Instituciones y clubes analizan para SUR los incidentes que se producen entre equipos de menores que practican este deporte, con la implicación de aficionados, sobre todo padres
Regala esta noticia Añádenos en GoogleMálaga
23/05/2026 Actualizado a las 00:52h.Málaga cuenta con 44.000 licencias de fútbol, tiene casi 300 clubes y cada fin de semana se disputan más de mil partidos que movilizan a unas 80.000 personas por toda la provincia entre jugadores, técnicos, directivos y familiares. Se trata de un esfuerzo descomunal por parte de clubes modestos y personas con gran implicación en la formación de jóvenes futbolistas. El fútbol base local se ha convertido en una industria, pero también en un negocio en el que la tensión se ha disparado en los últimos años. Hace unas semanas la sociedad malagueña se sobresaltó por la violencia de varios incidentes entre jugadores y público en distintos partidos de formación. Saltaron las alarmas por la gravedad de los hechos y todos los agentes implicados se movilizaron para tratar de encontrar soluciones. Hay quien considera que la tensión, los insultos e incluso la violencia en el fútbol base se ha generalizado porque es un reflejo de la sociedad, que los niños y los espectadores son violentos porque es el ambiente que perciben y les rodea. El tendero amable, el juez riguroso, el abogado ejemplar, el empresario tenaz, el albañil aplicado o el camarero amable se transforman en ultras agresivos cada fin de semana cuando van a ver a sus hijos diez o doce años. ¿Cómo se ha llegado a eso? ¿Por qué se ha normalizado? ¿Por qué se permiten los insultos a los árbitros, en muchos casos menores de edad? ¿Por qué sale barato infringir las normas? ¿Por qué se vende alcohol en los campos cuando la ley lo prohíbe?
SUR se adentra en el fantástico y a la vez complejo mundo del fútbol base malagueño para responder a estas preguntas en un reportaje contado en primera persona por los que entrenan a nuestros niños, los que los dirigen, los que gestionan el fútbol provincial y también por los que se encargan de aplicar las normas y el reglamento.
Vídeo completo del reportaje sobre la violencia en el fútbol base. (Juan Calderón / Daniel Maldonado)Es curioso porque entre los distintos interlocutores que van a aparecer en este reportaje coinciden que esa tensión que hay en los campos de la provincia es un reflejo de una sociedad crispada. La gente va al fútbol a desinhibirse, como en el deporte profesional, con la diferencia de que en las categorías de formación hay mucho menos control y entonces las conductas extremas afloran sin límites. Los graves incidentes en varios partidos a finales de febrero generaron una ola de preocupación que llevó a la movilización de todos los actores implicados en el fútbol provincial. Se acordaron una serie de medidas, entre ellas la creación de una Comisión Antiviolencia que comenzará a actuar en breve. Sorprende la cantidad de filtros, campañas, procedimientos y protocolos vigentes para concienciar sobre la necesidad del respeto a las normas y a una serie de valores deportivos, pero la realidad del día a día los hacen saltar por los aires. El que tiene a un hijo en un equipo de formación sabe lo que se siente en determinados campos de Málaga.
Los datos del fútbol base malagueño
44.000
Licencias
El número de jugadores en Málaga se ha disparado desde la pandemia, cuando había 28.000 licencias, lo que da una idea del arraigo del fútbol base en la provincia.
1.100
Partidos
Los encuentros que se juegan en la provincia de Málaga cada fin de semana, lo que supone la movilización de casi 80.000 personas entre jugadores, entrenadores, familiares y árbitros.
La primera parada de este reportaje es obligada, en la sede en Málaga de la Federación Andaluza de fútbol, que es la que gestiona este deporte en la provincia. Su delegado, Pepe González Carmona no escurre el bulto y asume la realidad con naturalidad y es consciente de que queda mucho trabajo por hacer. «Es cierto que siempre que haya al menos un insulto o una agresión en cualquier campo, sabemos que tenemos un problema. Y estamos intentando erradicarlo con todas las medidas que están a nuestro alcance y con el conocimiento de que esto es un problema de toda la gente del fútbol provincial: jugadores, entrenadores, directivos y padres. El problema es que el fútbol, al estar muy metido en la sociedad, está en todos los estratos sociales. En todos... A partir de ahí, eso incide muy mucho en que, como decía antes, estamos normalizando actitudes que a lo mejor en otros deportes no se normalizan. Como por ejemplo el insulto en un campo de fútbol como puede ser La Rosaleda. En alguna ocasión un niño puede escuchar dirigirse a un árbitro cuando no se comparte su opinión y se le recrimina cómo ha alterado un partido, y se hace con insultos. Esos menores que están ahí presentes, en cierta medida, normalizan esto, el insulto, y lo ven como algo normal en el ámbito de un deporte. Entonces, claro, si tú ves eso con normalidad, lo vas a llevar, por supuesto, también al fútbol base. El fútbol base es muy amplio, llega a todos sitios. Tenemos 1.100 partidos cada fin de semana y entonces, claro, el nivel de incidencia va a estar siempre ahí...», explica González durante la entrevista en su despacho.
El control disciplinario en cualquier deporte corresponde a los Comités de Competición que se encargan de aplicar la normativa sancionadora. Se trata a veces de órganos un tanto opacos, casi abstractos que no tienen ni cara ni ojos, por eso el testimonio de Ignacio Mira Cagigas, presidente del Comité de Competición y Disciplina Deportiva de la Real Federación Andaluza de Fútbol en Málaga, es muy interesante por dos razones. La primera, porque pocas veces los responsables disciplinarios aparecen de forma pública y, segundo, porque incide en esa idea de que los campos de la provincia son espejos de la sociedad e introduce en valor comparativo entre la cantidad de partidos que se juegan y los hechos violentos que se sancionan. «A mí aquí hay una cosa que me gusta decir siempre. El fútbol no es violento y puede sorprender, pero el fútbol en sí no es violento, los números lo dicen. Eso no quita para que tengamos un problema y que haya actos de agresión, pero es que el problema lo vamos a tener siempre y cuando haya solamente una agresión, solamente haya un insulto en cualquier partido de fútbol. Tenemos 29.000 partidos. ¿Dónde está el problema? Tenemos una federación y la delegación provincial de Málaga que abarca casi 30.000 partidos, más de 40.000 licencias, yo creo que al final es el reflejo de la sociedad. Creo que las agresiones o los incidentes vienen en muchos casos de un problema de educación social. Nosotros al final no somos más que un reflejo de la sociedad. No toda la sociedad es violenta, que nosotros tenemos un 1,9% de situaciones que no son agresiones, que son incidentes y dentro de ese 1,9%, en aproximadamente el 0,50% estamos hablando de que son actos constitutivos de agresión, es un número muy reducido, pero sí que es verdad que creo que la gente tiene que venir educada desde casa», detalla Mira, cuyo comité recientemente impuso una sanción histórica de 51 partidos a varios jugadores de categoría cadete en uno de esos 150 encuentros que acaban con agresiones a lo largo de la temporada.
Pepe González Carmona, presidente de la Federación Malagueña, el presidente del Tiro Pichón, Juan Oñate, y el de la UD La Mosca, Andrés Martín.. (JUAN CALDERÓN)Introducido ese aspecto de que el fútbol refleja la tensión de la sociedad, conviene ir al principio de la cadena formativa, la que representan los entrenadores, que son los primeros encargados de enseñarles a nuestros hijos los valores deportivos y de conducta básicos en un deporte de equipo. Víctor Pardo es un ejemplo de los miles de entrenadores que restan tiempo a su vida familiar para entrenar a niños desde los cinco años. Tras pasar por el Tiro Pichón y el Málaga, ahora entrena en la UD La Mosca. Además, es el propietario de la Academia ProSoccer, una de las empresas de tecnificación que han aflorado en los últimos años precisamente por el auge de la práctica del fútbol en la provincia, en la que se ha registrado un aumento de 16.000 licencias desde la pandemia, lo que la coloca rozando a Sevilla. Su testimonio es interesante, porque por sus 'manos' pasan niños de todas las edades y estratos sociales. Pardo introduce precisamente la pérdida de perspectiva en la formación, como uno de los problemas que ha elevado la tensión en los campos de fútbol. «Ahora se ve todo desde la perspectiva de la competición. Evidentemente la competición forma parte del fútbol base, pero para mí no sería el enfoque prioritario. Entonces, sí que hemos visto que se compite muy bien en Málaga. Hay mucha tensión, mucha intensidad y salen buenos jugadores de calidad, pero quizás se debería de rebajar un poquito la tensión para que los chicos disfruten más, para que todo sea en un ambiente más sano para ellos, que estén a gusto y que no siempre compitan. Quizá de ahí viene esa tensión negativa que vemos algunos casos con los chicos».
Esa crispación que se genera en el proceso formativo lleva a niños y padres a tener unas altas expectativas. Lo sabe bien el presidente del Tiro Pichón, Juan Oñate. De su club han salido algunos de los futbolistas más destacados de Málaga en los últimos años y es una de las canteras de referencia en la provincia y fuera de ella. Oñate introduce la variante de los 'niños profesionales' como el error en la formación. «Estamos viviendo cosas que nunca se han vivido y que niños con ocho o nueve años tengan representantes, que estén entrenando en clubes de otras capitales. A los niños tienen que dejarlos disfrutar, tienen que fluir, tienen que formarse en su propio barrio o en otro más cercano, pero por supuesto no tener esa presión añadida que le meten a los chicos por tal de que piensen que van a ser profesionales a tan pronta edad. Tienen que dejarlos disfrutar y todo el mundo debe relajarse para que los niños disfruten, que es lo más bonito. Ver cómo crecen, cómo se forman, porque después el camino es muy largo. Y sí, es verdad que algunos piensan que los chicos van a ser profesionales tan jóvenes», reconoce.
Captación
«Estamos viviendo cosas que nunca se han vivido y que niños con ocho o nueve años tengan representantes, que estén entrenando en clubes de otras capitales»
Juan Oñate
Presidente del Tiro Pichón
La opinión de Oñate es generalizada. En la otra punta de la capital, en el particular campo de La Mosca, su presidente, Andrés Martín, coincide con él y lleva este reportaje hasta uno de los aspectos claves que ha elevado la tensión y añadido violencia a los terrenos de juego, como es el papel de los padres. «Es verdad que la gente está con la competición un poco perdiendo la cabeza. Nos creemos que nuestros niños van a ser todos Cristiano Ronaldo y eso creo yo que es el gran problema que tenemos los padres, que tenemos que tomarnos esto como un entrenamiento, un aprendizaje de valores y enseñanza, antes que una competición», explica Martín, que también detalla cómo es el proceso sancionador que se emplea en su club con padres problemáticos. «Por culpa del padre echamos al niño. Tuvimos un caso en el que hubo que echar al niño. De este modo, es el padre el que debe dar las explicaciones al niño, de por qué tiene que dejar de entrenar. No es por culpa del niño, sino por culpa del padre, a ver si el padre pone un poco de sentido común en lo que está haciendo».
Precisamente en esa espiral de exigencia hacia el niño, el entrenador y los árbitros es donde surgen las mayores tensiones. Los incidentes con implicaciones de padres están a la orden del día, y no tienen por qué ser agresiones físicas, sino verbales y de intimidación, que es en lo que muchas ocasiones aleja a muchas familias del fútbol y que los niños asimilan como algo habitual. En los campos de Málaga no hay vigilancia de ningún tipo, ni privada ni de las fuerzas del orden salvo que, en función de los protocolos se requiera la presencia policial ante la tensión que puede haber en un determinados partidos. Del mismo modo, la Federación también articula otras medidas de prevención como alertas a la subdelegación del Gobierno y el envío de un delegado federativo. Sin embargo, algunos de los incidentes más graves que se han producido esta temporada se dieron dentro de este contexto de 'alerta'. Las redes sociales, reconocen desde la Federación y los clubes, también se han convertido en vías casi incontenibles para generar ese ambiente de tensión en el fútbol base. Los cruces de amenazas entre jugadores están a la orden del día, especialmente en este final de la temporada en el que están en juego ascensos y descensos.
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