Erigidos en referentes del periodismo de investigación y de la literatura de no ficción, los libros del estadounidense Patrick Radden Keefe han gozado de un enorme éxito de crítica y público gracias a la hábil combinación de rigor y amenidad con la que han ... abordado los entresijos de la industria farmacéutica, el terrorismo del IRA o el poder de las mafias chinas.
El autor fundamenta lo que escribe, documentándose profusamente a través de numerosas fuentes, de forma que todo lo que aparece en sus obras es cierto, y como tal ha de ser leído.
No obstante, el lector jamás es apabullado por la información, que sostiene lo que se cuenta pero no entorpece el ritmo narrativo, tan dinámico que uno tiene la sensación de estar enfrascado en una de esas novelas hipnóticas de cuyos mundos no se quiere escapar. Todo está tan bien relatado que uno olvida por momentos que no está ante una ficción. Sin embargo, lo que se narra sigue siendo real cuando se cierran las páginas del libro, como una simple búsqueda en Internet puede atestiguar.
Quizá por eso impacte tanto la lectura de 'El hijo del oligarca', su nueva obra: porque Zac Brettler, un adolescente británico, existió de verdad y porque su muerte en extrañas circunstancias, ahogado en el Támesis, continúa siendo un misterio que atormenta a sus padres, que siguen sintiendo su falta.
Patrick Radden Keefe: «El periodismo te da licencia para ser ingenuo, puedes parecer muy tonto»
No solo les inquieta desconocer las causas inmediatas que le llevaron a precipitarse al vacío desde el balcón de un lujoso edificio —puesto que la policía jamás pudo precisar qué pasó: si fue empujado, se tiró por propia voluntad o fue presionado para hacerlo—, sino también no saber cómo terminó su hijo cayendo en una espiral de mentiras de la que no fue capaz de salir indemne. Partiendo de este luctuoso hecho, y de todas sus trágicas consecuencias, el autor crea un libro monumental que pivota, con calculado equilibrio, sobre tres ejes.
En primer lugar, hay algo de 'true crime', puesto que se pretende reconstruir las últimas horas de vida del protagonista para averiguar cómo acabó en el fondo del río, recurriendo para ello a informes policiales y a declaraciones de testigos y allegados. El avance de la investigación, a fuego lento y con una calculada diseminación de datos y revelaciones, permite al autor presentar una galería de personajes —policías, sicarios, mafiosos, estafadores, empresarios, millonarios…— que demuestra que la podredumbre moral no entiende de clases sociales, que el crimen puede aparecer donde menos se espera y que, al final, el capitalismo salvaje acaba por corromperlo todo.
El autor fundamenta lo que escribe, documentándose profusamente a través de numerosas fuentes
Por otro lado, en segundo lugar, se ofrece una profunda investigación sobre cómo Londres ha ido atrayendo a algunas de las más sospechosas fortunas del mundo, especialmente tras el desmantelamiento de la URSS y el efecto de las dinámicas migratorias del antiguo Imperio Británico, ocultando un submundo de economía sumergida, corrupción y violencia con el que Brettler, obsesionado con medrar, entró en contacto haciéndose pasar por el hijo de un magnate ruso.
Las apariencias son, de hecho, fundamentales en la obra, en la que casi nadie es lo que dice ser y, más allá de eso, se expone cómo detrás de los lujosos escenarios londinenses por los que transitan los personajes hay un trasfondo profundamente perturbador.
Y, por último, y esto es probablemente lo que lo eleva definitivamente a la categoría de excepcional, el libro contiene una lúcida reflexión sobre los desafíos de la paternidad. A medida que se van descubriendo datos sobre lo sucedido y se va poniendo de manifiesto la doble vida de la víctima, que se movía con soltura en círculos sociales que se le suponían vetados por su condición económica, sus padres van pasando de la conmoción al desconcierto.
Al desgarrador impacto de la muerte de un hijo se suma otro mucho más inquietante: no saber quién fue ni cómo era realmente. Aparecen así, sin atisbo alguno de moralina ni sentimentalismo, la culpa, el fracaso, la incomunicación y la cruel paradoja de haber educado a alguien intentando darle lo mejor y verlo terminar en el fondo de un río convertido en un extraño.
De este modo, a medio camino entre el ensayo geopolítico, la crónica negra, la investigación periodística y la memoria familiar, Radden Keffe termina por componer un libro magnífico, tan conmovedor como interesante, que desasosiega al mismo tiempo que ilumina nuestra visión del mundo y de nosotros mismos, y que, además, se lee de un tirón.
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Patrick Radden Keefe: como una novela de verdad
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