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Padrino y Cabello, los 'chavistas duros' que lideran en Venezuela a 123.000 soldados, 220.000 milicianos y 8.000 reservistas

Padrino y Cabello, los 'chavistas duros' que lideran en Venezuela a 123.000 soldados, 220.000 milicianos y 8.000 reservistas
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Ambos encarnan los dos pilares —a veces complementarios, a veces rivales— sobre los que se sostiene el poder militar chavista: el núcleo profesional (Padrino) y el engranaje político y la seguridad nacional (Cabello). Más información: Delcy Rodríguez ofrece "cooperación" a EEUU tras amenazarla Trump con pagar "un precio mayor que Maduro"

Padrino López y Diosdado Cabello, dos figuras claves en la Venezuela post Maduro, junto a Delcy Rodríguez, actual presidenta encargada de Venezuela. Imagen generada por IA

Observatorio de la Defensa Padrino y Cabello, los 'chavistas duros' que lideran en Venezuela a 123.000 soldados, 220.000 milicianos y 8.000 reservistas

Ambos encarnan los dos pilares —a veces complementarios, a veces rivales— sobre los que se sostiene el poder militar chavista: el núcleo profesional (Padrino) y el engranaje político y la seguridad nacional (Cabello).

Más información:Delcy Rodríguez ofrece "cooperación" a EEUU tras amenazarla Trump con pagar "un precio mayor que Maduro"

Publicada 6 enero 2026 04:47h

Las claves nuevo Generado con IA

Vladimir Padrino López y Diosdado Cabello lideran los principales bloques de poder militar y político en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro.

Padrino controla las Fuerzas Armadas (123.000 soldados, 8.000 reservistas), mientras Cabello maneja el aparato de seguridad interna y la red de milicianos (unos 220.000 efectivos reales).

El equilibrio de poder entre ambos determinará el rumbo de Venezuela, con Delcy Rodríguez como presidenta provisional bajo tutela de Estados Unidos.

El futuro del chavismo dependerá de la cooperación o rivalidad entre Padrino y Cabello; si cooperan, habrá continuidad autoritaria, pero si compiten, aumentará la fragmentación interna.

La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos ha abierto en Venezuela un escenario de transición forzada, abrupta y cargada de incertidumbre, donde el eje del poder no se definirá por la legitimidad electoral ni por las instituciones.

El poder lo tendrá la hasta ahora vicepresidenta Delcy Rodríguez, tutelada por la Administración Trump. Pero para que esto pueda ser una realidad, se deberá apoyar en quien conserva aún la capacidad real de ejercer control coercitivo sobre el Estado en Venezuela:Vladimir Padrino López, ministro de Defensa y Diosdado Cabello, ministro de Interior y Justicia.

Ambos encarnan los dos pilares —a veces complementarios, a veces rivales— sobre los que se sostiene el poder militar duro del chavismo: el núcleo profesional (Padrino) y el engranaje político y la seguridad nacional (Cabello).

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El régimen sigue apoyado en un aparato esencialmente militar, donde la lealtad castrense continúa siendo su principal sostén pese a las tensiones internas.

La doctrina bolivariana —una fusión de socialismo, nacionalismo y discurso antiimperialista—, sembrada por Hugo Chávez, aún define el pensamiento y la estructura de las Fuerzas Armadas venezolanas.

Las cifras sobre el tamaño real de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) varían según la fuente y el grado de credibilidad que se les atribuya. De acuerdo con estimaciones del International Institute for Strategic Studies (IISS), Venezuela cuenta con unos 123.000 efectivos activos, a los que se suman alrededor de 220.000 milicianos y unos 8.000 reservistas.

Sin embargo, el propio Ejecutivo venezolano ha llegado a afirmar que el número de milicianos asciende a varios millones, un dato que expertos consideran ampliamente inflado y carente de respaldo verificable.

Fuerza militar

El Ejército, con cerca de 63.000 uniformados, constituye la rama más numerosa de la FANB, seguido por la Guardia Nacional, la Armada y la Aviación. Esta composición evidencia una estructura orientada principalmente a la defensa territorial, más que a una proyección externa de poder militar.

El arsenal de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) combina material heredado de la era soviética y europea con adquisiciones realizadas durante los años de bonanza petrolera, cuando Caracas apostó por modernizar su poder militar.

En tierra destacan los tanques T-72B1, los blindados BMP-3 y AMX-30, junto a sistemas de artillería que, en teoría, permitirían operaciones convencionales limitadas. Buena parte del equipo, sin embargo, se considera obsoleto o con baja disponibilidad operativa.

En el aire, los cazas rusos Su-30MK2 constituyen el principal activo de combate, complementados por antiguos F-16A/B que operan con capacidades reducidas.

En defensa antiaérea, la FANB se apoya en sistemas rusos S-300VM, Buk-M2 y S-125, herederos de la tecnología soviética y base de su estructura defensiva.

Igualmente, emplea sistemas de defensa antiaérea rusos como el S-300VM para el largo alcance y Buk-M2 para medio alcance. Ambos apoyados por sistemas S-125 de corto alcance.

Maduro a su llegada al helipuerto de Manhattan, desde donde ha sido trasladado al tribunal donde será juzgado. Reuters

Todos ellos inoperantes ante un ataque coordinado y de gran precisión como el llevado a cabo por EEUU, con un gran despliegue aéreo y unas fuerzas de asalto de gran efectividad como el "Delta Force".

En este tablero, Vladimir Padrino representa "la voz más amable del 'chavismo'", según asegura a EL ESPAÑOL, Rafael Martínez, catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad de Barcelona y analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE).

Para Martínez, "Padrino es un actor decisivo en el corto plazo". Desde su posición, "podría garantizar la continuidad del statu quo, en un esquema de poder encabezado por Delcy Rodríguez (quien controla las instituciones y el petróleo) y respaldado por su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional (que ejerce el poder legislativo)".

No es un caudillo político ni un líder carismático, sino el arquitecto de la cohesión de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) durante más de una década. Aunque de tono moderado, no deja de ser parte del núcleo duro.

Su longevidad al frente del Ministerio de Defensa no es casual: responde a su capacidad para combinar lealtad ideológica al chavismo, autoridad profesional dentro de la cadena de mando y una visión estratégica que concibe a la FANB como sujeto político del régimen, no como árbitro neutral.

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Padrino ha actuado históricamente como “pegamento institucional” en momentos de estrés extremo —2002, 2014, 2017, 2019— neutralizando fracturas internas y cerrando filas frente a incentivos externos, especialmente estadounidenses.

Además, "siempre se ha pensado que Padrino podría, en un momento determinado, negociar con la oposición democrática. No con Corina Machado, la más dura de lo que es la oposición democrática, pero sí con otros sectores de dicha oposición", sostiene Martínez.

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Su reacción inmediata tras la captura de Maduro, decretando el estado de conmoción y desplegando a las fuerzas armadas y de seguridad, confirma que su prioridad es evitar el vacío de poder y preservar el control territorial.

Desde el punto de vista estratégico, Padrino, sin asumir formalmente el poder político, puede convertirse en el árbitro último del sistema, garantizando la continuidad del chavismo mientras se redefine el liderazgo civil.

Llegado el caso, si el coste de sostener el status quo se vuelve insostenible, Padrino es el único con capacidad para pilotar una salida negociada que preserve a la institución militar.

Sin embargo, su margen de maniobra no es ilimitado: depende de que la FANB siga percibiendo al chavismo como garante de privilegios corporativos y protección judicial.

Sin olvidar que, las Fuerzas Armadas no fueron capaces de detectar la operación que acabó con Maduro y su esposa en una prisión estadounidense. O no hicieron nada para evitarlo.

Para el analista del IEE, resulta curioso "que no hay ni un solo tiro por parte del ejército durante la entrada de los helicópteros en la extracción de Maduro". "El ejército no estaba en la calle. Es evidente que hay una clave interior clarísima", agrega.

"Es imposible que los estadounidenses entren como entraron en Caracas sin la connivencia interna. Eso solo ocurre en una serie de Netflix", subraya.

Martínez sostiene que la transición planteada por Trump "se asemeja a la española, formada entonces por tecnócratas, no la gente que pertenecía al búnker o el sector más duro del franquismo".

"EEUU entiende que, en este primer momento, Delcy Rodríguez representa la opción blanda. Ella no es el futuro, pero es la que puede mantener el control, junto a Vladimir Padrino, una especie de Adolfo Suárez de nuestra transición, y su hermano Jorge"... Y también junto a Diosdado Cabello.

Cabello: el poder del chavismo

Diosdado Cabello encarna un perfil distinto, pero no menos decisivo. Se trata de un militar retirado que controla "una red político-securitaria tejida durante más de dos décadas: partido, servicios de inteligencia, colectivos armados y sectores militarizados afines", asegura a EL ESPAÑOL el analista del IEE.

Cabello es, ante todo, un operador de poder interno, "es la parte más dura". Su discurso es más confrontacional, menos institucional y orientado a la movilización y la intimidación.

Como ministro de Interior y Justicia, "controla los resortes del orden público y es el principal enlace entre el chavismo político y los actores armados no convencionales, las milicias urbanas", indica el catedrático Martínez.

A diferencia de los componentes regulares, la Milicia Bolivariana no dispone de una academia militar formal ni entrenamiento avanzado. Su papel se orienta más a funciones de movilización política y apoyo logístico que a operaciones militares convencionales.

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Aunque desde Gobierno venezolano hablan de unos cinco millones de milicianos, estimaciones de institutos y expertos reducen la cifra real operativa a un rango aproximado de 220.000 o poco más.

Así, en un escenario post-Maduro, el perfil de Cabello apunta blindar el núcleo duro del régimen frente a cualquier tentativa de apertura o negociación que implique rendición de cuentas.

También podría intentar capitalizar el vacío simbólico que deja Maduro y presentarse como heredero “histórico” del chavismo original, aunque arrastra una fuerte base de detractores dentro y fuera del movimiento.

Por último, incluso podría presionar a la FANB desde fuera, utilizando la calle, los cuerpos policiales y las estructuras paralelas como contrapeso al poder militar formal.

Sin embargo, y pese a su peso interno, Cabello carga con un lastre estratégico relevante: su elevada exposición internacional, las causas penales abiertas en Estados Unidos y su perfil abiertamente polarizante lo colocan como un candidato poco viable para encabezar una eventual normalización ante la comunidad internacional.

Escenarios probables

La captura de Maduro por parte de EEUU ha logrado un golpe estratégico, pero no necesariamente un cambio de régimen. Trump quiere el control del petróleo.

Por ello, la Venezuela post-Maduro no será inmediatamente una Venezuela post-chavismo, al menos así se desprende de las declaraciones efectuadas hasta ahora por la Casa Blanca, que ha apostado por el continuismo en la figura de Delcy Rodríguez, apoyada por toda la cúpula de Maduro.

Mientras Padrino controle la FANB y Cabello los resortes coercitivos civiles, Venezuela conserva capacidad de resistencia.

Por ello, el futuro dependerá del equilibrio —o conflicto— entre Padrino y Cabello. Si ambos convergen, el resultado será una continuidad autoritaria reforzada, con un liderazgo colegiado de facto.

Si entran en competencia abierta, el riesgo de fragmentación interna aumentará de forma exponencial.

Desde un análisis militar y geopolítico, el escenario más probable es una cohabitación tensa donde Padrino asegure el control de las armas y la estructura estatal, mientras Cabello mantenga la presión política y el control del orden interno.

El desenlace dependerá menos de la oposición —ausente por ahora— y más de cómo estos dos hombres gestionen el poder, el miedo y la supervivencia de un régimen que, aún herido, sigue armado.

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