El músico británico, de 75 años, ajusta cuentas con su adicción al alcohol (que casi lo mata), con sus exmujeres e, incluso, con Paul McCartney.
Regala esta noticia Añádenos en Google 18/08/2026 a las 15:34h.«Mis riñones estaban fallando, mis órganos se estaban paralizando», recuerda Phil Collins sobre la recaída que en noviembre de 2023 lo dejó al borde ... de la muerte en un hospital suizo. Pasó siete meses ingresado y su familia se planteó retirarle el soporte vital. Hoy, a sus 75 años, tiene movilidad reducida, no puede tocar la batería y vive acompañado por una enfermera.
El cantante, baterista y compositor inglés en los años 80, en la cima de su carrera. Pertenece al exclusivo club de los 200 millones. es uno de los tres únicos artistas en el mundo (junto con Paul McCartney y Michael Jackson) que ha vendido más de 100 millones de discos como solista y otros 100 millones con una banda, Genesis.La hospitalización de 2023 terminó por cambiarlo: «Tuve mucha suerte. No he vuelto a beber desde entonces». También intenta corregir una de las historias que más dañaron su reputación: el abandonó por fax a su segunda esposa, Jill Tavelman. «En realidad no fue así», desmiente. Collins, explica, estaba de gira cuando se enamoró de Orianne Cevey, una traductora suiza de 21 años, que poco después se convertiría en su tercera esposa. El proceso, asegura, ya estaba en marcha y el dichoso fax que los tabloides The Sun y el Daily Mirror exprimieron con saña, presentándolo como un hombre cruel, era, en realidad, una comunicación práctica sobre los términos del proceso. A nadie le importó. Collins pasó de ser una de los músicos más respetados y exitosos de los 80 a uno de los más odiados, blanco de chistes y ácidos artículos periodísticos y criticado por colegas como Noel Gallagher, de Oasis.
Tras su segundo divorcio y un polémico fax a su ex, Collins pasó de ídolo de los 80 a blanco de burlas
Se casó con Cevey en 1999 y en los siete años que fueron pareja tuvieron dos hijos (Collins ya tenía dos, uno con cada una de sus exesposas). Cuando Orianne se divorció de él, recibió 25 millones de libras (casi 30 millones de euros). Collins se retiró entonces de la música y se compró una casa cerca de la de ella para poder estar cerca de sus hijos y trabajarse una paternidad que malamente había ejercido hasta entonces. No pudo ser. Fue entonces cuando cayó en el alcoholismo.
Años después, en 2016, volvió con Cevey, pero la relación acabó de modo traumático (ella se casó en secreto con otro hombre mientras vivía aún con el baterista) y Collins se hundió aún más en su adicción.
Collins con Jill Tavelman, su segunda esposa, y con Lily, la hija que tuvieron en 1989, recién nacida y hoy actriz (protagonizó 'Emily en París') con la que el músico ha recuperado el contacto cercano.Ahora, radicado en Suiza y soltero por primera vez en su vida, busca ser entendido. También, si cabe, amado. «Me encantaría volver a enamorarme, tener una relación. Besar a alguien. Cosas bastante básicas, aunque creo que ya es tarde. No soy muy sociable y no salgo».
Se ha reconciliado pese a ello con Paul McCartney, a quien había acusado de tratarlo con condescendencia. Estuvieron una década alejados hasta que, recientemente, Collins comenzó a implicarse en una subasta benéfica de la ONG King's Trust, de apoyo a jóvenes en situación vulnerable, que tendrá lugar en Los Ángeles en noviembre. Fue entonces cuando McCartney lo llamó y resolvieron sus diferencias.
Collins cuenta, ademá, que ha reconstruido la conexión con Lily, su hija con Jill Tavelman, que mantiene una relación cordial con sus tres exesposas y que, incluso ha perdonado a los periodistas a los que acusó de avivar el odio hacia él en los tabloides. Mantiene también un trato cordial con sus tres exesposas.
Collins descubrió su vocación cuando sus padres le regalaron una pequeña batería de juguete en Navidad, instrumento que tocó toda su vida, desde los 5 años hasta que sus problemas de salud le obligaron a dejar las baquetas.Por lo demás, camina cada mañana con su enfermera (dan seis vueltas alrededor de su casa), es tratado tres veces por semana por una fisioterapeuta «encantadora», ve a su médico con regularidad y pasa horas y horas viendo series en televisión y, una de sus nuevas inquietudes, buscando información sobre asesinos en serie en YouTube. No explica, sin embargo, el origen de este interés. Nada, en todo caso, que reste valor a las confesiones de un músico que ha conseguido sobrevivir a sí mismo y que arde en deseos de alcanzar un deseo tan humano como el de ser entendido.
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