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Por qué Igor Tudor (entrenador del Tottenham) nunca debería ser su ejemplo

Por qué Igor Tudor (entrenador del Tottenham) nunca debería ser su ejemplo
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Su decisión de cambiar al portero del Tottenham en el minuto 17 fue muy polémica; desató una crisis reputacional. Leer
DIRECTIVOSPor qué Igor Tudor (entrenador del Tottenham) nunca debería ser su ejemplo 18 MAR. 2026 - 00:34Antonin Kinsky, portero del Tottenham Hotspur, fue sustituido casi nada más empezar el partido contra el Atlético el pasado martes.

Su decisión de cambiar al portero del Tottenham en el minuto 17 fue muy polémica; desató una crisis reputacional.

Más allá del resultado entre Atlético de Madrid y Tottenham Hotspur del pasado martes, el partido de ida de octavos de Champions League que enfrentaba a ambos equipos dejó una de las imágenes más insólitas del fútbol. El entrenador del conjunto inglés, Igor Tudor, decidió cambiar a su portero, Antonin Kinsky, en el minuto 17. Tras dos errores groseros del guardameta y uno más de la defensa que le costaron tres goles, el técnico de los Spursprescindió de él y el público rojiblanco se puso en pie para despedirle con un aplauso unánime.

Todos los aficionados entendieron este cambio como una humillación y nadie dudó en apoyar al joven cancerbero checo. Pero si el cambio fue insólito, lo que más llamó la atención es que el técnico croata no se acercó a la banda a apoyar a su jugador que, con la cabeza baja y llorando, abandonaba el terreno de juego. Tras el partido, que el Atlético de Madrid ganó 5-2, todas las críticas se dirigieron al técnico croata. "Con su actitud pudo firmar su sentencia", asegura Javier Rodríguez Laiz, director del grado en Publicidad y Relaciones Públicas de la Universidad CEU San Pablo, que conoce bien cómo este tipo de imágenes que tienen poco que ver con la humanidad que se espera de cualquiera persona, puede apuntillar a Tudor, que sumó así una gota más a ese vaso que es hoy el Tottenham que parece estar a punto de desbordarse por los malos resultados que está obteniendo.

Consciente de que su falta de empatía podría resultar poco edificante en un ambiente que presume de compañerismo, Tudor lleva intentado justificar su actitud toda la semana. Hoy tendrá que volver a hacerlo en el partido de vuelta que le enfrente al club que dirige Diego Pablo Simeone, un entrenador que con su actitud en el campo siempre ha demostrado ser uno más del vestuario y de la grada.

Tenerle enfrente no beneficia a Tudor, que hoy por hoy mantiene que cambió a Kinsky para evitar la debacle. "Había que proteger al chaval, la decisión es correcta", sentenció en la rueda de prensa posterior.

Nadie duda de que la función de un técnico (o de un jefe en la oficina) es tomar decisiones y éstas, en muchas ocasiones, son duras. Pero, ¿hacía falta hacerlo en el minuto 17? ¿No se podía haber esperado al descanso del partido y evitarle así la humillación? ¿No debería haberse acercado Tudor en el momento del cambio y darle al menos una palmada en la espalda? "En el fútbol profesional es un gesto extremadamente raro. Pero más allá de la anécdota deportiva, el episodio explica cómo funcionan hoy las decisiones bajo presión extrema. En apenas 17 minutos se condensaron todos los elementos de una crisis reputacional contemporánea: un error visible, una audiencia global, una decisión inmediata y una narrativa pública que se construye en tiempo real", explica Pati Núñez, especialista en gestión de reputación de directivos y empresas, que añade: "La crisis no fue el error del portero; fue la decisión de cómo reaccionó el entrenador".

Para Rodríguez, el gran fallo de Tudor fue la reprimenda pública, algo que un directivo debe evitar. "Se puede ser un jefe exigente, de hecho, se debe serlo, pero la exigencia no es sinónimo de severidad o de falta de empatía".

Un error puede ser un comienzo

Kinsky no es el primer portero que falla en un momento crítico. No será tampoco el último y todos los aficionados al fútbol saben que la de guardameta es la posición que más riesgos conlleva. Un delantero puede fallar veinte ocasiones durante un partido, pero si marca el gol que da la victoria a su equipo será el héroe del partido. Si el portero hace una gran actuación, pero falla una parada clara que da los tres puntos al contrario, la derrota siempre será por su culpa.

Uno de los casos que más se han recordado estos días es el de Loris Karius, cancerbero del Liverpool en aquella final histórica en la que el Real Madrid se proclamó campeón de Europa por decimatercera vez. Tras completar una buena campaña con los Reds y llegar como titular a la final, Karius dio un pase innecesario con la mano a un compañero que interceptó Karim Benzema y que acabó en gol. Consciente del error que había cometido, el portero se fue por completo del partido y cometió varios errores más. Y, aunque Jurgen Klopp salió en defensa de su portero, ese mismo verano el Liverpool pagó 62,5 millones de euros por Alisson Becker y Karius dejó de ser parte de la plantilla.

La situación de Kinsky, que hoy no será titular frente al Atlético de Madrid en el partido de vuelta y que cumplió 23 años justo el día después de disputar el que ya es el peor partido de su vida, podría ser diferente, ya que el apoyo popular que ha recibido podría haber fortalecido su imagen. "Si el primer movimiento fue actuar con rapidez para proteger al equipo, el siguiente paso debería ser reconstruir la reputación pública del jugador que quedó expuesto. Una buena gestión de crisis consiste en tomar decisiones para proteger a la organización sin destruir la reputación de la persona. Esto implica respaldo público del entrenador y del club, contextualizar el error como parte del juego y reforzar la confianza en el jugador. Se trata de evitar que un episodio puntual defina su imagen", señala Núñez, que da respuesta a una pregunta que aún nadie parece haberse hecho. Y, ¿ahora qué? "Las organizaciones que gestionan bien las crisis entienden que las decisiones tomadas en el momento más crítico deben ir acompañadas de una estrategia posterior de reparación. Las crisis no se definen por el error inicial, sino por la decisión que se toma después. Y por la forma en que un líder gestiona lo que esa decisión ha expuesto ante todos", concluye. Parece que Tudor perdió en el partido contra el Atlético de Madrid una batalla importante del liderazgo y parece difícil que vaya a recuperar su imagen pública.

Del error a la humillación

Kinsky fue sustituido casi nada más empezar el partido contra el Atlético el pasado martes. En el estadio pocos entendieron la decisión de Tudor, que había apostado por un portero sin suficiente experiencia. El checo se fue llorando y el público, consciente de la humillación, le apoyó en su despedida. "Tudor debía proteger al equipo y al jugador y poner en la balanza esos dos objetivos", explica Alberto Andreu Pinillos, profesor de comportamiento organizacional de la Universidad de Navarra, que añade: "El reto ahora es recuperar anímicamente al futbolista poniéndole a jugar cuanto antes".

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Fuente original: Leer en Expansión
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