Es posible que te sientas confundido con mensajes contradictorios, pero la realidad es esta: la electromovilidad ya es algo inevitable, es un tren de mercancías en marcha y no se puede detener con manos desnudas.
La electromovilidad es como un tren de mercancías en marcha - Generada por IAJavier CostasPublicado: 01/03/2026 10:00
13 min. lectura
...¡Vuelve el diésel! ¡Ha salido un «motor híbrido» que hace temblar a Tesla! ¡Donald Trump elimina el Stop&Start y hará América Grande de Nuevo con más consumo de gasolina! ¡El hidrógeno que blablabla! Me apuesto un gamusino a que titulares similares han pasado por tus pupilas, ¿acierto?
De vez en cuando hay oleadas de distracciones que desvían nuestra mirada hacia delante. Son tiempos convulsos de neolengua, posverdad e incluso realidad alterada con inteligencia artificial. Estamos infoxicados y a veces es difícil separar la paja del grano, no da tiempo a profundizar ni entender todo. Ahora vamos a hacerlo.
Dicho esto, voy a decir algo que va a sonar impopular (para algunos), pero la progresiva implantación del coche eléctrico ya no tiene vuelta atrás. Ya no estamos en un momento en el que un par de empresas con intereses opuestos puedan comprar patentes y enterrar una innovación. Tienen la inercia de un tren de mercancías y ya está en movimiento. Es una transformación irreversible.
Allá por 1962, un tal Everett Rogers elaboró un modelo sociológico sobre el ritmo de implantación de nuevas tecnologías en cinco fases, usando la campana de Gauss, que podemos adaptar al vehículo eléctrico con aplastante precisión. La población más ávida de novedades y riesgos, los innovadores, ya movieron ficha hace años.
En un momento en el que los coches eléctricos eran carísimos, no había sitios para cargarlos, tenían poca autonomía y eran poco competitivos con los diésel o los pocos híbridos que había, algunos se atrevieron y llevaron la contraria a todo el mundo. Fueron los pioneros del Th!nk City, el Nissan Leaf, el Mitsubishi i MiEV, e incluso el Tesla Roadster si tenían un bolsillo más holgado. Fueron los primeros vendidos en grandes series y que podían quedarse en propiedad.
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Calcula tu precio onlineDespués llegaron los adoptantes tempranos, «líderes de opinión y visionarios», que vieron con buenos ojos productos más avanzados como el Tesla Model S, el primer coche eléctrico que quiso competir de tú a tú con «coches de verdad» y que no era un utilitario con pocas ambiciones. Fue un movimiento arriesgado y valiente, y necesario para el progreso técnico. Elon Musk se podía reír de BYD a carcajadas, aunque el BYD e6 estaba en el horno.
Los primeros usuarios contribuyeron a sembrar el terreno, permitiendo que hoy día haya una infraestructura de recarga cada vez más grande, partiendo de una demanda de cero clientes
Ahora nos encontramos en el tercer quintil de la campana, la mayoría previa o pragmáticos, donde gente corriente y moliente ve que esto le encaja y tiene una rica oferta de modelos para elegir, de marcas generalistas a las de lujo, hay infraestructura y la producción se cuenta por millones de unidades al año.
Una creciente mayoría ha comprobado las ventajas respecto a lo que ya conocía
Sí, estamos en un momento en el que hay gente que no usa ni entiende de coches eléctricos que le dice a los usuarios y dueños que se pierden los parabienes de la combustión interna: autonomía, repostajes en x minutos (de 0,5 a 5, según autor). A menudo, por no decir todos los días, ignoran que esos usuarios y dueños tienen años de experiencia usando coches de combustión, pero les tratan como a infantes que nada saben de la vida o víctimas de estafa.
Pocos segmentos quedan por cubrir en cuanto a eléctricos, sobre todo los más difíciles de entrar por haber más argumentos románticos que prácticos, aunque también son segmentos cada día más reducidos. Pero en lo relativo a compactos, berlinas y SUV de grandes volúmenes de venta, la oferta podríamos calificarla de más que suficiente en fabricantes de todo tipo.
Volkswagen Golf CityStromer, uno de los primeros experimentos del gigante alemán con motor eléctrico en su -por entonces- nueva plataforma de tracción delantera
El siguiente paso, de acuerdo a Rogers, es la mayoría tardía o el tiempo de los conservadores. Gente que es escéptica, con aversión al riesgo, pero que ven que la mayoría ya está surfeando la ola y tiene como mínimo curiosidad. Ya no lo aprecian como un experimento, y van comprendiendo que les puede encajar en su estilo de vida con pocas adaptaciones.
Sin la existencia de ayuda y subvenciones, se habría tardado más en llegar. De no haber existido Tesla ni sus innovaciones, se habrían perdido unos años, pero automovilísticas como Nissan, Chrysler (sí, has leído bien), e incluso Volkswagen le veían futuro a esto.
Esperaron a un momento dulce a nivel tecnológico que permitiese la adopción masiva, o a que otro asumiese los primeros riesgos
Antes de que los chinos se metiesen en el ajo, cuando se dedicaban al arroz y a la ganadería como una nación subdesarrollada, hubo décadas de prototipos y pruebas de viabilidad que se dieron contra un muro. Pero aparecieron las novedades que permitieron romper ese muro y llegar al ciudadano común y a su bolsillo. Los grandes fabricantes tienen muchas historias cogiendo polvo, como las del Nissan Altra EV, el Volkswagen Golf Citistromer, el Mitsubishi Lancer EVO MiEV o el Dodge [Circuit] EV.
Hace más de 20 años, Mitsubishi tuvo un prototipo eléctrico del Lancer con tracción total (cuatro motores), 272 CV de potencia, baterías de iones de litio y 250 km de autonomía, el Lancer EVO MiEV
Independientemente de las tecnologías que aparezcan en combustión interna, que de forma generosa se acercarán a un rendimiento térmico del 50% en la década de 2030, o de cuánto combustible renovable se pueda producir, no son más que parches. Puede que Lamborghini pueda vivir sin un modelo eléctrico, pero no puede hacerlo ningún gran fabricante que pretenda sobrevivir.
Los híbridos son el canto del cisne, tecnología de transición hacia lo mismo, los eléctricos. Salvando las distancias, son como los «vapeadores», no se perciben tan malos como los cigarrillos, pero también tienen sus cosas malas aunque les pongan sabores atractivos.
El motor de combustión está acabado y no únicamente por cuestiones políticas. Es una cuestión de economía, ecología y conveniencia
Hay tecnologías que nunca desaparecen del todo, como montar a caballo, los discos de vinilo, las cámaras fotográficas de carrete o escribir a pluma. Pero dejan de ser mayoritarias y su utilización cae a niveles muy bajos. Ni siquiera han desaparecido los barcos de vela, pero decididamente no son un medio de transporte habitual y su uso es básicamente recreativo.
Fabricantes japoneses como Nissan, Toyota o Mazda intentan alargar al máximo la tecnología de combustión interna, aunque saben que hay limitaciones irresolubles
¿En qué grupo te sitúas, querido lector?
¿Hay un horizonte más allá del coche eléctrico? Se me ocurren unos cuantos, aunque la tecnología no lo hace posible ahora. Un día las placas solares permitirán rodar únicamente con que sea de día, si aumenta mucho su eficiencia y si recurrimos a costosos materiales compuestos para adelgazar los coches de forma extrema. Mientras tanto, necesitaremos baterías.
No creo que se coloquen catenarias sobre las carreteras, ni siquiera para los vehículos pesados en los principales corredores -es algo que ya se ha probado-, y tampoco veo muy factible colocar cargadores de inducción bajo el asfalto a lo largo de miles de kilómetros. Antes de eso, vaticino que la densidad energética de las baterías mejorará de forma muy significativa, al menos hasta lograr autonomías y tiempos de recargas iguales o mejores que con combustión interna.
Y la eterna promesa del hidrógeno... salvo que salga una tecnología que abarate de forma extrema su producción, almacenamiento, transporte, repostaje... sigue siendo una tecnología de limitado impacto que convivirá con los eléctricos a batería pero nunca los va a reemplazar. Puñeteros límites de la termodinámica, pero así son las cosas. ¿Y el motor de agua? Sencillamente, es imposible.
Pioneros como el Lightyear One perfilan cómo puede ser el coche del futuro a medio plazo, forrado de placas solares para moverse sin necesidad de cables
En una maratón, llegar a la meta es un logro en sí mismo, y ya no digo nada si se hace en menos de 5 horas. Los corredores pueden ir a un ritmo más alto o más relajado, pero hay una cosa que nunca hacen, ir en sentido contrario. Con la electromovilidad pasará lo mismo, podrá ralentizarse, pero no pararse, y desde luego nada de revertirse.
Lo sé, hay mucho ruido y estaremos leyendo, escuchando y viendo durante años promesas sobre tecnologías disruptivas que «harán temblar a Tesla» (les noto preocupadísimos, oiga) y nunca pasarán de la fase de prototipo, fantasía o limitadísima adopción por la inviabilidad de llevarlo a escala masiva. Antes de eso, veremos a los coches volar o disfrutaremos del teletransporte al estilo de Star Trek.
Sin embargo, no descarto que, cuando nos azote la vejez, aún sea posible hacerse con unos litros de combustible sintético o biológico que permita mover a los clásicos que hayan sobrevivido, y sumergirnos en una nostalgia que los más jóvenes no entenderán para ir del punto A al punto B sin un imperativo necesario, simplemente por la experiencia y el recuerdo de una época pasada.
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