"Las descargas coronales son casi invisibles a simple vista, pero nuestros instrumentos producen una imagen del fenómeno, en la que grandes extensiones de bosque brillan al paso de una tormenta", explica Patrick McFarland, estudiante de doctorado en meteorología y ciencias atmosféricas de la Universidad Estatal de Pensilvania.
Los radicales hidroxilo reaccionan con los contaminantes atmosféricos y el metano, gas de efecto invernadero, convirtiéndolos en sustancias más fáciles de eliminar. Las estimaciones del equipo de investigación indican que la cantidad de OH producida cerca de las copas de los árboles en una sola tormenta puede ser al menos 1,000 veces mayor que todos los demás mecanismos de producción conocidos juntos.
Según McFarland, "este efecto corona generalizado interviene en la eliminación de los hidrocarburos liberados por los árboles y en los microdaños que sufren las hojas, y puede estar ampliamente implicado en las condiciones de los árboles, los bosques y la atmósfera".El área cubierta por las observaciones es solo de aproximadamente 1 metro cuadrado y una pequeña parte de la copa de los árboles. Si se produjera el efecto corona simultáneamente en toda la copa, que abarca 100 metros cuadrados, se calcula que el flujo de corriente alcanzaría varios cientos de microamperios.
Aún no está claro si este efecto corona causa daños o aporta algún beneficio a los árboles. Tampoco está claro si los árboles toleran o se adaptan de algún modo al proceso del efecto corona. Para responder a estas preguntas, los investigadores están colaborando con ecólogos y biólogos especializados en árboles.
(Editado por Daisuke Takimoto)
Artículo originalmente publicado enWIRED Japón. Adaptado por Mauricio Serfatty Godoy.