Mi hermosa lavandería
Postal desde Tierra Amable Regala esta noticia Añádenos en GoogleIsabel Coixet
24/07/2026 a las 10:37h.Si alguna vez tienes la oportunidad de pasar tus vacaciones en Tierra Amable, aprovéchala. No hay ningún lugar igual, y en cuanto llegas entiendes por ... qué la gente que vive allí nunca parece tener prisa por marcharse.
Los mercados se llenan de risas, los niños juegan en las plazas hasta que se pone el sol, y a los forasteros se los acoge en la mesa como si fueran de la familia
Pero lo que se te queda dentro es la gente. No te cruzarás con un mendigo por la calle, ni pasarás junto a un portal donde alguien duerma a la intemperie. Todo el mundo tiene una casa, y todo el mundo tiene un trabajo que de verdad le importa. La panadera hornea porque le encanta el olor del pan caliente al amanecer. El maestro enseña porque quiere que los niños piensen por sí mismos. La doctora cura porque le da alegría ver a alguien salir sano por la puerta. Nadie persigue el dinero por el dinero, y si intentaras presumir de tus riquezas, la gente te miraría con lástima. La codicia se trata como se tratan los malos modales: algo embarazoso que una persona simplemente deja atrás al crecer y perder los dientes de leche.
Hombres, mujeres y todas las personas que no se identifican con una cosa o con otra comparten los mismos derechos y el mismo respeto. A nadie se le cierra ninguna puerta por ser quien es o por amar a quien ama. Allí, la justicia es simplemente el orden natural de las cosas, tan sólo eso.
Hay políticos, por supuesto, pero no cobran sueldo ni esperan recompensa alguna. Sirven porque creen en el bien común, y cuando termina su mandato vuelven a la vida corriente sin quejas ni alharacas. Nunca verás a uno de ellos viviendo en una mansión ni pasando en un coche de lujo ni disfrutando ningún tipo de prebendas. La guerra es una palabra que solo se encuentra en los libros de leyendas como un anacronismo absurdo. La pobreza es un cuento que los abuelos relatan para asustar a los niños, pero ninguno de ellos la ha vivido.
Los días allí transcurren a un ritmo humano. Los mercados se llenan de risas, los niños juegan en las plazas hasta que se pone el sol, y a los forasteros se los acoge en la mesa como si fueran de la familia. Nadie está agotado, nadie está desesperado, y nadie siente que la vida se le escapa mientras se desvive por sobrevivir. Hay tiempo para conversar, tiempo para descansar y tiempo para el simple placer de estar vivo. Por supuesto no todo el mundo es feliz, gruñones y quejicas los hay, despueés de todo son humanos, pero al menos los que no son felices no les echan la culpa a los demás de su infelicidad.
Cuando pases tus vacaciones allí, no volverás a casa con souvenirs. Volverás con el recuerdo de lo que puede ser un lugar cuando la gente elige la generosidad en vez de la codicia y te llevarás sólo esto de vuelta: el deseo ferviente de que algún día tu propio país se parezca un poco más a este lugar.
Y aquí viene lo curioso. En Tierra Amable, a nadie se le ocurre jamás pasar las vacaciones en otro sitio. ¿Para qué? Cuando tu propio país ya te da aire limpio, justicia, paz y tiempo para respirar, ¿qué irías exactamente a buscar?
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