El estadounidense despide su residencia artística en Málaga con una selección de obras que conectan con la naturaleza y la idea de comunidad
Regala esta noticia Añádenos en Google Ryan Schneider, frente a la escultura monumental de tres metros que preside La Térmica. (Migue Fernández) 04/06/2026 Actualizado a las 17:15h.Fuera de aquí se suceden las actividades, hay mucho movimiento, mucho ruido. «Es como una colmena. La gente está constantemente haciendo cosas, es genial», explica ... Ryan Schneider con una sonrisa. Pero en la Sala 017 de La Térmica todo cambia. La temperatura baja, la luz se atenúa y se hace el silencio. Aquí solo hablan las esculturas, una veintena de piezas hechas de materiales nobles que cuentan una historia de respeto casi sagrado a la naturaleza y a la idea de comunidad. «Quiero que la gente entre y tenga un momento de tranquilidad para bajar el ritmo, conectar con la obra y dejar que les hable para tener un momento de meditación», explica el artista norteamericano.
El visitante se topa con el resultado de su estancia en la misma entrada del edificio, presidida ahora por una obra monumental de más de tres metros de altura. Reconoce que nunca antes había hecho una pieza de esas dimensiones. El punto de partida es un enorme tronco de sapeli, un gran árbol africano, en este caso del Congo, que pesaba 3.200 kilos. «En África se considera un árbol mágico y espiritual. Fue una experiencia increíble trabajar en él. No sabía cómo iba a quedar hasta que lo pusieron en posición vertical. Todo fue intuición y confiar en el proceso, sentía que el árbol me indicaba qué hacer», asegura.
Diferentes piezas de la exposición 'Murmuración'.. (Migue Fernández)La escultura final es imponente, con decenas de oquedades y aberturas en la madera creadas de forma instintiva con la motosierra. Su nombre da título a la exposición: 'Murmuración'. Y podrían parecer muchas y diferentes bocas murmurando a la vez, pero el significado para Ryan Schneider es otro. Esa palabra remite al fenómeno natural por el que miles de aves vuelan juntas al unísono, creando figuras fluidas y cambiantes en el cielo. El norteamericano, que reside en el desierto de Mojave, en California, confiesa que tenía el título incluso antes que la exposición.
Hace meses, él y su pareja se acercaron al muro fronterizo que divide EE UU y México, y vieron una bandada de pájaros cruzando de forma natural esa separación creada por el hombre. «Estábamos pensando en nuestro propio trabajo en el desierto, trabajando con inmigrantes y ayudando a la gente a comprender lo que está sucediendo en Estados Unidos», explica Dana Balicki, su pareja y colaboradora. Sintieron entonces la certeza de que somos más «cuando estamos unidos, somos más que la suma de las partes, juntos encontraremos ese camino y podemos llegar más lejos», resume.
Un espíritu de comunidad que encontraron después sin esperarlo en La Térmica, «una confianza y una generosidad envidiables con respecto a lo que se está viviendo en EE UU». Dicen que allí no hay nada parecido a este lugar donde, según la hora, hay baile de swing, se escuchan castañuelas o un grupo de señoras se asoma a la ventana para seguir con asombro el trabajo del artista. «La energía de la comunidad es realmente increíble. Sentí que eso formaba parte de lo que me inspiraba mientras creaba estas obras».
(Migue Fernández)Además de la enorme 'Murmuración', otras piezas desbordan la sala de la Térmica y crecen en el jardín o el patio interior. Dentro, con una iluminación muy cuidada, se exponen otras dos esculturas creadas en Málaga a golpe de motosierra. En este caso, Schneider decora la madera con pintura azul, toques dorados e incluso el negro del material carbonizado para darle otra dimensión. Les acompaña toda una constelación de obras realizadas en su taller del desierto californiano, en el sur de Francia y en Italia, con diferentes formatos (desde los 23 centímetros hasta los tres metros), materiales (madera, mármol, ónix, bronce, pinolita) y herramientas (desde la motosierra hasta el cincel para la piedra).
De la piedra y la madera surgen figuras, máscaras y formas libres que buscan ser interpretadas por el espectador. Como dice Gutiérrez Mármol es una exposición que no se explica, «se siente». Son obras modernistas pero con un indiscutible aire ancestral, dos influencias en las que se reconoce Ryan Schneider. Por un lado, se siente próximo a Picasso, Matisse, Picabia, Brancusi, Modigliani. Por otro, le atrae el arte antiguo, el africano, arte nativo americano o el mexicano. «Me encanta ir a un museo y ver las tallas de piedra y madera que los humanos hemos estado haciendo desde que pudimos sostener herramientas». Quiere que sus creaciones inviten al otro a la reflexión y a la calma, como hacen con él mismo. «Mi trabajo es una práctica espiritual para mí. Siento que canalizo una especie de energía terrenal cuando hago mis esculturas», concluye. Hasta el 13 de septiembre, en La Térmica.
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