La nueva integrante de la familia Tiger es una proporcionada Sport-Touring inspirada por un estimulante motor y por un eficaz chasis que, bajo la supervisión de electrónica de última generación, la convierten en una versátil y deportiva viajera
Regala esta noticia Añádenos en Google Prueba Triumph Tiger Sport 800. (Triumph Press)Iván Bolaño Doforno
Barcelona
22/05/2026 a las 15:00h.El motorista europeo lleva años reorientando sus preferencias hacia un tipo de moto que, alejada de especialidades, le aporte versatilidad y confort adaptado a todo tipo de uso. El auge de los segmentos Trail, Sport-Touring o Crossover, y sus respectivos subsegmentos (en función de su grado de adaptación al asfalto o la tierra) es una prueba evidente de ese giro en la tendencia de consumo de motocicletas de media y alta cilindrada.
Las filas de Triumph siempre han tenido un hueco especial para cubrir estos gustos, sobre todo con la familia Tiger que, tras una amplia trayectoria con continuas evoluciones, se ha convertido en uno de los principales baluartes de la casa inglesa y referencia del segmento.
Tras la desaparición hace años de la Tiger Sport 1050, el catálogo de la firma inglesa dejó un hueco en el segmento Sport-Touring de media-alta cilindrada, y los esfuerzos de Triumph se centraron en la vertiente más Trail, con las Tiger 800 (posteriormente 900) en multitud de versiones, y la Tiger 1200.
En 2022, esta gama trail volvió a ramificarse con una versión nuevamente enmarcada en el segmento crossover, la Tiger Sport 600, que llegaba en una primera versión de acceso nacida sobre la base de la Trident 660 naked. A principios de 2025, la firma británica anunciaba la llegada de una «hermana mayor», la Tiger Sport 800, una moto con un motor «engordado» hasta los 798 cc poseedora de mayores prestaciones y un equipamiento superior que elevaba su comportamiento deportivo.
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