, que aún continúan en proceso de consolidación.