No siempre es tan simple como convertir una cuenta de Facebook en conmemorativa o descargar fotos de iCloud. Los activos digitales pueden tener tanto valor monetario como sentimental. Supongamos que las cuentas de redes sociales de una persona generan ingresos. ¿Cómo recibirá un beneficiario los ingresos futuros? ¿Debería el beneficiario mantener activa la cuenta?
¿Y qué hay de las criptomonedas? Si están almacenadas en un monedero privado y nadie tiene la clave, el dinero se pierde para siempre. Sin embargo, la situación es diferente si un tercero, como Coinbase o PayPal, custodia las criptomonedas. En la actualidad, el bitcoin y otras criptomonedas se consideran “activos digitales” y, por lo tanto, deben tratarse como tales a la hora de planificar la sucesión.
Navegando por la legislación
En EE UU, por ejemplo, la herencia de la vida digital se rige por legislación estatal, igual que los asuntos tradicionales de sucesión y patrimonio, según Benjamin Orzeske, asesor jurídico jefe de la Comisión de Leyes Uniformes. Él y su organización elaboraron una ley estatal conocida como la Ley Uniforme Revisada de Acceso Fiduciario a los Activos Digitales (RUFADAA), que ha sido promulgada en 48 estados, en Washington DC y en las Islas Vírgenes de los Estados Unidos. Los dos estados que faltan son Massachusetts (donde la RUFADAA se había adoptado, pero aún no se había promulgado) y Luisiana, que ha seguido su propio camino con una ley similar, aunque diferente.
“La esencia de la RUFADAA radica en el reconocimiento de que los bienes digitales son, en cierto modo, diferentes de los bienes tradicionales y tangibles”, asegura Orzeske. Pone como ejemplo el correo postal frente al correo electrónico. Cuando una persona fallece, su correo postal se reenvía a una persona designada, el fiduciario, quien entonces recibe la correspondencia, las facturas y los pagos. Si recibe por correo una factura de la suscripción a una revista, sabe que debe cancelarla. Recibir el correo proporciona a esa persona la información y el acceso necesarios para gestionar las cuentas y el patrimonio del fallecido en lo sucesivo.
El correo electrónico es diferente. El fiduciario no solo recibe el correo entrante. También puede tener acceso a un historial de comunicaciones en el que se pueden realizar búsquedas. Pero la persona fallecida podría haber esperado que sus comunicaciones se mantuvieran privadas.
Apple y Meta utilizan el término “contacto de legado” en algunos casos, aunque en Instagram hay que buscar la opción de “conmemoración”. Activar estas funciones puede parecer la forma más fácil de permitir que otra persona gestione tus cuentas, pero, en la práctica, dejan mucho que desear.Por ejemplo, si quieres dar permiso a alguien para que descargue tu contenido de Instagram tras tu fallecimiento, esa persona también debe tener una cuenta de Instagram. Y lo que es más importante, alguien debe ponerse en contacto con Instagram para notificar el fallecimiento. ¿Y eso cómo se hace?
Mike Kiser, copresidente del grupo comunitario “Death in the Digital Estate” de la OpenID Foundation, señala que “no existe una forma definida de comunicar a un proveedor que alguien ha fallecido o ha perdido su capacidad”. A largo plazo, su grupo se propone desarrollar protocolos y directrices para que los usuarios puedan gestionar su patrimonio digital.
También pueden surgir dificultades imprevistas que varían de un caso a otro. ¿Qué ocurre si nunca has facilitado tu nombre real ni tu fecha de nacimiento a ninguna de estas empresas? ¿Cómo puede tu contacto de confianza demostrar que una cuenta en línea era realmente tuya? No es algo sencillo.
Incluso las soluciones “hazlo tú mismo” pueden fracasar
Los expertos digitales llevan mucho tiempo ideando soluciones para transmitir su patrimonio digital. Algunos dejan un documento impreso en un lugar seguro en el que figuran todas sus cuentas y las credenciales para acceder a ellas. Otros aprovechan las herramientas de gestión de contraseñas, que son una de las mejores opciones en términos de seguridad. Pero incluso las mejores soluciones pueden resultar insuficientes.
Kiser cuenta que uno de sus colegas creó un sistema casero para transmitir sus activos y decidió probarlo desde el punto de vista de su persona de confianza. “Fracasó en el primer paso”, advierte Kiser.
WIRED.com. Adaptado por Mauricio Serfatty Godoy.