La Corona española tiene un compromiso histórico con El Vaticano. Entre la larga lista de títulos que ostentan los monarcas españoles figura el de «reyes católicos» como una distinción importante y heredada desde el siglo XV. Un nombramiento que ha sobrevivido incluso a los cambios de dinastías en el trono español y que se materializa en la actualidad en una relación continua con El Vaticano y en el privilegio de blanco: el derecho de las reinas españolas a vestir de blanco en lugar de negro en las audiencias con el Santo Padre en El Vaticano. .
«La relación con la Iglesia Católica forma parte del prestigio de la Corona», reconoce María Jesús Fernández Cordero, profesora de Sagrada Escritura e Historia de la Iglesia de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia Comillas. La relación entre la monarquía española y el papado «viene desde los orígenes», explica. Durante el reinado de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, el papado «tiene un papel en política internacional muy importante que se mantuvo hasta el siglo XIX». Y a Fernando le interesaba ser nombrado Rey Católico. «Hay una gestión diplomática hasta que consiguen ese título por medio de una bula», continúa la profesora. «Ese título es un reconocimiento del papel de la Corona en defensa de la fe, en pro de la Iglesia católica. Lo determinan con la conquista de Granada, por ejemplo; con la expansión en América o la expulsión de los judíos...», enumera.
Estos hitos motivan que, en 1496, Alejandro VI les conceda el título de Reyes Católicos. Una bula papal que «tiene un fundamento no tanto en la fe como en la política», explica la profesora. Según constata, «aunque no quita que haya sinceridad en la de los monarcas, en la relación con el papado entonces el elemento político es muy importante». También matiza que «al Papa en ese momento le interesó tener el apoyo político y militar de Fernando II de Aragón y es un elemento que también hay que tener en cuenta».
La historiadora pone como ejemplo que «con los Reyes Católicos el Reino de Nápoles era vasallo de la Santa Sede», en un contexto en el que «los elementos políticos y religiosos están muy unidos». Un elemento que se convirtió en decisivo para que, en 1503, Nápoles comenzara a formar parte de la Corona española como virreinato.
Los Reyes Juan Carlos I y Sofía, en la Misa de comienzo de Pontificado de Benedicto XVI, en abril de 2005.EfeSegún la profesora, «estos títulos juegan un elemento de prestigio que pretende también legitimar y expandir el de la monarquía hispánica». Pero también de otras en Europa. La experta recuerda que «todos los monarcas cristianos buscaban tener este trato de favor con la Iglesia». Antes que los Reyes Católicos, explica, «el rey de Francia tenía el título de Rey Cristianísimo», en una época en la que «los soberanos tienen en cuenta» estos reconocimientos «mientras se mantiene la unidad de fe en Occidente». Más tarde, con la Reforma protestante, Europa atraviesa «un proceso muy complicado, con elementos religiosos y políticos, y de ahí también surge una Europa aconfesional».
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- Redacción: MARINA PINA Madrid
Seis siglos después de que Isabel y Fernando obtuvieran el título de Reyes Católicos para la Corona española, la monarquía sigue siendo consciente de la importancia de mantener ese vínculo con El Vaticano. Si los Reyes Juan Carlos I y Sofía mantenían los compromisos religiosos dentro de los institucionales, con el paso de los años y el reinado de Felipe VI, en esa «monarquía renovada» que prometió en su discurso de proclamación, se ha avanzado hacia otro modelo. Felipe VI y sus hijas, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía, son católicos practicantes, mientras que la Reina Letizia asiste desde el respeto a los actos religiosos. Los Reyes se casaron por la Iglesia y su descendencia ha participado de los sacramentos que les correspondían: bautizo, comunión y confesión. Además, asisten a misa los domingos en la capilla del Palacio de la Zarzuela. Pero es ahí precisamente, intramuros, donde se profesa la fe. Los Reyes decidieron hace cinco años terminar con su presencia en la Misa de Pascua de Palma, y cuando asisten a procesiones en Semana Santa lo hacen de manera privada, fuera de la agenda. Ello no es incompatible con su relación constante con El Vaticano.
La Reina Letizia saluda al Papa Francisco en una audiencia privada en el Vaticano, en junio de 2014.E.M.A lo largo de las últimas décadas, la Casa Real ha mantenido una relación constante y de especial cercanía institucional con la Santa Sede, reflejada en la presencia habitual de los Reyes y otros miembros de la Familia Real en los principales acontecimientos del pontificado y de la vida de la Iglesia. Los encuentros y viajes al Vaticano han estado marcados tanto por audiencias oficiales con distintos pontífices -desde Juan Pablo I y San Juan Pablo II hasta Benedicto XVI, Francisco y León XIV- como por la participación en ceremonias de gran relevancia, como inicios de pontificado, exequias, beatificaciones, canonizaciones y actos internacionales de carácter humanitario e institucional. Estos últimos, reflejo de la evolución del papel de los pontífices en la vida civil y de la modernización de la relación con la Corona, como muestra el encuentro de Doña Letizia con León XIV durante el Día Mundial de la Alimentación, el 6 de octubre de 2025. Esta continuidad evidencia el compromiso histórico de la Corona española con El Vaticano y su papel representativo en acontecimientos de dimensión internacional, religiosa y diplomática, manteniendo una presencia institucional estable. Desde 1978, los Reyes de España han tenido encuentros regulares con todos los papas que se resumen en 34 contactos: 26 encuentros y viajes relacionados con El Vaticano y ocho visitas de papas a España.
«El Papa como autoridad de la Iglesia no tiene ninguna postura definida con las formas de gobierno de los países», concluye la profesora. Sin embargo, reconoce que una monarquía constitucional, donde hay un título hereditario, «puede facilitar estabilidad» en la relación entre el representante máximo de la Iglesia y la Jefatura del Estado.