- CARLOS RODRÍGUEZ BRAUN
El modelo que enorgullece al ministro es inestable y se basa en recortes presentes y futuros. La recaudación le permite presumir de ayudarnos con una mano mientras nos ahoga con la otra.
Arcadi The Taxman, nuestro flamante ministro de Hacienda, acaba de grabar su primer vídeo de propaganda, encantado de haberse conocido, y de que el Gobierno reduzca el déficit "sin recortes sociales". El mismo día leí a Alejandra Olcese en El Mundo con este titular: "Hacienda dispara la recaudación a otro récord de 325.000 millones". Aquí, como en la película Sospechosos habituales, están pasando cosas raras.
Profundicemos en el texto publicitario de don Arcadi. Dice así: "España cumple. Y avanza. Cerramos 2025 con un déficit del 2,18%, el más bajo en 18 años, mejorando por sexto año consecutivo los objetivos con Europa. Más empleo, más crecimiento y más Estado del bienestar. Detrás, mucho trabajo y un gran equipo".
Dejando aparte la retórica colectivista que identifica la nación con el Estado y este con el Gobierno, el mensaje de The Taxman es diáfano en el saludo a la reducción del déficit. Liberadas de herencias keynesianas, las huestes progresistas parecen pedir saludos al pueblo soberano por haber reducido el desequilibrio de las cuentas públicas, cuyo supuesto papel dinamizador de la actividad económica ha sido olvidado; a todo eso lo llaman "cumplir", "avanzar" y "mejorar".
Con menos déficit, por tanto, todo va económicamente de cine, porque hay más crecimiento y más empleo. Pero también, atención, "más Estado del bienestar". Aquí está la trampa, señora. ¿Cómo puede ser que baje el déficit, aumente el Estado y no haya recortes? Hay dos posibilidades.
Una es que Warren Sánchez, el hombre que tiene todas las respuestas, hubiese puesto toda la carne liberal en el asador, abriendo los mercados y bajando considerablemente los impuestos, de modo tal que el salto en la actividad aumentara la recaudación sin subir la presión fiscal ni el déficit. No es lo que ha sucedido.
La otra posibilidad es que hayan crecido notablemente los ingresos, es decir, la realidad de la que informaba Alejandra Olcese, una realidad que ratifica incómodas conclusiones, empezando por la obvia existencia de esos mismos recortes que niega Arcadi The Taxman, pero que cualquier contribuyente percibe, pese a los esfuerzos del Gobierno en ocultar la potencia recaudatoria de su rechazo a deflactar la tarifa del IRPF.
Otra conclusión relevante es que el Gobierno no es fiscalmente disciplinado sino dispendioso, puesto que con una creciente recaudación aumenta el gasto por encima de los ingresos, con lo que mantiene el déficit y en consecuencia la deuda.
El modelo fiscal que tanto enorgullece a Arcadi The Taxman es inestable y se basa fundamentalmente en recortes presentes y futuros.
Subsiste de momento porque la mayor recaudación permite a Warren y su banda presumir de ayudarnos con una mano mientras procura ocultar que nos ahoga con la otra.
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