La compañía de inteligencia artificial estaría planteándose esperar al año que viene para debutar en el parqué con el objetivo de obtener una valoración de un billón de dólares.
Desde octubre de 2025, la relación entre el CEO de OpenAI, Sam Altman, y su directora financiera, Sarah Friar, es tensa. Friar fue fichada tras su paso por Goldman Sachs para ayudar al laboratorio de IA a conseguir cierta madurez financiera para salir a Bolsa. Pero, además, la responsable de las finanzas está ayudando a rebajar la ambición de Altman. Ella será la encargada de poner en marcha uno de los saltos al parqué más grandes de la historia, y la situación económica de OpenAI no es precisamente la mejor actualmente.
El CEO de OpenAI había apuntado a este otoño como la posible fecha para su debut bursátil, pero el planteamiento que los asesores y Friar presentaron a la dirección hace unas semanas parece estar haciendo cambiar la opinión de Altman. Si se llevase a cabo la OPI en 2026, la valoración estaría por debajo del billón de dólares. En el caso de esperar a 2027, se podría defender esa cifra completa. Sam Altman quiere el billón y habría llegado a calificar cualquier recorte del objetivo de esta cantidad como un "punto de no partida".
Las razones
De confirmarse el retraso, Altman estaría dando la razón a Friar, que venía defendiendo 2027 como fecha desde finales de 2025, argumentando que la magnitud de los compromisos de gasto de la compañía y la carga regulatoria de cotizar en Bolsa exigían más margen de maniobra.
En un informe publicado por PitchBook, la plataforma de datos apunta a varios motivos que estarían inclinando la balanza hacia el retraso en la salida a Bolsa de OpenAI.
El primero sería el precedente de SpaceX. La corrección en las acciones de la compañía de Elon Musk, que la semana pasada se dejó un billón de dólares de valor con la caída de la acción por debajo del precio del debut bursátil, serviría de ejemplo a OpenAI. Para una colocación del tamaño que planea la firma de Altman, la variable crítica no es el entusiasmo del primer día, sino la durabilidad de la demanda minorista en las semanas siguientes.
Otra de las razones sería el propio calendario. Un folleto efectivo este otoño obligaría a mostrar los resultados de 2025 con unos 13.100 millones de dólares de ingresos y una pérdida operativa cercana a los 21.000 millones.
De forma paralela, Anthropic espera registrar su primer beneficio operativo, de aproximadamente 559 millones de dólares, sobre unos 10.900 millones de ingresos en el segundo trimestre. Una salida a Bolsa en otoño obligaría a presentar ambas series de datos simultáneamente, dando lugar a una comparación directa de valoraciones que ningún roadshow podría controlar, según PitchBook.
Tampoco juegan a favor de OpenAI sus bailes de cifras. Altman anunció en octubre del año pasado un compromiso de gasto en infraestructura de 1.400 millones de dólares. Esta cifra se convirtió, en febrero, en unos 600.000 millones de gasto en cómputo hasta 2030.
El coste de esperar
Posponer la salida a Bolsa traslada otro año de financiación a las manos privadas, y ese año no es barato. Según las proyecciones de PitchBook, la quema de caja operativa podría escalar hasta los 63.000 millones de dólares en 2027, y el flujo de caja libre total, sumando inversión en infraestructura, podría tocar un mínimo cercano a los 110.000 millones negativos en 2028. La compañía no alcanzaría el punto de equilibrio, incluyendo costes de entrenamiento, hasta 2030.
Estas altas necesidades de financiación recaerían en inversores privados y solo puede llegar por dos posibles vías. Por un lado, más dilución de capital sobre una valoración actual, 852.000 millones de dólares, que el propio aplazamiento ha puesto en entredicho. Y por otro, más deuda, un camino que Anthropic ya ha abierto.
Y es que, si Anthropic mantiene su calendario y presenta su oferta pública en octubre, se convertirá en la primera empresa de IA pura en cotizar, obligando por primera vez a comparar ambas compañías bajo una base de ingresos común.
OpenAI ya no fijará su precio apoyándose principalmente en su propia narrativa, sino que tendrá que compararse con valoraciones públicas ya consolidadas, como las de Anthropic. Es decir, esperar transforma a quien fijaba el precio en alguien que debe aceptar el precio que marque el mercado.
El billón de dólares
Según el análisis de PitchBook, que OpenAI logre una valoración de un billón en su salida a Bolsa sí es alcanzable, pero no demostrable con la información disponible a día de hoy. Con el múltiplo actual del mercado privado, de 34,1 veces ingresos, para justificar una valoración tan alta la compañía necesitaría cerca de 29.000 millones de dólares de ingresos anualizados. Si el mercado terminara valorándola con el múltiplo más conservador de Anthropic (20,5), la cifra necesaria casi se duplicaría, hasta unos 49.000 millones, algo que OpenAI tendría que lograr en año y medio.
De momento, OpenAI puede defender el billón de dólares en sus proyecciones internas, pero aún no puede demostrarlo.
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