- JORGE QUIROGA
Hay deportistas que coleccionan trofeos y otros, mucho más escasos, que transforman vidas e inspiran experiencias. Ricky Rubio pertenece a esta última estirpe. Aquel niño de eterna sonrisa que con solo 14 años asombró al planeta debutando en la ACB con el Joventut, ha completado un viaje que va mucho más allá de las canchas. Su biografía no se escribe con frías estadísticas ni con sus numerosos logros deportivos, sino con la calidez de un alma que supo sanar a la vista de todos y que ha contagiado su humanidad. Porque el héroe es frágil en su grandeza. Ayer recibió el premio Laureus Sports For Good por su decidida labor social. Fue su padre Esteve quien recogió el galardón para la Fundación Ricky Rubio.
A continuación