Sabíamos que fármacos como Ozempic o Wegovy estaban cambiando la báscula de miles de personas alrededor del mundo sin tener que pasar por el quirófano, pero lo que no teníamos tan claro es cómo estaban transformando la cesta de la compra. Algo que afecta de lleno a la economía doméstica y a un cambio de hábitos que sin duda es el objetivo final de estos medicamentos.
Un nuevo estudio. Realizado en Dinamarca y publicado en JAMA Network Open ha puesto cifras a un fenómeno que los analistas de mercado llevaban tiempo intuyendo: estos medicamentos no solo reducen el apetito, sino que modifican estructuralmente qué compramos, cuánto gastamos y qué secciones del supermercado visitamos.
Su método. Hasta ahora, gran parte de lo que sabíamos sobre la dieta de los usuarios de GLP-1 provenía de lo que ellos mismos contaban en encuestas. El problema es que a veces los humanos mentimos o incluso nuestra memoria falla al recordar lo que de verdad se come en el día a día.
Para evitar este sesgo, un equipo liderado por Kathrine Kold Sørensen, del Hospital Universitario de Copenhague, decidió ir a la fuente de la verdad más objetiva: los tickets de compra.
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El resultado. El estudio ha analizado más de 2 millones de transacciones de 1.177 participantes daneses. Al comparar los recibos de antes y después de iniciar el tratamiento (entre 2019 y 2022), los investigadores detectaron un cambio de patrón evidente. Lo más destacado sin duda fue la reducción en la compra de ultraprocesados que cayó del 39,2% al 38%. Y aunque puede parecer poco, en el grupo de control sin el fármaco el consumo fue en aumento.
El hecho de reducir los ultraprocesados hizo que la cesta se llenara de comida real que aumentaron del 46.9% al 47.8%. Esto se combinó con que se compraran menos calorías por cada 100 gramos al reducir el azúcar, las grasas saturadas y los carbohidratos. Por contra, las proteínas comenzaron a aumentar.
Un golpe al bolsillo. Si el estudio danés se centra en la calidad nutricional, otros informes recientes ponen el foco en el impacto económico. Un estudio de la Universidad de Cornell publicado en diciembre de 2025, basado en datos de Numerator, revela que el impacto en el gasto es inmediato. En Estados Unidos en concreto los hogares con pacientes tomando Ozempic se redujo el gasto en supermercados aproximadamente un 5,5%.
Si desglosamos esta reducción, el gasto en snack salados, dulces, bollería industrial y galletas se desplomó entre un 10 y 11%. Por contra, se registró un ligero aumento en la compra de yogures, fruta fresca y barritas de proteínas.
Por qué no ocurre. La clave no es solo la fuerza de voluntad. Expertos españoles como Cristóbal Morales y Joana Nicolau, citados por el Science Media Centre España, explican que el mecanismo es fisiológico, ya que los fármacos actúan sobre el sistema de recompensa del cerebro.
En los estudios preclínicos en animales ya mostraban que, bajo los efectos del GLP-1 las ratas perdían sus preferencias habituales por alimentos que son ricos en grasas y azúcares. Esto en humanos se traduce en que el impulso de comprar, de comprar esa bolsa de patatas o ese refresco simplemente desaparece o se atenúa drásticamente.
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Si quieres un medicamento "milagro" para adelgazar, ya no recurres a Ozempic: la competencia está empezando a superarle
La letra pequeña. No todo son buenas noticias con respecto a estos fármacos, ya que como se ha repetido en diferentes ocasiones cuando se abandona el tratamiento, los patrones de compra revierten parcialmente hacia los anteriores. Es por ello que el cambio de hábito parece estar "alquilado" a la duración del tratamiento farmacológico.
Además, el estudio tiene limitaciones inherentes al diseño observacional, ya que no prueba casualidad directa y existe un posible "sesgo de selección". Y es que las personas dispuestas a compartir sus recibos de la compra y a iniciar estos tratamientos suelen estar más motivadas por la salud de partida o recibir asesoramiento nutricional paralelo.
Imágenes | Haberdoedas Ishaq Robin
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La noticia
Ozempic no solo quita el hambre, está reescribiendo el ticket del súper: adiós a los ultraprocesados y al gasto en snacks
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
.
Ozempic no solo quita el hambre, está reescribiendo el ticket del súper: adiós a los ultraprocesados y al gasto en snacks
La industria alimentaria también se ve afectada por el famoso tratamiento contra la obesidad
Sabíamos que fármacos como Ozempic o Wegovy estaban cambiando la báscula de miles de personas alrededor del mundo sin tener que pasar por el quirófano, pero lo que no teníamos tan claro es cómo estaban transformando la cesta de la compra. Algo que afecta de lleno a la economía doméstica y a un cambio de hábitos que sin duda es el objetivo final de estos medicamentos.
Su método. Hasta ahora, gran parte de lo que sabíamos sobre la dieta de los usuarios de GLP-1 provenía de lo que ellos mismos contaban en encuestas. El problema es que a veces los humanos mentimos o incluso nuestra memoria falla al recordar lo que de verdad se come en el día a día.
Para evitar este sesgo, un equipo liderado por Kathrine Kold Sørensen, del Hospital Universitario de Copenhague, decidió ir a la fuente de la verdad más objetiva: los tickets de compra.
El resultado. El estudio ha analizado más de 2 millones de transacciones de 1.177 participantes daneses. Al comparar los recibos de antes y después de iniciar el tratamiento (entre 2019 y 2022), los investigadores detectaron un cambio de patrón evidente. Lo más destacado sin duda fue la reducción en la compra de ultraprocesados que cayó del 39,2% al 38%. Y aunque puede parecer poco, en el grupo de control sin el fármaco el consumo fue en aumento.
El hecho de reducir los ultraprocesados hizo que la cesta se llenara de comida real que aumentaron del 46.9% al 47.8%. Esto se combinó con que se compraran menos calorías por cada 100 gramos al reducir el azúcar, las grasas saturadas y los carbohidratos. Por contra, las proteínas comenzaron a aumentar.
Un golpe al bolsillo. Si el estudio danés se centra en la calidad nutricional, otros informes recientes ponen el foco en el impacto económico. Un estudio de la Universidad de Cornell publicado en diciembre de 2025, basado en datos de Numerator, revela que el impacto en el gasto es inmediato. En Estados Unidos en concreto los hogares con pacientes tomando Ozempic se redujo el gasto en supermercados aproximadamente un 5,5%.
Si desglosamos esta reducción, el gasto en snack salados, dulces, bollería industrial y galletas se desplomó entre un 10 y 11%. Por contra, se registró un ligero aumento en la compra de yogures, fruta fresca y barritas de proteínas.
Por qué no ocurre. La clave no es solo la fuerza de voluntad. Expertos españoles como Cristóbal Morales y Joana Nicolau, citados por el Science Media Centre España, explican que el mecanismo es fisiológico, ya que los fármacos actúan sobre el sistema de recompensa del cerebro.
En los estudios preclínicos en animales ya mostraban que, bajo los efectos del GLP-1 las ratas perdían sus preferencias habituales por alimentos que son ricos en grasas y azúcares. Esto en humanos se traduce en que el impulso de comprar, de comprar esa bolsa de patatas o ese refresco simplemente desaparece o se atenúa drásticamente.
La letra pequeña. No todo son buenas noticias con respecto a estos fármacos, ya que como se ha repetido en diferentes ocasiones cuando se abandona el tratamiento, los patrones de compra revierten parcialmente hacia los anteriores. Es por ello que el cambio de hábito parece estar "alquilado" a la duración del tratamiento farmacológico.
Además, el estudio tiene limitaciones inherentes al diseño observacional, ya que no prueba casualidad directa y existe un posible "sesgo de selección". Y es que las personas dispuestas a compartir sus recibos de la compra y a iniciar estos tratamientos suelen estar más motivadas por la salud de partida o recibir asesoramiento nutricional paralelo.