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Política

Sánchez abandera la alianza de las "potencias medianas"

Sánchez abandera la alianza de las "potencias medianas"
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El Gobierno quiere jugar "un rol destacado" en el nuevo orden, desde la izquierda Leer

«Hubo una época en la que había manifestaciones en contra de las bases militares de EEUU en España. Salían del barrio madrileño de Canillejas hasta Torrejón de Ardoz, y se gritaba En primavera, bases fuera o yanquis fuera. Creíamos que había sido un error de juventud lo de OTAN no, bases fuera porque los estadounidenses defendían la democracia y se habían dejado la vida en las playas de Europa. Pero, tras votar a Trump, lo que hay que hacer es echarlos. Si no reanudamos las marchas a Torrejón, la nueva Catalina de Rusia se irá apoderando de Europa. Habría que repetir aquel referéndum de Felipe González, entre otras razones, porque nos van a arruinar con el dineral que exigen».

Este párrafo lo escribió el año pasado Raúl del Pozo en la contraportada de EL MUNDO que ayer dejó huérfana. Raúl, con toda su ironía a cuestas, anticipaba la desvertebración de una OTAN que sólo puede tener un sentido: ser un escudo disuasorio tan grande como para no tenerse que utilizar jamás. El problema es que ha sido EEUU, el último que nos imaginaríamos, el que le ha abierto un butrón gigante a la Alianza Atlántica.

De aquel referéndum se cumplen ahora justo 40 años. Lo que ha cambiado el cuento del 12 de marzo de 1986 al 11 de marzo de 2026 no lo podían prever ni siquiera los más fatuos de la tropa antiotanista. Ahora la OTAN es papel mojado, una entelequia. ¿Recuperable? El Gobierno español cree que sí: «Es recuperable. Ya hemos visto otras veces que cuando cambia un Gobierno en EEUU, todo puede girar 180 grados», explican fuentes gubernamentales.

Es decir: el futuro de la Alianza depende de que el universo Maga no gane las próximas elecciones estadounidenses, para las que quedan más de dos años y medio. Mientras tanto, y en plena guerra de Irán, el equipo de Pedro Sánchez planea cómo «influir» en la política internacional para que el «orden internacional» -y sus reglas, sus consensos multilaterales y su Estado de derecho- vuelva a su cauce de legalidad. O sea, para que el Charco deje de ser una piscina de tiburones.

El plan del Ejecutivo español pasa, según ha sabido EL MUNDO, por propiciar una presión común de las «potencias medianas», y que esa presión dificulte que otros países como Francia o Reino Unido, tengan más difícil contemporizar con la tendencia depredadora de EEUU.

«El relato de que la OTAN y el orden internacional se forjaron gracias a Estados Unidos, Francia e Inglaterra es falso. Lo determinante fue la importancia capital de las potencias medianas y pequeñas, que apuntalaron la OTAN. Somos 32 países», explican las mismas fuentes.

«España tiene que jugar un papel en el nuevo orden mundial, porque es potencia mediana y tiene un rol destacado en el espectro progresista. La influencia no la determinan sólo el peso armamentístico y la población, sino la razón y la determinación del liderazgo. Las potencias medianas deben unirse para frenar esta deriva».

Se consideran «grandes potencias» los países con escaños permanentes en el Consejo de Seguridad de la ONU: China, Francia, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos. Y las medianas son Canadá, Australia, Argentina, Corea del Sur, Italia, España y Brasil, entre otras.

En ese sentido, Moncloa apunta también a Dinamarca -con más motivo, ante el intento de usurpación de Groenlandia con el que ha amagado Trump- o a Noruega, pero, sobre todo, a Canadá. Son países que «tienen que jugar también su papel» en un clima incierto, inciden en el Gobierno. «Los que aplaudieron a Mark Carney es increíble que critiquen a Sánchez por ejercer el mismo liderazgo independiente».

En efecto, el primer ministro de Canadá pronunció a finales de enero en Davos un discurso que impactó por su contundencia en el diagnóstico. «Las potencias medianas deben actuar conjuntamente porque si no estamos en la mesa de negociación, seremos el plato principal», dijo. La ley del más fuerte.

En lo que no están de acuerdo Sánchez y Carney es en que «el viejo orden no volverá», como dijo el canadiense. Y como ha insinuado Ursula von der Leyen, cosechando las críticas del PSOE y las alabanzas del PP por su pragmatismo. «Es triste ver que en la oposición hay alguien que quiere devolver a España a la mediocridad del seguidismo. El PP no sabe de relaciones internacionales, se ha rodeado de los palmeros de Aznar y así le va», dicen las fuentes gubernamentales.

Así que para Moncloa es OTAN sí, más que nunca: «El Gobierno está muy cómodo con la estrategia 360 de la OTAN y con la hoja de ruta que de aprobó en Madrid. Que Trump y Rutte ayuden y ejecute los planes aprobados y se cumplan las reglas, eso es lo que necesitamos. La OTAN es una alianza defensiva, no ofensiva, que se basa en el orden internacional. Punto».

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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