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Economía

Por qué el ataque del 11-S afectó menos a la economía de lo esperado

Por qué el ataque del 11-S afectó menos a la economía de lo esperado
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El atentado contra las Torres Gemelas en Nueva York significó un coste menor sobre la economía norteamericana de lo que se estimaba. Las gestiones que llevaron a cabo las instituciones financieras del país evitaron una fuerte crisis. Leer
Cuarenta años de economíaPor qué el ataque del 11-S afectó menos a la economía de lo esperado
  • FRANCISCO CABRILLO
Actualizado 15 JUL. 2026 - 00:02El 11 de septiembre de 2001 cuatro aviones fueron secuestrados en Estados Unidos por un grupo terrorista; dos de ellos impactaron contra las Torres Gemelas.

El atentado contra las Torres Gemelas en Nueva York significó un coste menor sobre la economía norteamericana de lo que se estimaba. Las gestiones que llevaron a cabo las instituciones financieras del país evitaron una fuerte crisis.

El día del 11 de septiembre ha pasado a la historia como una fecha que marcó un cambio en la historia del mundo. Era el año 2001 y había transcurrido ya más de una década desde la caída del muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética. La guerra fría había terminado con la victoria del mundo occidental y de los países de economía de mercado.

Pero en aquel día el mundo fue testigo de que una nueva guerra podría estar comenzando. Como es bien conocido, cuatro aviones fueron secuestrados en los Estados Unidos por un grupo terrorista musulmán. Y dos de ellos fueron dirigidos a las Torres Gemelas, edificios situados en el corazón de la City de Nueva York, el centro financiero más importante del mundo.

Son numerosos los testimonios de personas que, de una u otra forma, desempeñaron un papel relevante en estos acontecimientos históricos. Pero voy a centrarme en uno especialmente significativo, el del presidente de la Reserva Federal norteamericanaAlan Greenspan, uno de los protagonistas indiscutibles de la política económica que se aplicó -con éxito, sin duda- para evitar que el ataque terrorista tuviera como una de sus consecuencias una fuerte crisis económica.

Cuenta Greenspan en sus memorias que se enteró del ataque cuando estaba a bordo de un avión, en el que volvía a los Estados Unidos tras una reunión de banqueros centrales en Suiza. Tan pronto como el piloto conoció la noticia, se informó a Greenspan de lo ocurrido y se le comunicó que, ante la gran incertidumbre que se había generado, el vuelo tenía que regresar a su punto de origen. Y desde Suiza empezaron las negociaciones para tratar de minimizar el daño económico causado.

Los efectos de la agresión fueron muy graves. Casi tres mil personas murieron y cerca de 25.000 resultaron heridas. Los edificios directamente afectados colapsaron y algunos otros sufrieron daños importantes. El hecho de que el ataque hubiera ido dirigido a la sede de instituciones financieras relevantes indicaba claramente el objetivo de los terroristas. Se trataba de destruir un lugar representativo, conocido en todo el mundo, para generar el mayor daño posible, no solo en términos humanos, sino también económicos.

Sin embargo, los costes que los atentados generaron a la economía norteamericana fueron significativamente menores que los que, en los primeros momentos se estimó que podrían llegar a ser. Es cierto que la bolsa cayó de forma acusada y en unos días el Dow Jones llegó a perder más del 14%. Pero no se produjo un pánico bursátil, que habría podido tener efectos muy graves. Y en el mes de noviembre las cotizaciones habían superado el nivel que tenían el día 10 de septiembre.

¿Cómo se evitó el desastre? Reflexionando sobre el tema, Greenspan hablaba sobre la gran resiliencia que ha demostrado tener la economía de mercado en nuestros días. Y algunos factores contribuyeron a ello. Uno de ellos fue que el sistema de seguridad de almacenamiento de datos funcionó de forma adecuada. En la economía del siglo XXI, el sector de servicios ha pasado a desempeñar un papel protagonista y los servicios financieros son especialmente relevantes.

El progreso técnico ha transformado el almacenamiento y utilización de datos, algo fundamental en este sector. Los ataques destruyeron los edificios y, lógicamente, todos los ordenadores con los que funcionaba el centro financiero. Pero había copias de seguridad, que se conservaron perfectamente y se evitó así el desastre que se habría producido si tales datos se hubieran perdido.

Otro factor básico para el funcionamiento de una economía es el comportamiento de las expectativas. No cabe duda de que un atentado como éste podría haber generado una espiral de expectativas negativas con respecto al funcionamiento de la economía en el corto y medio plazo. Pero esto, afortunadamente, no sucedió. En esta ocasión los gestores públicos de la economía hicieron bien las cosas. Greenspan describe algunas de las numerosas gestiones que se realizaron en los primeros momentos. Y señala uno de los objetivos que estuvo claro desde el primer momento: no se podía permitir que el pesimismo llevara a una crisis de liquidez en el mercado.

En una economía financiera un pánico bursátil puede convertirse en un pánico bancario y extenderse rápidamente al sector real de la economía. Lo que hizo en aquellos momentos la Reserva Federal fue garantizar que pondría a disposición del mercado cuanta liquidez se le solicitara. No tenía sentido, por tanto, correr a las ventanillas de los bancos a retirar fondos. Los agentes económicos así lo entendieron y el sistema superó el golpe.

Pasado el efecto inmediato del ataque, la economía norteamericana creció entre 2003 y 2004 a tasas superiores al 3%. Habría esperar a la crisis financiera de 2007 para que el país cayera en una fase de estancamiento y recesión. Pero esta es otra historia, a la que dedicaremos un próximo artículo.

Francisco Cabrillo es catedrático emérito de Economía de la Universidad Complutense. Fundación Civismo.

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Fuente original: Leer en Expansión
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