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Pogacar se abraza por fin a la Classicissima

Pogacar se abraza por fin a la Classicissima
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Después de caerse a 32 kilómetros de meta y un enorme ejercicio de fe en sus posibilidades, el esloveno gana por fin la Milán-San Remo

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El esloveno Tadej Pogacar, del equipo UAE Team Emirates XRG, celebra su victoria en la carrera ciclista Milán-San Remo, de 298 km, entre Pavía y San Remo, Italia EFE Pogacar se abraza por fin a la Classicissima

Después de caerse a 32 kilómetros de meta y un enorme ejercicio de fe en sus posibilidades, el esloveno gana por fin la Milán-San Remo

Igor Barcia

Sábado, 21 de marzo 2026, 18:14 | Actualizado 18:36h.

... grandes de la historia, necesitaba en su palmarés a la Classicissima. Y el primer monumento de la temporada debía contar en la nómina de sus ganadores al esloveno, que lo había intentado en repetidas ocasiones para ser quinto, cuarto y dos veces tercero. Pero para igualarse a los más grandes qué mejor que hacerlo de la forma más especial, celebrando la victoria siendo campeón del mundo. No sucedía desde que lo hizo Giuseppe Saronni en 1983, pero Pogacar (27 años) se está acostumbrando a ganar a lo grande y en la Vía Roma lo hizo con el maillot arcoíris, ensangrentado después de caerse a 32 kilómetros de la llegada, recuperarse, descolgar en el Poggio a Van der Poel y ganar a Pidcock en un ajustado sprint.

«Cuando me he caído pensaba que todo había terminado». Pero Tadej Pogacar completó 32 kilómetros perfectos, pletóricos de orgullo, garra de campeón y fe en sus posibilidades para hacer realidad uno de sus grandes sueños. Para un ganador como el esloveno, tener carreras que le esquivan como la Milán-San Remo –allí donde todos los campeones desean levantar los brazos tras 298 kilómetros de agonía– supone un estímulo para ser mejor y más fuerte.

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Pogacar ha trabajado durante buena parte del invierno para ganar la Classicissima después de haber sido quinto, cuarto y dos veces tercero. Solo había competido un día en este inicio de temporada, para ganar la Strade Bianche, y había puesto todos sus sentidos en subir lo más rápido posible la Cipressa y el Poggio para acabar con su bestia negra camino de San Remo, Mathieu Van der Poel.

Por eso cuando el campeón del mundo se fue al suelo a falta de 32 kilómetros junto a otros grandes como Van Aert, Pellizzari, Jorgenson o Girmay, pensó que todo su esfuerzo quedaba arruinado. «Era el momento más importante de la carrera, pero mis compañeros se han dejado todo para llevarle al grupo y devolverme la esperanza», declaró después.

Fue un trabajo improvisado, inesperado y diferente al que estaba planificado, pero el de UAE fue el triunfo de la fe, de la plena confianza en un líder. Cuando se montó en la bici había perdido 30 segundos, pero sus compañeros fueron capaces de colocarle en el grupo principal en la entrada de la Cipressa y allí Brandon McNulty le colocó en cabeza y puso ese ritmo demoledor que habían trabajado durante tanto tiempo para minar las fuerzas de los rivales. El plan se había rescatado a tiempo y solo faltaba que saliera bien. McNulty dio paso a Del Toro y a 2,6 de la cima, Pogacar ya estaba reventando el pelotón. El problema para él fue que a su rueda salió una vez más Van der Poel y un Pidcock que ha llevado a la primavera en un gran momento de forma.

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Los intentos de Pogacar quedaron en nada a efectos clasificatorios, pero sí que dejaron secuelas para el Poggio. A medio minuto marchaba el grupo principal donde el Lidl trabajaba para un Mads Pedersen que había llegado a tiempo después de que se cayera en la etapa inaugural de la Volta a Comunitat Valenciana y sufriera fracturas de clavícula y muñeca. El tramo entre las dos subidas emblemáticas de la Milán-San Remo permitió al trió de cabeza llegar al Poggio con una decena de segundos, suficientes para jugarse entre ellos la carrera.

Se sabía que Pogacar iba a poner a funcionar todos sus vatios, la duda era saber si sus dos acompañantes aguantarían su rueda o cederían. Y sorprendió que fuera tan pronto cuando el campeón del mundo lograra lo que nunca había conseguido en esas rampas, dejar por fin a Van der Poel. Es posible que hasta lo hubiera celebrado, pero ahí surgió otro rival inesperado, un Pidcock que aguantó al estilo del neerlandés todas las embestidas de un Pogacar que debía pensar en qué tenía que hacer para alcanzar el alto sin rivales a su rueda.

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Así las cosas, la carrera quedaba en un mano a mano entre dos corredores muy parejos en una llegada. «Estaba preocupado porque sé que Tom es muy rápido», explicó después Pogacar, que tomó buena nota de su error del pasado año. En 2025 afrontó la llegada tras Van der Poel y Ganna, y quedó sorprendido por la arrancada del ganador. Así que esta vez tenía claro que debía iniciar el sprint delante para evitar la remontada de un Pidcock que se quedó a media rueda de la gloria. Pogacar miró, vio que había ganado y un segundo después dio rienda suelta a su euforia. Por fin la Classicissima era suya.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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