- C.MORÁN
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El consorcio español en el suburbano gana argumentos para tumbar la oferta del local Mota Engil, que iba con el gigante estatal CRRC.
Portugal ha vivido de lleno una batalla comercial entre gigantes chinos y europeos. El escenario es el Metro de Lisboa, donde las autoridades locales quieren construir una nueva línea (Linha Violeta) con un presupuesto de inversión de 600 millones. De fondo intereses españoles, ya que un consorcio liderado por FCC y Comsa miran con atención los acontecimientos ante sus opciones para quedarse con el contrato.
El argumento de más peso es la presencia del gigante chino estatal de los ferrocarriles CRRC, que fue subcontratado por Mota Engil, el líder de la construcción lusa participado también por capital chino (la estatal CCCC) que ganó el concurso en 2025.
El mes pasado los servicios de Competencia comunitarios vetaron al fabricante CRRC tras comprobar que incumplía el reglamento sobre subsidios extranjeros. Según la Comisión Europea, la investigación iniciada a finales de 2025 confirmó que CRRC había recibido subvenciones extranjeras que distorsionaron el procedimiento de contratación, revelando que las subvenciones habían otorgado al consorcio de Mota Engil "una ventaja competitiva desleal, en detrimento de los demás licitadores participantes y de la integridad del mercado interior de la UE".
Mota Engil reaccionó a tiempo al expediente de Bruselas sustituyendo a su proveedor chino por la polaca Pesa, una maniobra que, según las fuentes jurídicas consultadas, altera de manera sustancial el proceso competitivo al cambiar los términos de la oferta. Las firmas consultadas apuntan que Metro de Lisboa solo tiene dos opciones: suspender el concurso y convocar una nueva licitación; o anular la oferta de Mota Engil y sus socios y adjudicárselo a la segunda mejor puntuada, la oferta de Comsa y de FCC, que llevaban como suministrador principal a la suiza Stadler, con fábrica de trenes en Valencia.
La línea Violeta, que debería estar concluida en 2029, tiene una longitud de 11,5 kilómetros, incluye 17 estaciones, cocheras y talleres. Metro de Lisboa estima que alrededor de 9,5 millones de pasajeros utilizarán la línea durante el primer año, lo que eliminará aproximadamente 3,8 millones de vehículos y 4.100 toneladas de CO2 de la circulación. El metro de superficie conectará la estación de Odivelas con el Hospital Beatriz Angelo en 9,5 minutos y con Infantado en 16,5 minutos.
Mensaje a España
La decisión de Bruselas no solo pone en aprietos a las autoridades portuguesas sobre la licitación del metropolitano lisboeta. Al detectar subvenciones extranjeras, Bruselas lanza un claro mensaje al resto de miembros de la UE que, en algún momento, han pensado en la tecnología china para circular por su vías.
Entre esos países figura España. El pasado 13 de diciembre, el ministro de Transportes, Óscar Puente, visitó la sede de la china CRRC que produce material rodante ferroviario en el país, el mayor del mundo. "Hace poco he ido a Alemania, a la factoría de Siemens. Voy a China en unos días y visitaré seguidamente Italia y tenemos que tomar una decisión", señaló en aquel momento Puente, meses antes de que Renfe lanzase la licitación para comprar hasta 40 trenes de alta velocidad con un presupuesto de unos 1.800 millones.
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