Ni la cuenta oficial de Podemos ni ninguno de sus principales dirigentes ha celebrado el acuerdo de unidad en Andalucía. Es un silencio atronador que señala el profundo malestar que se tiene con el resultado final de la negociación con IU y Sumar, que deja al partido morado con puestos residuales en la candidatura Por Andalucía y, por tanto, con mínimas posibilidades de transformarlos en un escaño en el Parlamento. «Hay mucha gente de Podemos que estos días está indignada», denunció ayer con rotundidad Pablo Iglesias.
La unidad a palos de 2023 entre Sumar y Podemos sentó las bases de la ruptura seis meses después. El partido morado tampoco celebró entonces el acuerdo y casi que renegó de él 12 horas después de firmarlo. Ahora no es que la unidad se haya enhebrado de forma más amigable, después de que Podemos decidiera animarse a entrar a última hora y 18 meses más tarde que los demás. Se ha sellado con el mismo entusiasmo con el que se va al dentista. Podemos se ha incorporado resignado y sin margen.
Ese malestar deja ahora muchas más preguntas que certezas sobre cuál va a ser el papel de Podemos durante la campaña electoral. ¿Se involucrarán sus líderes para pedir el voto? ¿Participarán en actos con los demás? Desde la firma, la implicación de Ione Belarra e Irene Montero ha sido nula para empujar a Maíllo y Por Andalucía, mientras que referentes de IU han salido en tromba a promocionar el acuerdo para tratar de dar ese impulso. Son dos actitudes opuestas. El tiempo dirá si esto será la tónica general hasta el 17-M o si sólo se trata de un duelo que luego acabará.
Mirar las redes sociales es como sumergir la cabeza en el barro. Hay simpatizantes de cada bando tirándose los trastos a la cabeza y demostrando que lo más difícil de la unidad no es firmarla, sino construirla para generar un espacio común. El ambiente es de lo más tóxico para quien osa opinar del acuerdo o de las palabras en las que Iglesias torpedea una incipiente unidad que se tambalea con las embestidas. Joan Coscubiela lamentó ayer que parecía que el ex líder morado estaba llamando a la «abstención» con sus críticas al pacto y a IU, como cuando hurga en que «la relación de amor del PSOE con Maíllo» será voto para Adelante Andalucía.
Entre dirigentes de segunda fila de Podemos o antiguos referentes se ha instalado la tesis de que el pacto es «humillante». Luego está quien, tras llamar «muertos de hambre» a los compañeros que pidieron unidad en agosto, carga las tintas contra IU. «Debería de avergonzaros, os hicimos crecer en diputados y ministerios. Se viene nueva debacle electoral en Andalucía. No aprendéis, qué vergüenza», disparó Pilar Lima, ex líder morada en Comunidad Valenciana. «Con gente que te odia y su objetivo principal es aniquilarte, es muy complicado, por no decir imposible [la unidad]», señaló el dirigente Pedro Honrubia.
Iglesias recriminó a IU el trato dispensado cuando Podemos le facilitó «ocho» diputados en 2016. Luego alentó el «tándem» de Montero y Rufián como quien avisa de que al partido aún le quedan cartas por jugar.
Entre tanto, Sumar dice tener los «brazo abiertos» a la entrada de Podemos. «No sobra a nadie y faltan muchas manos», dijo Ernest Urtasun.