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El metal precioso perdió con la guerra de Irán y también con la posguerra. Como el euro.
El precio del oro sufrió un significativo declive tras el inicio de las hostilidades en Irán el pasado mes de febrero y el aparente final de este conflicto, lejos de reanimar al metal precioso, está agudizando su caída.
Ayer, la onza llegó a perder el nivel de los 4.000 dólares, lejos de los 5.600 dólares que llegó a tocar en enero de 2026, su máximo histórico. Esta caída del 28% en cinco meses apenas tiene precedentes, con 2013 como último año en que sufrió un desplome comparable.
Quienes esperaban un rebote del metal tras la tregua de Irán en Oriente Medio se han llevado una sorpresa. Deutsche Bank destaca que el oro ha roto su correlación negativa con el petróleo. Cuando el crudo subió por la guerra, la onza bajó; pero ahora que el barril pierde terreno con la paz, el metal también lo hace.
Ahora, el oro queda vinculado de forma negativa a su referencia más clásica: los tipos de interés de la Reserva Federal (Fed). Cuando sube el precio del dinero, el metal cae por el coste de oportunidad que supone poseer onzas que no dan renta, frente a un bono del Tesoro americano a 10 años que ahora paga un 4,5% anual.
El mercado, al elevar en las últimas semanas las expectativas de subidas de tipos en la nueva Fed de Kevin Warsh, se ve "obligado" a castigar al oro.
Esas perspectivas de tipos más altos no solo se explican por el repunte de la inflación -arrastrado tras la guerra de Irán- sino también por el fuerte crecimiento de la economía de Estados Unidos por las inversiones en inteligencia artificial (IA). Este nuevo "excepcionalismo americano" explica también la fortaleza del dólar frente a un euro que no disfruta de este impulso económico en su zona.
También hay factores técnicos. La subida del oro fue muy vertical el año pasado y cualquier excusa puede ser buena para vender: de hecho, la onza ha vuelto simplemente a niveles de otoño de 2025.
¿Habrá rebote en el segundo semestre? Todo depende de la Fed. Si no hay subidas de tipos, Deutsche y Goldman Sachs creen que la onza llegará a 4.800 y 4.900 dólares en diciembre, respectivamente. Pero si hay 3-4 alzas de la tasa de referencia, el banco alemán estima que caerá a 3.800 dólares.
Según Chris Beauchamp, de IG Markets, "el oro está sufriendo la resaca de su propia exuberancia. Conforme el dólar se siga fortaleciendo, hay más posibilidades de sufrimiento para el oro".
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