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Internacional

Otra debacle mundial de Inglaterra: a la hora de la verdad, los tres leones fueron gatitos

Otra debacle mundial de Inglaterra: a la hora de la verdad, los tres leones fueron gatitos
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La maldición de los ingleses en el deporte que inventaron sigue viva. Aguantaron el partido sucio de Argentina, pero no aprovecharon el gol de ventaja. Bellingham y Kane no brillaron y Tuchel no encontró soluciones
Otra debacle mundial de Inglaterra: a la hora de la verdad, los tres leones fueron gatitos

La maldición de los ingleses en el deporte que inventaron sigue viva. Aguantaron el partido sucio de Argentina, pero no aprovecharon el gol de ventaja. Bellingham y Kane no brillaron y Tuchel no encontró soluciones

Regala esta noticia Añádenos en Google Bellingham, desolado tras la derrota. (AFP)

Javier Ansorena

Corresponsal en Nueva York

15/07/2026 Actualizado a las 23:41h.

La FIFA tuvo la ocurrencia de llevar al estadio de Atlanta a Michael Buffer para presentar el partido. Es el icónico anunciador de los grandes ... combates de boxeo en Las Vegas y voló desde la Ciudad del Pecado -el pecado es ante todo perder dinero de la manera más ridícula- a la Ciudad del Barro. Porque eso era Atlanta en el partido que Argentina le planteó a Inglaterra, en una semifinal histórica, cargada de peso emocional para ambos. Un partido al que deberían haber puesto dos rombos, si alguien se acuerda de ellos. Un partido a cara de perro. Un partido para crecer y decirle al mundo que llevas pelo en el pecho y estás listo para el mayor escenario. Inglaterra llevaba seis décadas de adolescencia en el Mundial, incapaz de llegar a la final desde la que ganó en casa en 1966.

Argentina buscó intimidar desde el canto del himno. Gritando a pleno pulmón, con el pecho hinchado, como los novios de la muerte de la Legión. Hasta los periodistas argentinos reconocían que Argentina salió a «ensuciar» el partido. Se contaban las faltas por minutos. Y lo que no eran faltas, porque en cada balón parado el fútbol era un festival de lucha canaria, collejas, empujones y teatro.

Resumen de la semifinal Inglaterra - Argentina.

Inglaterra tenía que demostrar compostura, ser capaz de no desarmarse ante los bocados de los argentinos. Jude Bellingham, los hombros sobre los que descansa el juego de Inglaterra, se rió la primera vez que Leandro Paredes acabó una falta con un golpe tardío. Cuando Enzo Fernández remató otra infracción con un golpe en el cuello de Eliot Anderson, a Bellingham se le quitaron ya las ganas de reír y bajó al barro.

En ese planteamiento, Inglaterra no pudo lucir su presunta calidad ofensiva. Harry Kane, su baluarte ofensivo, estuvo desaparecido. Tuvo que bajar en ocasiones casi hasta su propia área para lanzar alguna jugada de ataque. Bellingham tuvo acciones aisladas. Solo Anderson mostró cierto brillo en la destrucción, rebañando toda pelota que pasaba por su lado. Por fin, parecía justificar, al menos en parte, los 135 millones de euros que el Manchester City ha pagado al Nottingham Forest.

La cancha se limpió de barro en la segunda parte. Hubo más fútbol, lo que debería convenir a Bellingham, Kane, Anderson y el resto de talentosos ingleses. Pero quien dominó fue Argentina, más decidida. Inglaterra tuvo la suerte de sorprender en una contra, muy bien iniciada por Kane, y con la fortuna de que el centro de Morgan Rogers cayera al flanco más débil de Argentina, el que defendía Nahuel Molina. Lo aprovechó el nuevo culé Anthony Gordon.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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