Quedan apenas 72 horas para que se abran las urnas en Aragón y casi todas las cartas están ya boca arriba. Tanto el PP como el PSOE descuentan que el bloque de la derecha crecerá con fuerza, y ambos coinciden en que será, fundamentalmente, por el impulso de Vox. Jorge Azcón pude mejorar sus resultados de 2023 (35,5% de los votos y 28 diputados), pero no mucho. Mientras que Pilar Alegría, que parte con un bagaje de 23 asientos en las Cortes regionales, se asoma al abismo de los 18 escaños, el mínimo histórico del PSOE en 2015. Claro que entonces Podemos tenía 14 y ahora puede lograr solo uno. No es comparable.
El esprint final de la campaña se centrará en la foto finish de los tres últimos escaños que están en disputa, uno por cada provincia. El PP de Jorge Azcón, que en el consenso de las encuestas se sitúa en una proyección de 29 diputados, ha puesto toda la carne en el asador para franquear los 30, que es el récord histórico de Luisa Fernanda Rudi en 2011. Y ha puesto sus ojos en Teruel, provincia donde Vox está muy fuerte, pero en la que cree que puede disputarle el voto útil en la recta final de campaña.
La clave definitiva estará, según revelan fuentes del PP, en el «30%» de votantes que se inclinan por Vox en las encuestas pero dudan entre el cabeza de lista de ese partido, Alejandro Nolasco, y Azcón. «Hay potencial de subida porque el 30% del electorado de Vox está dudando entre Vox y el PP», aseguran en la sala de máquinas de la campaña popular, donde manejan encuestas internas y trackings que apuntan a que hay cierto voto prestado a Vox durante las últimas semanas -con el accidente de Adamuz, la crisis ferroviaria o el desencanto por el acuerdo de Mercosur- que pueden retener finalmente. No es definitivo.
Si el 8-F vota un porcentaje de aragoneses similar al de 2023, ese 30% en disputa se traduciría en casi 35.000 votos clave para decantar la correlación de fuerzas dentro del bloque de la derecha. (Si hace dos años y medio la participación fue del 66%, 678.112 papeletas, el 17% que tiene Vox son 115.300, y el 30% de eso, 34.600).
No es lo mismo para Azcón quedarse igual (28 escaños) que llegar a 30 y presumir de récord. No es lo mismo para Vox negociar con un presidente que repite las elecciones para quedarse igual (o incluso peor, como contempla Sigma Dos) que con uno que crece con claridad pese a la efervescencia de la ultraderecha. Menos que ellos, claro, pero crece.
De ahí que el PP se haya volcado en la última semana de campaña en una estrategia que quiere ser «atrapalotodo». ¿Cómo? Pescando del descontento con Alegría, «que no tira», y tratando de disputarle el electorado fronterizo a un Vox que sube sin esfuerzo. Azcón no quiere repetir los errores del PP en la segunda semana de campaña en las elecciones extremeñas y generales. «Feijóo está aquí cinco días y Jorge va a por todas, también contra Vox, comparándolo con Podemos. En la calle nos va muy bien, casi tan bien como a Ayuso. Es alucinante», explican fuentes de la campaña popular. En efecto, el presidente aragonés criticó en la noche del martes que «Vox hoy es el mismo populismo que era Podemos, y no estamos dispuestos» a aceptar que diga que el PP y el PSOE son iguales y que él gobernará «igual que Pilar Alegría».
En los análisis cualitativos que maneja el PP, los electores de la derecha son clarísimos: todos descuentan que Azcón tendrá que pactar con Vox. Y lo ven natural. Así que ahora la clave es con qué fuerza pacta cada uno. Por eso Azcón está pidiendo un esfuerzo extra, para tener más libertad a la hora de forjar una alianza que se considera ya prácticamente inevitable.
Para el arreón final, el PP ha movilizado a su red de alcaldes, para que movilicen el voto «ciudadano a ciudadano». «Los alcaldes son fundamentales para activar a los nuestros y llevar a la gente a votar», explican fuentes del PP, que tiene 260 primeros ediles en esta comunidad.
Todos ellos quieren convencer del voto útil a los electores que dudan entre populares y voxeros. Sobre todo, con un mensaje de buena gestión y mejoría económica, aseguran en el PP aragonés, donde sacan pecho de los 90.000 millones de euros de inversiones internacionales comprometidas desde que gobierna Azcón.
El hecho de que Vox apoye el trasvase del Ebro ayuda a la estrategia de erosión que ha emprendido el PP en el final de campaña, pero no es algo definitivo. ¿Por qué? Porque es tal la tendencia alcista y tal la fidelidad de voto de la formación de Abascal, que ni siquiera un tema tan sensible como el agua frena sus expectativas.